22.
Hay meses en los que no pasa nada y luego meses en los que pasa de todo.
En eso pensé yo el resto del fin de semana.
Me dediqué a descansar el día entero, a cuidar de mi casa y de mí misma.
También a intentar recuperar el amor de mi gato, pero no hubo manera.
Wink estaba huraño tras estos días que estuve fuera.
Me acordé de la visita al museo que hice hace semanas.
De algún modo despertó mi vena crítica, y algo más.
Siento que hay una parte de mí de la que no estoy hablando a las personas.
Me pregunto si a Brad le gustaría hablar sobre este tipo de cosas.
Necesito que alguien me escuche hablar sobre cómo estoy.
Ser superficial es la manera de ser general de la gente en Manhattan.
Me refiero a que es difícil encontrar un oído amable y mucho más una conexión auténtica.
A veces me pregunto si el sueño de vivir aquí, cueste lo que cueste y sin pensar en ninguna otra razón, hace desconectar a las personas de lo que de verdad quieren.
Es como si estuvieran creando una simulación de una vida.
El lunes por la mañana tuve un meeting a primera hora con Samantha.
Es un meeting mensual que tenemos para ponernos al día de las ventas del mes, aclarar puntos y alinearnos con la estrategia de la empresa.
Normalmente Tim viene, pero le habían puesto otra reunión antes, por lo que se iba a retrasar, así que nos encontramos las dos solas en la habitación de la reunión.
Era la Green Room. Esta era una de las salas que más me gustaban.
Era pequeña y cuadrada, con espacio para una mesa redonda solo y seis sillas máximo.
Desde la ventana hasta el suelo se veían los rascacielos de Manhattan compitiendo unos con otros.
El día era gris y frío. Yo no me podía quejar ya que venía de un sitio con mejor tiempo.
Como si me hubiera leído la mente, Samantha dijo:
—Brenda, cariño. Tienes buena cara, ¡debe ser el sol de California!
Estoy aprendiendo a bajar mi guardia con ella. Quizás no sea tan mala después de todo. Le conté los puntos clave de la visita y, en cierto momento, pensé: ¿por qué no contarle lo que pasó con Braulio?
—Lo conoces, ¿verdad? —dije yo, y vi que prácticamente por primera vez desde que la conozco, Samantha se puso tensa.
—Es famoso en el sector.
—Me hizo una oferta para quedarme con él en el departamento de su empresa.
Samantha abrió mucho los ojos y movió las cejas hacia arriba.
—¡Es una trampa! —dijo ella.
—Bueno, rechacé su oferta. Después me lanzó una oferta en el terreno de lo personal —me reí—, y me estuvo tirando los tejos.
Samantha empezó a partirse de la risa. Nunca la había visto así. Finalmente consiguió articular palabra:
—Ah, Brenda… Os dejo solos y pasa esto. Hace años, cuando yo era más joven, también intentó sellar un trato conmigo —dijo riéndose y secándose las lágrimas—. Yo no estaba casada por aquel entonces. Pero me iba a casar en breve. Creo que es justo eso lo que le frenó después.
—¿Mmm? Entonces ¿la culpa es mía por estar disponible?
—¿Tú ya le dijiste que tienes un novio? —soltó Samantha de sopetón—. Y aunque no lo tuvieras, él no tendría que hacer eso. Está mal.
—Mejor tenerlo lejos. Quién sabe cuándo volveré a encontrarme con él de nuevo.
—¡Para la próxima vez, quizás estás casada! —se rió—. Entonces, ¿cómo va con el novio? —me soltó.
—Ah, bueno. Todo bien, sí…
—¡Hola a las dos! —dijo Tim entrando en la sala como un huracán y dejando su maletín en la mesa—.
Os pido disculpas. —Hizo una pausa y sonrió ampliamente—.
Brenda, vengo de hablar con Irving Lasalle.
El cliente se ha comunicado con nosotros esta mañana.
No van a cerrar el contrato de momento, pero van a crear aparte un contrato totalmente nuevo para aceptar la oferta que les presentaste.
—¿Qué quieres decir? ¿Entonces el cliente tiene capacidad de comprar más?
