Ay Dios, es un Nerd 24.
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24.

Tuve ganas de llorar al día siguiente. No puedo explicarlo. Los últimos acontecimientos se están amontonando. Estoy buscando la manera de procesarlo, pero no consigo. Esta mañana le respondí mal a Tim después del meeting . Mi cabeza está en otra parte.Todo mi cuerpo está en otra parte.

Tras el almuerzo me encontraba de un humor bastante bajo. Me senté en mi despacho a terminar lo que me quedaba por hacer.

Poco después llegó un mensaje enviado no solo a todos los departamentos involucrados con la venta del cliente en San Francisco, sino global. El autor era el CEO de la empresa. Tras hablar de la situación general, había escrito lo siguiente:

…en efecto, en este contexto tenemos que mantenernos ágiles y flexibles.

Con todo, tenemos muchos puntos para celebrar nuestro éxito este año.

Antes de pasar a detallar nuestro crecimiento en cifras, me gustaría mencionar como un gran ejemplo de nuestra política proactiva la oportunidad ganada por la Business Representative Brenda Higgins, que nos sitúa en una posición incomparable en el mercado…

Comencé a recibir mensajes de compañeros:

Wow, ¿el CEO te ha mencionado en su mensaje?

¡Felicidades, bien hecho!

Sabía que algo bueno vendría. Esto es muy bueno para ti, Brenda , me escribió Tim.

¿Y? Estoy contenta, por supuesto, pero también muy saturada. Y mi cabeza no deja de dar vueltas a otras cosas. Qué poco profesional, pensé. Aquí están todos felicitándome por mi habilidad en los negocios cuando yo estoy aquí preocupada por lo que había pasado ayer con Brad.

Abrí el móvil instintivamente. Con sorpresa vi que había recibido un mensaje de Krisi:

Hola, Brenda. No sé por qué, pero sentí que iba a hablar contigo hoy. ¿Te apetece que te llame esta tarde?

De verdad que no sé qué haría sin esas personas chapadas a la antigua a las que les gusta llamar por teléfono en vez de chatear por mensaje.

¡Claro que sí!

Me empujé para seguir adelante durante el resto del día en la oficina. Ya en casa, me senté en el sofá con un cuenco de galletitas y un té. Krisi no tardó en llamar:

—No sabes lo que me ha pasado —me empezó a contar—.

El otro día soñé contigo. Estaba haciendo cerámica en mi propio estudio.

Es una idea que ya había tenido antes, para hacer mi propia producción, cursos para la gente…

El caso es que estaba yo ahí moldeando el barro cuando de repente veo que hay tres figuras pequeñas en la mesita a mi lado.

Estaban pintadas a mano, hechas de arcilla, y cada una de ellas es diferente.

La primera es un gato grande, una especie de puma o más bien un jaguar.

Cuando la vi supe que esta era para mi hermana, que está abriendo un negocio.

La segunda era un árbol cuyos frutos eran peces.

Este es para un amigo que vive en Francia y que finalmente va a ser padre…

La historia era rebuscada. A esas horas de la tarde me estaba perdiendo en los detalles. Di un sorbo a mi té y presté atención.

—…la tercera figura es una serpiente enroscada, mordiéndose la cola. Esta es para ti.

—¿Qué quieres decir con que es para mí?

—¡No sé lo que significa! —se excusó—. Pero sea cual sea su significado, es para ti.

—¿No pudiste averiguar algo más en el sueño?

—Poca cosa. Las figuras habían sido hechas por alguien hace mucho tiempo. Yo solo las podía cuidar hasta que su verdadero dueño las reclamase.

Qué imaginación. De verdad que Krisi debería perseguir esa carrera de artista.

—¿Qué te dice esto que te acabo de contar? —me preguntó.

—Nada. De verdad que no puedo visualizar la serpiente en mi cabeza. Es un ser de fantasía.

—En ese caso debe ser simbólico o mitológico —la voz de Krisi sonaba misteriosa—. Yo no sé qué representa. Pero quizás puedas contactar con alguien que te pueda decir.

—Brad —dije sin dudar un momento—. Le voy a preguntar. Él sabe de mitología y esas cosas.

Le conté un poco de él, de los últimos días y de cómo fueron estas últimas veces en las que nos habíamos visto. Krisi guardó silencio mientras yo me liberaba hablando.

—¡Brenda, bebe agua! —dijo Krisi al fin—. No hay razón para estar preocupada. Estas cosas son así. Además, déjame que te lo diga si no te lo ha dicho nadie todavía: tú no eres particularmente fácil.

—¿Qué quieres decir?

—Mejor que aceptes ese hecho. Te ayudará a tener más paciencia contigo misma. Y con él.

Nos despedimos, pensando en vernos pronto algún día. Más tarde en primavera habría otros mercadillos en los que podría echarle una mano.

Cuando colgué me sentí bien, aunque un poco mareada. De alguna manera la llamada de teléfono con una amiga me había despertado un sentido de responsabilidad. Además, sabía bien no tener que chatear.

Tengo que verlo. Me pregunto si él seguirá enfadado conmigo. Esta era la primera vez que estaba procesando este hecho. Tengo que hacer algo al respecto.

No tenía mucho en casa y era un poco tarde ya para salir a comprar algo. Pensé en llevarle una infusión después de la cena. ¿Sonaría un poco raro? Al menos a mí sí. Pero quizás él tiene más tolerancia para cosas que se salen de lo normal.

