11.
Cuando tenía once años me encantaba leer.
Tras la escuela podía pasarme el resto del día leyendo hasta que mi madre me llamaba para cenar.
Era popular en la escuela, normalmente sabía todas las respuestas y participaba bastante en clase.
Cuando mis amigas y yo entramos en la pubertad, comenzamos a maquillarnos.
Era una forma de sentirnos mayores, de acceder a otro mundo.
Recuerdo una frase que me dijo mi amiga Tessa:
—Brenda, tienes que dejar de leer. Si sigues leyendo tanto te van a poner gafas. Las chicas con gafas no son guays, ni llevan maquillaje.
Con once años no sabía qué respuesta darle. Me miré en el espejo y pensé en qué tenía que transformarme, y que no había demasiado tiempo para ello. Las niñas a mi alrededor se estaban convirtiendo en mujeres y, en ese momento, había que decidir qué tipo de mujer quería ser.
—Tienes que hacerlo para que no se rían de ti —me dijo Tessa mientras se pintaba las pestañas frente al espejo—. Cuando se ríen de mí, me siento mal un día o dos, después se me pasa. El problema es que ellos no se olvidan. Tienes que controlar el mensaje que das a los demás.
—¡Pero yo quiero ser yo misma! —dije yo.
—Escucha —Tessa se volvió hacia mí y me dirigió una mirada vacía con las pestañas que se acababa de poner—. Brenda, esto es muy bueno. Por eso lo hacen todas.
Todo mi entorno me proyectaba la imagen de mujer que tenía que ser.
Pero realmente no era algo impuesto por otros, sino un ideal que la mayoría de las chicas buscaban desde dentro.
Porque era muy bueno. Es más, veía que los chicos recompensaban este cambio de aspecto prestando más atención a las chicas. Era como un superpoder.
Dejé de leer. Dejé de participar. De repente era la más popular. Otras chicas se quedaron atrás, pensé. Yo hice lo que era necesario.
Muñecas, princesas, actrices… Yo hice lo mismo que ellas. Y por eso llegué a donde estoy ahora.
Estudié varios años, siempre manteniendo una activa vida social, lo cual me permitió conocer gente interesante.
Mis estudios me sirvieron para hacer networking y desarrollar carisma al mismo tiempo.
Sé cómo vender una idea o proyectar la imagen que necesito.
Conocimiento y buena presentación. Cuando me miro en el espejo, imagino a Tessa y lo que diría de mí. Creo que hice un buen trabajo.
Subí rápidamente escalones en empresas multinacionales, cambié un par de veces de puesto, manteniéndome siempre en las mejores. Fortune 500 . Soy capaz de alquilar yo sola un apartamento en Manhattan, pagar vacaciones e ir a restaurantes caros.
Y en este punto de mi vida, me está latiendo el corazón como nunca y no me puedo dormir, porque mi vecino, el estudiante, el que no se peina y no para de leer, me ha mandado un mensaje. Brad, el nerd .