30.
Viernes por la tarde en la oficina. El plan era el siguiente: justo al salir del trabajo tenía que volver a casa, donde ya tenía mi maleta preparada desde ayer. Después Brad y yo bajaríamos para esperar a uno de sus amigos, que nos recogería en coche para ir a la casa.
Era agradable la atmósfera del fin de semana. Yo misma me sentía positiva y con ganas de disfrutar de lo que venía por delante. Con este humor, me encontraba aún delante del ordenador a las tres de la tarde, terminando unas cosas.
Recibí un mensaje de Jones:
Brenda, HR va a enviar un mensaje esta tarde. Añadió un emoticono de sonrisa.
¿Qué es? , pregunté yo con un presentimiento palpable.
Déjame que me pase por ahí y te lo cuento en persona.
Solté el portátil y me impulsé con la silla de ruedas hacia atrás. Ya no iba a hacer gran cosa en lo que quedaba de día. Miré hacia el río que se iluminaba con colores dorados esa tarde. El Valle del Hudson. Ahí vamos.
—¡Brenda! Oye, tengo que darte una buena noticia —la sonrisa de Jones iba de oreja a oreja.
—Ok…
—De verdad, no sé lo que le dijiste a McCarthy, pero han acelerado todo el proceso de contratación. Normalmente recursos humanos tarda un montón, pero se ve que tienen necesidad de este candidato y están llevando a cabo un proceso excepcional.
—¿Estás hablando de Brad? Puede ser también porque él es muy bueno.
—¡Exacto! No lo quieren dejar escapar. Hay que atraparlo rápido mientras está disponible. No queremos que se vaya con un competidor.
—Eso quiere decir que…
—¡Sí! Van a contratar a Brad.
En mi trabajo hay veces en las que debo presentar la mejor versión de mí misma.
Yo lo llamo sonrisa profesional . Con los años he ido refinando esto y me sale natural.
Sin enseñar demasiado los dientes, cuidando cómo se enmarcan los ojos.
Postura corporal abierta. Realmente, un enfoque neutro pero amigable a una situación.
Lo uso con clientes que me dan una mala noticia, con Samantha y cuando las cosas dan un giro inesperado.
La usé ahora con Jones.
—¡Oh! ¡Qué gran noticia! ¿Entonces ya es oficial?
—Sí. Una compañera está redactando el email ahora que se va a enviar para anunciarlo. ¿Cómo te sientes? —me preguntó.
—Bueno, es una gran noticia. Ver su capacidad recompensada así, de esta manera… —improvisé yo.
—Eso está claro. Pero me refiero en lo personal. Tener a tu pareja en el trabajo es algo fenomenal.
—¡Claro! ¡Qué suerte! —dije haciendo de nuevo el papel que me tocaba hacer—. Sé que hay empresas que no lo permiten…
—Ahora bien, déjame que te diga algo —miró a los lados para asegurarse de que nadie estaba cerca para oír—: la gente ha estado hablando de ti.
—¿De mí? ¿A qué te refieres? —Sentí una pequeña punzada de ansiedad que no se reflejó en mi cara.
Él volvió a cerciorarse y dijo:
—Hasta McCarthy se enteró de tu éxito de la otra semana. ¡Eres más que famosa! Esto es bueno para ti.
—Pero, Jones, yo no voy hablando de esto por ahí, no creo que…
Jones chistó con el dedo en la mano. Alguien venía por el pasillo.
—No digas nada —dijo finalmente—. Deja que las cosas sigan su evolución natural. Lo que sigue a partir de ahora es fruto de tus logros. —Sonrió—. Ahora me tengo que ir. ¡Disfruta del fin de semana!
—¡Tú también! —respondí yo muy confundida.
Naturalmente me quedé con la cabeza totalmente revuelta después de esta conversación.
Sé que Jones no hace las cosas con mala intención y, hasta donde puede, está incluso ayudando.
No obstante, veo desencadenarse una serie de cosas que no sé dónde van a parar.
Y hasta cierto punto me da igual, y lo pienso con toda sinceridad.
Porque es viernes y voy a salir de viaje con Brad, y eso me importa mucho más que quién habla de quién en esta intriga de la oficina.