Ay Dios, es un Nerd 23.
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23.

No había hablado con Brad desde que lo vi la última vez, después de la cena con el poké bowl .

Pensé que estábamos comenzando algo, quizás.

Estaba esperando una fluidez en la comunicación con él, pero de momento no estaba dando señales de vida.

Y yo además quería que él me enviase un mensaje primero.

Yo ya había dado el paso de hacerle una cena y besarle.

Llegué a mi edificio después del trabajo. En el portal me crucé con Pearl.

—¡Oh, hola, Brenda! —me saludó, vivaz como siempre.

—¡Pearl! Nos vemos mucho últimamente.

—Sí, vengo de ver a Brad.

Ya no puedo controlar mis pensamientos como antes.

No sé si le ha contado algo a ella de nuestra cita, o si ella es su novia, o qué diantres hace ella aquí.

Sea como fuere, esta vez sentí celos. No es una sensación agradable.

Creo que mi expresión traicionó mis palabras. Pero en cualquier caso le dije:

—Ah, vaya, yo voy a verlo también. El sábado por la noche cenamos juntos.

Después me despedí de ella abruptamente. Subí las escaleras en vez de usar el ascensor. Estaba enfadada. Estaba ya resoplando por el tercer piso cuando en ese preciso instante Brad salió de su casa.

—Brenda…!

—Hola…

Nos quedamos en silencio, sin saber lo que decir.

Allí estábamos, desarmados, sin guion alguno.

Sin decir nada, él tiró de mi mano suavemente y me metió en su casa.

Ya dentro, nos besamos, no sé por cuánto tiempo.

Abrí los ojos y vi a un hombre maravilloso.

En ese momento tan romántico, se me ocurrió decir:

—¿Qué estaba haciendo Pearl aquí?

Brad se apartó de mí ligeramente.

—Ah, ella… vino a ver cómo estaba después de unas clases.

—Entiendo —dije yo sin entender.

Me di cuenta de que estaba por primera vez en su casa. Había cajas de la mudanza aún sin deshacer. Muchos papeles. Y libros.

—Bienvenida —dijo Brad, notando que me fijaba en los detalles.

Sonreí y le dije:

—Te pega bastante. Aunque no le vendría mal un poco de orden.

Brad estornudó. Lo miré. Tenía el tipo de complexión física que me apetecería abrazar.

—¿Te resfriaste? —pregunté—. Debe haber sido durante el paseo en el parque.

—No. Quiero decir, no lo sé. Puede ser eso o el polvo.

—¿Quizá fui yo la que te pegué algo? —dije de manera juguetona, acordándome del beso.

—Si ese fuera el caso, ya es tarde entonces —dijo él siguiéndome la broma—. Además, ahora vas a tener que cuidar de mí.

—¡Lo digo en serio! Créete que en la oficina pilla uno de todo por ese aire acondicionado. Rodeada de compañeros estornudando. En fin… —noté como mi humor se venía abajo ligeramente.

Brad notó algo y me preguntó:

—¿Te fue bien el día?

Es curioso cómo esta pregunta lo cambia todo. No, no fue muy bueno. Pero me sentía de repente acogida.

—Sí. Gracias.

Él hizo una pausa, como pensando en lo que iba a decir ahora. De repente me pareció un poco nervioso. Después me hizo la siguiente pregunta:

—¿Crees que… estaría bien si empezáramos a vernos más?

—¿Más? ¿Como qué? Nos vemos mucho últimamente.

—Ya sabes.

No, no lo sé. Y aunque lo supiera, ¡quiero que hables claro!

—Brad, tú me dijiste que ibas a pensar —dije yo.

—Sí, y he pensado que estoy pensando —dijo él poniéndose a la defensiva.

—Me suena a poco definitorio, sobre todo viniendo de ti, que te gusta usar las palabras exactas —dije. Quería usar un tono de broma, pero noté que él se puso tenso.

—Podría. Pero no me gustaría que me tomases por sarcástico.

—¿Y eso qué quiere decir ahora?

Brad estaba empezando a cerrarse. Afuera en la calle casi apenas entraba luz y, en medio de nuestra conversación, nos olvidamos de encender las luces, quedándonos prácticamente a oscuras.

—Brenda, creo que vas a tener que dejarme solo. Tengo trabajo que hacer esta noche.

—¡Ok! Bueno, pues ya nos veremos. Que descanses.

—Gracias. Adiós —dijo cerrando la puerta.

¡Le dije que descansase en serio! Pero no sé qué pasó, todo empezó a sonar mal, sin importar el tono en que lo dijera.

Llegué a casa y me tumbé en el sofá. Wink vino a saludar. Le acaricié el lomo y me llevé una bola de pelo. Debe estar comenzando a mudar el pelaje.

Suspiré. Sí, él es raro. Pero somos muy diferentes, demasiado diferentes probablemente. El día de hoy me había cansado mucho.

Antes de ir a dormir me miré en el espejo. Miré bien a esa conocida que soy yo misma. Me pregunto cuántas cosas no sé de ella. Quizás yo también tenía que pensar que estoy pensando.