17.
El restaurante se llamaba Temptation y ofrecía una experiencia única con un show teppanyaki, cocina de fusión y vinos internacionales.
—Aunque ya que estáis aquí deberíais probar los de California, por supuesto —dijo Braulio.
Yo quería creer que el ambiente era distinto, ya que no estábamos en la reunión y no íbamos a tratar de negocios. Se trataba exclusivamente de una cena informal entre colegas de industria.
—Oh, creo que es algo que a Tim le va a gustar —dije yo, mientras le esperábamos en la puerta del restaurante—. Me imagino que vendrá enseguida.
Recibí en ese momento un mensaje de Tim:
Brenda, discúlpame, pero voy a quedarme descansando en el hotel. Ya no me puedo ni mover.
—Braulio, parece que Tim no va a poder asistir a la cena de esta noche —informé—, por lo que podemos ir a sentarnos tú y yo.
Los ojos de Braulio centellearon rápidamente:
—Por favor, llámame Leo.
Elegimos una mesa con plancha privada. Un cocinero se pasaría más tarde a hacernos los platos.
—¿Quieres una recomendación? —dijo Braulio—. Pide el menú completo para que traiga todos los ingredientes, luego le pides que te cocine lo que tenga la pinta más apetitosa.
—¡Caramba, veo que eres todo un experto! —le dije.
—Aquí donde me tienes, soy de los que tienen un pie en la oficina y otro en la cocina. ¿Y a ti te gusta más cocinar o que te cocinen?
—Si la comida es buena, los dos me gustan.
Sentí que estaba cenando con un tiburón experimentado. Rápido, pasaba de un tema a otro como si nadase entre las palabras y, en el momento más inesperado, mordía.
—Dime, Brenda, ¿qué piensas de California? Dicen que hay más espacio aquí que en Nueva York.
—A decir verdad, no he tenido la oportunidad de conocer demasiado —respondí.
—Me refiero para vivir.
—Estoy muy acostumbrada a Manhattan. Necesito ir en metro a todos lados —dije riéndome—. Además, tardo poco para ir al trabajo. Si tengo que ir en coche, no iba a conseguir pasar tiempo con mi gato.
Las pupilas de Braulio se dilataron.
—¿No sería un problema para tu familia si tienes que mudarte?
—Ah, vivo sola. Mis padres viven en otro estado.
Braulio hizo una pequeña pausa antes de volver a hablar:
—Escucha, hay una gran oportunidad ahora mismo.
Mi director te vio en la presentación y ha dicho que está dispuesto a abrir una vacante para que puedas entrar en mi equipo.
No me digas tu salario. Me ha dicho que está dispuesto a darte lo que le pidas.
¿Qué me dices? ¿Te gustaría ir sin abrigo en febrero?
Me quedé en silencio. Después cogí aire y le respondí:
—Escucha, Braulio…
—Puedes llamarme Leo.
—Leo, estoy segura de que es una gran oportunidad. Pero en el terreno profesional tengo el apoyo de un equipo muy bueno: Tim, Samantha, a la que no sé si conoces…
—Sí, una mujer formidable.
—…y por la parte personal, ahora hay ciertas cosas en mi vida que han empezado y me gustaría saber cómo acaban.
—Ya veo —Braulio se acariciaba el dedo anular.
—Por eso en este momento tengo que rechazar la propuesta —dije, y bebí un trago de vino blanco despacio.
—¿Nunca pensaste cómo sería empezar de nuevo? ¿Una nueva vida?
—Uno siempre sueña, eso no se puede evitar —reconocí yo.
—En efecto, inevitable sería que una bella mujer no alimentase los sueños de alguien —dijo sin desviar la mirada.
Me acordé de Tim de repente. Está lanzando globos sonda .
Mi instinto ya me estaba dando pruebas de que este tío era un tiburón en todos los sentidos, pero nadie quiere dejar mal a nadie esta noche.
Estamos en el mismo barco y nos vamos a ver las caras más veces.
Decidí responder de forma directa con humor:
—¡Caramba, Leo, ya veo que eres un gran cocinero. llevas un rato cocinándome a fuego lento! Pero voy a tener que rechazar la oferta. El vino de California no me compra —dije riéndome.
Braulio rió mirando a la mesa. Pasamos el resto de la cena hablando de las celebrities de una costa y de la otra, y del tiempo en verano e invierno.
Me levanté de buen humor por la mañana. Abrí el balcón por el que entraba la luz del sol. Mi autoestima estaba por las nubes. Quise hacerme un café en la máquina de la habitación antes de bajarme a desayunar. Estuve respondiendo mensajes. Liss, mi padre, Brad el Finance Bro .
Este último no conocía el restaurante de anoche, pero comenzó a hablarme de otro restaurante parecido en Manhattan. Aún no me he decidido sobre qué va a pasar con él, pero todos necesitamos amigos, ¿verdad?
Brad el nerd me envió otra foto de mi gato. Parece que Wink se ha buscado un amo nuevo, a juzgar por su expresión en la foto. En medio de todo esto, sentí el impulso de preguntarle cómo estás . Y lo hice.
¿Cómo estás? , escribí.
Estoy bien, no muy ocupado, aunque tengo un trabajo importante para entregar esta semana.
¡Oh! ¡Buena suerte! , escribí con un par de emoticonos.
Tardé un instante en darme cuenta de lo que acababa de hacer. No es que lo lamentase, es que se me cruzó en mi mente la palabra que más miedo me daba.
Se sentía natural .
Me encontré con Tim en el desayuno. Parecía notablemente renovado.
—Buenos días, Tim. Me alegro de que descansaras. Pero te voy a decir que te perdiste algo por faltar a la cena —dije yo guiñando un ojo.
—Buenos días —saludó mientras se sentaba—. A ver, ¿qué se trae ese buitre?
—Me invitó a formar parte de su equipo.
—¡No! ¿De verdad? —Tim estalló en una carcajada
—.Oye, tú me tienes cariño, ¿verdad? Que si no, no voy a hacer las maletas y ya me quedo en San Francisco —le dije de broma.
—Esto explica muchas cosas —dijo él mientras se reía. Después se quedó absorto en sus pensamientos.
—Hay más —continué—. Después de que le rechazase la oferta, se me insinuó como un galán de telenovela.
Tim dio una carcajada más fuerte.
—Este Braulio es de lo que no hay. ¿Te crees que ya es famoso por eso en el sector? Luego le preguntas a Samantha lo que le dijo a ella.
Mis cejas se arquearon.
—Ella sigue con nosotros y tiene un marido y tres hijos, así que voy a pensar que le dio calabazas —dije yo con fingida seriedad, pero me estaba partiendo por dentro.
—¿Y tú le diste calabazas?
—Ya te he dicho, Tim: yo soy un toro y él es un mosquito.