—Sí. Creo que van a jugar a dos bandas y seguir trabajando con el competidor. Ese Braulio sabe moverse. Pero bueno, lo que importa es que están creciendo y creando nuevas oportunidades, y para el año que viene van a comprarnos a nosotros.
—¡Oh! ¡Enhorabuena! —dijo Samantha.
—Pero… ¿lo sabe ya Irving? —dije yo un poco confundida.
—Sí, ya está informado. Mándale tú de todas maneras tu informe. Esto es bueno y va a tener un alcance global en la empresa.
Terminamos hablando de un par de dudas técnicas. Al final mi cabeza estaba completamente agotada cuando salí del meeting . ¿Y las repercusiones de esto? Parece que para mí iban a ser bastante buenas. En ese instante vi a Liss por el pasillo:
—¡Ah, Brenda! No sé si has visto el email esta mañana. Hay una vacante en el departamento de contabilidad. ¿A lo mejor le interesa a Brad?
—¿A Brad? —respondí yo. Mi cabeza estaba confundida.
—Claro, a tu Finance Bro . Mira, nos vemos más tarde en la cocina y ya nos ponemos al día —dijo ella mientras se metía por otra puerta.
De alguna manera se ha terminado filtrando en mi oficina una historia, primero por Liss, quizá por Jones, Samantha, Tim… ¿Qué está pasando aquí?
Me senté en la mesa de mi despacho y respiré hondo. Estaban pasando muchas cosas al mismo tiempo. En ese momento recibí un mensaje de Brad, el que me escribe postales:
Hola! ¿Qué tal tu viaje de vuelta? Espero que no estés muy cansada para el resto de la semana. ¿Igual hacemos algo? Añadió un emoji con una cara feliz que me hizo arrugar el gesto. Por cierto, he visto que hay una vacante en el departamento de Finance de tu empresa. ¿Sabes algo? Está en LinkedIn.
Esto está yendo demasiado lejos. Es el momento de decir que no, de rechazar y de hacer un ghosting si es preciso.
Hola, Brad. La verdad es que estoy teniendo mucho trabajo últimamente, además me encuentro un poco enferma. Debe ser algo contagioso. Estoy estornudando mucho. Lo siento, pero no va a poder ser. Del trabajo no sé nada.
Enviar.
Probablemente soy demasiado suave. ¿Pero qué decirle? Me da un poco de pena. El chico no tiene culpa de nada. Y yo no tengo tiempo de gestionar mis emociones con él.
Tenía que hacer el informe sobre la visita del otro día para informar a mi director, Irving Lasalle. Tim ya le había contado todo, pero quería darle mi punto de vista de todas maneras. Pude pasarme por la cocina a las tres de la tarde para tomarme un café con Liss.
—¿Qué tal estás, Liss? Últimamente no me cuentas nada de ti —comencé yo. Quería empezar a desviar la conversación de mis historias. Siento como si fuera siempre la protagonista.
—Oh, estamos bien, como siempre. Reth quiere comprar una guitarra. Yo estoy empezando a comprar plantas de interior y a saber cómo se cuidan —hizo una pequeña pausa—. ¡Brenda! No son cosas interesantes. ¡A ti siempre te pasan cosas!
—¿Pero por qué se interesan tanto todos por mí? Ya sabe lo de Brad media empresa.
—Mira, la gente en la oficina está muy aburrida, pero por lo menos lo que se dice de ti es bueno —respondió dando unos golpecitos en la mesa—. Y las personas se alegran por ti.
—No hay nada de lo que alegrarse, de verdad… —suspiré—. Liss, ya le he dicho a Brad que no voy a verlo.
—¿Qué? —Liss abrió los ojos. Su boca se contrajo, como si le estuvieran anunciando una tragedia.
—No va a pasar nada con él. No me siento cómoda, de verdad.
Liss se relajó. Se echó hacia atrás en la silla y guardó silencio un momento. Después dijo:
—A ti hay otro que te gusta.
—¿Qué? No, yo… —empecé a balbucear.
—¿Quién es? Espera. Es el otro, tu vecino. El nerd .