¿Y si él pudiera aceptar las cosas que yo rechazo de mí misma? Qué idea tan rara. Debe haber sido la conversación con Krisi.

Me armé de valor para llevar a cabo mi plan después de la cena. Sin mandar un mensaje ni nada, me planté en su puerta con una bandeja de infusiones a las diez de la noche.

Podía oírse una música leve que salía por debajo de la puerta. Hice un puño con mi mano y golpeé suavemente con los nudillos. La música paró de repente. Brad miró por la mirilla y, tras una breve pausa, abrió la puerta.

—¡Hola! Te pido disculpas por lo de antes. ¿Te apetece una infusión calentita?

Brad miró las tazas humeantes con las bolsitas.

—¿Esas son de las que dan sueño?

—Un poquito, sí. Es manzanilla.

—Ok. Pasa.

En la salita había un sofá con una televisión, una mesita y, por supuesto, montones de libros alrededor. Era un poco caótico.

—Puedes dejar la música que estabas escuchando —le dije.

—Está bien. No te preocupes —dijo él secamente.

Me senté y él se sentó a mi lado. Podía sentir su calor no muy lejos de mí. Tomé aire antes de hablar:

—En fin, me quiero disculpar por lo que te dije el otro día. Soy un poco complicada.

Brad no respondió inmediatamente. Percibí cómo la tensión se aflojaba de algún modo.

—Está bien —dijo en voz baja.

—¿Quieres un poco de infusión? Bebe —le dije. Nos quedamos en silencio unos segundos.

—No es fácil encontrar gente que diga lo siento hoy en día —dijo Brad.

—Lo sé. Vivimos en Nueva York —di un sorbo a mi infusión.

—Tampoco esperaba que alguien como tú fuera a pedir disculpas —dijo Brad con franqueza.

—¿Qué quieres decir?

—Tú me pareces la encarnación de esos valores: audacia, determinación, arrojo… Entiendo que tener la piel dura y saber atacar son virtudes en el mundo donde tú te mueves.

—¿Es esa la imagen que doy? Soy una persona como otra cualquiera —dije yo—. Tengo mis debilidades.

—Las escondes muy bien entonces —dijo Brad con certera precisión.

—Forma parte de lo que ha llegado a ser mi forma de ser —me quedé reflexiva por un momento—. ¿Crees que sería diferente en otra parte?

—¿El qué sería diferente?

—No solo la manera de ser de las personas, todo. A veces pienso en eso. Nos asimilamos al contexto de esta ciudad como un camaleón.

—¿Crees que puedes cambiar en otro sitio? Para mí sería muy difícil.

—Estoy un poco nostálgica, eso es todo. Me paso los días adaptándome a todo.

Brad se quedó mirándome. La luz que venía de la lámpara de la mesita era tenue pero dejaba ver las expresiones de su cara.

—¿Piensas en ir a casa? —dijo Brad, tras una breve pausa, con voz suave mientras yo parpadeaba.

—Sí y no. Soy del Medio Oeste, pero viví la mayor parte de mi vida adulta aquí.

—Yo siempre estuve aquí y mi sueño era quedarme aquí, en la universidad. Ya sabes.

Sueño . Me acordé de la conversación con Krisi. Brad ya se iba a lanzar a otro tema, pero tenía que preguntarle antes.

—Oye —dije mirando a mi taza—, ¿tú sabes algo de sueños?

—¿Qué quieres decir? ¿A qué te refieres, a un objetivo vital, al Sueño Americano?

—No, a los sueños que tenemos al dormir.

Brad bostezó. La manzanilla estaba haciendo efecto.

—¡No te duermas! —lo cogí del brazo y lo agité un poco. Brad dio un respingo—. Me refiero al simbolismo del lenguaje de los sueños. Tú sabes mucho de interpretaciones de mitologías de ese tipo. ¿Alguna vez has oído hablar de una serpiente que se muerde la cola?

—Sí. ¿Y qué tienes que ver tú con ella? —dijo él arqueando una ceja, con un tono un tanto irónico.

—¡Venga ya! ¿Qué significa?

Brad se puso las manos en la cara con pereza, tapando otro bostezo.

—¿De verdad quieres que te cuente? Te vas a dormir.

—¡Vamos! —le apremié.

—Es un signo llamado Ouroboros, normalmente usado en la tradición alquímica antigua y medieval —dijo arrastrando las palabras con tono de profesor.

—No he entendido nada.

—Está bien, tampoco hay que entenderlo porque pertenece a un misticismo esotérico. Es un símbolo de muerte y transformación, de un ciclo que se repite…

Ciclo que se repite … Las palabras hicieron eco en mí, rebotando en mis recuerdos en busca de un significado. De alguna manera sentía una conexión con ese motivo. Me quedé ensimismada en la reflexión.

No sé qué hora se nos había hecho. No es de extrañar que al final terminara durmiéndome en el sofá de Brad.

Cuando desperté estaba tapada con una mantita y eran las cinco de la mañana.

Quedaban un par de horas para la alarma de mi despertador todavía.

Ya había algo de luz en la calle. Me levanté sigilosamente. Brad dormía en su habitación.

Me sentí tentada de asomarme para verlo en ese momento tan íntimo, pero por la puerta entornada de su habitación a oscuras no se veía nada; solo se oía un ligero resoplar. Le dejé una nota:

Gracias por la mantita. ¿Con qué soñaste?

Subí a mi casa arrastrándome por la escalera. Me puse el pijama rápidamente, solo para una siesta corta en la cama antes de la alarma.