Ay Dios, es un Nerd 31.
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31.

De vuelta en casa abrí la maleta un instante y puse dentro alguna ropa que antes no había pensado. No sé muy bien cómo presentarme en esta situación, pero al menos me gustaría ir bonita. ¿Maquillaje? Demasiadas incógnitas.

—Miau.

Uf. El gato. Me había olvidado completamente de él. ¿Estará bien él solo durante este fin de semana? Ya no tenía tiempo de avisar a alguien para dejarle comida. Va a tener que aguantar con lo que le deje hoy en el plato. Le acaricié el lomo con un poco de pena.

—Esta es toda la atención que vas a recibir el fin de semana. El domingo nos vemos.

Recibí un mensaje de Brad:

Estoy listo. ¿Bajas? Santi está llegando.

Suspiré un instante. Allá voy.

Bajé la maleta hasta el tercero y toqué el timbre de Brad. Cuando abrió la puerta sentí ganas de darle un beso. Lo hubiera hecho de no ser porque él bajó la vista hacia mi mano.

—¿Está todo bien? —pregunté.

—¿Te trajiste una maleta?

—Claro, está bien, ¿no? No es muy grande. ¿Qué llevas tú?

—Una mochila —dijo él girándose para enseñarme la que llevaba a la espalda.

Hice una mueca mentalmente. Era exactamente la misma mochila que normalmente lleva a sus clases.

—¿Al menos sacaste las notas y los bolígrafos, verdad? —pregunté divertida.

—¿Qué? Ah… —tocó los bolsillos—. No, pero… déjalo, da igual. Ya llevo las demás cosas dentro.

—Bueno, ¿bajamos?

Abajo en la calle, Santi estaba esperándonos en su coche delante de nuestro edificio:

—¿Ya estáis aquí? Salimos ya entonces. Os informo: son dos horas de coche y vamos a tener tráfico al salir.

—Ya lo sé. En cuanto salgamos de la ciudad se arregla —dijo Brad.

—¡Hola, Brenda! —saludó Santi mirándome con sus ojos hinchados—. Podéis poner las cosas detrás. ¿Eso es una maleta? Empujad los trastos hacia el fondo.

—¡Hola! Gracias. Me siento aquí detrás.

—¿Y Pearl? —preguntó Brad sentándose delante.

—Va a ir con Crystal y su novio. Dice que le pilla mejor —dijo Santi.

Di un suspiro largo de alivio que ellos no oyeron.

Pensé que durante el viaje ellos dos estarían hablando de las clases y sus cosas, pero en realidad parecía que Santi tenía interés en conocerme:

—Entonces, Brenda, ¿te gusta el cine surcoreano? —me preguntó cuando salimos del atasco.

—Eehm. Lo cierto es que no sé nada sobre él —reconocí.

—¡Brad! ¡Vaya idea la de traerla a mi ciclo de películas entonces…! —gritó Santi medio en broma, medio en serio, después se volvió hacia mí—. Te pido disculpas si fue aburrido.

—Brenda dice que le gustó, así que no tienes que disculparte —saltó Brad.

—Bueno, fue interesante. ¿Habéis hecho más? —pregunté.

—No. La universidad me cerró el chiringuito. Me están pidiendo los copyrights para poder proyectar. Pude escaparme para la primera porque en realidad no le hice promoción como evento público. De manera oficial, éramos solo unos amigos viendo una película.

—¿Y a ellos qué les importa, si no vas a hacer dinero? —se quejó Brad.

—¡Nosotros no estamos aquí para hacer dinero, Brad! Si quisiera hacer dinero me hubiera metido a contable en finanzas.

Me pareció recordar que sí había visto un panfleto del ciclo de películas en alguna parte, pero no hice más preguntas. Santi cambió de tema:

—Entonces, Brenda, ¿a qué te dedicas? Brad me ha contado algo —preguntó. Desde el asiento de atrás vi cómo las orejas de Brad se ponían coloradas.

—Trabajo en Sales. Soy representante de una empresa del Fortune 500 .

Santi silbó.

—¡Brad, buen partido!

—¡Santi…! —apeló Brad.

—Está bien, soy bueno… —dijo en un tono condescendiente pero cómico al mismo tiempo—. Pero no creas que las chicas van a ser más buenas que yo.

—Para que sepas que ellas te van a preguntar por tu ruptura —dijo Brad cruzándose de brazos y mirando a la ventana.

—¿Oh, acabas de romper con alguien? —pregunté yo.

—Sí —su gesto se volvió un poco más rígido, pero no mucho—. Un chico al que estaba viendo. Tuvimos un desacuerdo sobre una relación abierta.

—Lo siento. Realmente, si tú querías estar solo con él y él quería abrirse a otras personas, tiene que ser difícil.

—No —respondió Santi un poco seco—. Fue él. No quiere que yo me abra a otras personas.

—Oh.

—Tienes que coger la siguiente salida, Santi —indicó Brad.

¿Quién soy yo para asumir las cosas de los demás? Me hice una nota mental para no tener muchos prejuicios. Al fin y al cabo estaba fuera de mi ambiente y solo eso ya se sentía refrescante, conforme me alejaba de la ciudad y éramos engullidos por el campo.