—Oh, vamos, Liss…
—¡Te has puesto colorada! Espera, antes de que hables más, déjame que te diga algo. La otra vez me fui de la lengua. Entiéndeme, no es fácil. Pero esta vez me voy a callar, de mi boca no sale una palabra más del tema… Ahora bien, tengo que decirte esto… ¡Qué pena!
—¿El qué?
—Justo ahora que sale una vacante en la empresa. Podríais estar los dos juntos y trabajar en el mismo sitio. Ibais a ser la pareja perfecta.
—¿Es eso lo que yo proyecto a los demás? ¿Mi igual es este Brad…? —reflexioné yo en voz alta, con un poco de amargura.
En ese momento apareció Jones de buen humor por la puerta de la cocina:
—¡Brenda! Tengo algo que decirte —dijo con una sonrisa—. Brad ha mandado su aplicación al trabajo.
—¿Qué? —dije yo. Empecé a descomponerme un poco por dentro. Esto no estaba previsto en absoluto. Jones era recruiter en el departamento de recursos humanos y podía ver las ofertas y los aplicantes a las vacantes de la empresa.
—El tipo tiene un currículum brillante. Estuve hablando con él por teléfono. De verdad, su experiencia nos vendría muy bien para el puesto.
—Espera, ¿ya le has hecho la entrevista? —pregunté.
—¡Claro! Y lo he pasado con el Director de Finance, Joseph McCarthy, para una entrevista esta semana. No he hablado de ti ni de vuestra relación, por supuesto. No sería profesional —respondió Jones.
—¿Pero realmente está preparado para trabajar aquí? —Una parte de mí aún quería sentar algunas dudas sobre él, inútilmente.
—¡No te preocupes! Ya he informado al director —informó Jones—. Dada la conexión, McCarthy va a querer ver si puedes dar un referral . Probablemente te va a enviar un email esta semana.
—¡Pero yo no puedo decidir si él se queda o no!
—No, ¡claro que no! Pero puedes ayudarlo. ¿Qué te parece? Estoy seguro de que estás muy contenta —dijo Jones—. Ahora, si me disculpáis, tengo que salir para otra entrevista que empieza… ¡Ups, ahora mismo! Brenda, Liss, nos vemos.
—¡Hasta luego! —dijo Liss a Jones mientras este se escabullía por la puerta.
Nos quedamos Liss y yo en silencio. Oíamos el zumbido del frigorífico de la cocina.
—Ya ves, yo no digo nada —dijo Liss.
Yo di un gran suspiro.
—¿Entonces no quieres nada con este? —preguntó finalmente.
—Mmm, no. El caso es que yo nunca le hablé de esta posición. Ha debido buscarla él.
—Entonces no es algo que tú pudieras evitar.
—¿Tenía que pasar? —pregunté yo, con la mirada perdida.
—Oye —dijo Liss con un brillo en la mirada—, sabes que todavía puedes jugar un papel en esto. ¿Estás pensando en…?
—¿En dar una mala review ? No puedo. Quiero decir, ¿cuánto cuenta mi opinión para decidir su contratación? Que yo dé una mala referencia de él para que no le contraten no es garantía de que no vayan a hacerlo.
—Tampoco es seguro que le vayan a dar el puesto.
—Jones estaba muy optimista —dije desanimada.
—¡Y tú estás muy pesimista!
Liss miró hacia los lados y se inclinó hacia mí con una sonrisa cómplice.
—Entonces, ¿ya tienes una foto del que te gusta? —preguntó.
—Solo tengo esta de su perfil. Se puso una montaña.
Abrí el móvil por inercia y fui a su perfil y sus mensajes. Para mi sorpresa Brad se había cambiado la foto y había puesto un selfie tirado desde la montaña. En la foto se lo veía guapo y con una sonrisa leve, parecida a la que tenía la última vez que lo vi, cuando nos besamos.
—¿Puedo verla? —preguntó Liss.
—Adelante —dije yo pasándole el móvil, mientras me llevaba la mano a los ojos, sin poder evitar sonreír—. Es este.
—¡Ay, Dios, es un nerd !