Ay Dios, es un Nerd 3.
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3.

Volvía a casa después del trabajo. Cuando esperaba al ascensor, escuché una voz que venía de las escaleras:

—…Realmente es una autora con un punto de vista desfasado. Pero eso es lo que lo hace interesante: leerla no por aquello en lo que acierta, sino en lo que se equivoca.

Era Brad. El nerd , por supuesto.

—¿Pero no crees que al leer a Ayn Rand estás influenciando tu propia opinión? —dijo una voz de chica.

Ambos bajaron por las escaleras y llegaron al rellano del ascensor donde yo estaba.

—¡Hola! —dije—. ¿Qué tal la mudanza?

—Ah, bien. Ya está terminada —dijo Brad. Era bastante apuesto. Después le indicó a la chica—: Esta es la vecina de la que te hablé.

—¡Hola! Yo soy Pearl. Encantada.

Un poco más baja que yo, alegre, muy alegre, como una ardilla listada. Con gafas, pelo oscuro. Su voz era aguda, un poco irritante. Aire de rata de biblioteca.

—Igualmente. Soy Brenda.

—Nos vemos —dijo Brad.

Llegué a casa y me puse la app . Busqué los mensajes de Brad, el atleta:

Hey, hoy es viernes. ¿Te viene bien esta tarde? , le pregunté.

Él estaba disponible y confirmó la cita. Me arreglé con la falda negra y la blusa de la otra vez y salí de casa.

Fui al bar Destiny . Esta vez no estaba nada nerviosa. Mis pasos eran firmes y seguros. Irradiaba confianza. Brad estaba ahí.

Realmente me pareció más pequeño de lo que aparentaba en las imágenes, pero a decir verdad era un tío bien atractivo, con un aire a stock de fotos. Atlético. Pelo rubio, bronceado de playa. Sonrisa perfecta, del tipo que funciona bien en un meeting de empresa. Mandíbula esculpida. Ojos de cazador.

—¡Ah, Brenda, por fin! ¿Cómo estás? —me saludó con una sonrisa.

Nos sentamos para pedir algo. Yo quería un cóctel bien cargado. Por supuesto, empezamos a hablar.

Él trabajaba en el departamento de Finanzas de otra empresa de Manhattan, no muy lejos de la mía. Hablamos mucho del trabajo. Una hora aproximadamente.

Casi me dieron ganas de recomendarlo para un puesto de mi empresa. Sentí esta cita como una entrevista de trabajo.

—Cambiemos de tema —tercié yo—. Cuéntame sobre tu familia, tus hobbies , ya sabes.

—¡Sin problema! Pero déjame que te diga que deberían darte una promoción a manager . Tienes un aire de entrevistadora.

Hay una sección en las entrevistas en la que se habla de cosas personales.

Efectivamente, lo que sucedió a continuación es que pasamos a relatar nuestras fortalezas y nuestras debilidades, con ejemplos de cómo habíamos superado las adversidades.

¡Nuestros departamentos de recursos humanos deberían estar orgullosos!

Pero al menos sé que a este chico le gusto. ¿O no? No es que faltara un componente de seducción en la interacción. Es que él no llegaba a donde yo estaba. O quizás era la luz. No le veía bien la cara.

A veces las cosas se resuelven con el tiempo. Se crean sentimientos poco a poco, y a veces no. Pensé en que era cuestión de tiempo saberlo. ¿Eso significa que le iba a dar una oportunidad?

—Fue muy agradable conocerte, deberíamos vernos otra vez.

—¡Claro que sí! Después de todo somos casi vecinos. Vivo en ese edificio —Brad señaló una torre cercana—. ¿Qué tal si intercambiamos números?

Me hizo una llamada perdida y guardé su número como brAD.

Después él fue a por el beso. Yo ya estaba tan desesperada que no me resistí. Beso corto. Apenas nos tocamos. ¡No significa nada!

Volví a casa y encontré a Wink encima de la encimera de la cocina. Siempre hace eso para llamar mi atención, porque sabe que no me gusta. Últimamente no le he dado mucho cariño.

—Ya estoy aquí, gordito.

Me tumbé en la cama con el móvil y me puse a escribir en el buscador:

Ayn Rand.

Filósofa ruso-americana. Objetivismo . Atlas Shrugged .

Yo me encogí de hombros, sin saber muy bien qué hacer de esto. Afuera hacía viento, que golpeaba en las ventanas. Al mismo tiempo, una pregunta había estado dándome golpes en la cabeza, sin que hubiera podido reconocerla.

¿Quién es esa Pearl? ¿Es su novia? Tan alegre y pizpireta. ¿Han estado hablando de mí? Espera, ayer se comieron la pizza. Efectivamente, era una pizza grande, por lo que solo podía ser para dos personas. A no ser que él haya guardado un trozo para hoy. Sentí un deseo muy grande de saber más.

De repente oí un ruido abajo. Brad vivía en el tercero, justo debajo de mí.

Me bajé de la cama y me tiré al suelo. Apoyé la cabeza contra el laminado. El pelo se me cayó todo encima de la cara, pero conseguí colocar la oreja.

Wink vino y se puso a frotarse contra mi pelo. Muy adorable. Después me arañó con sus uñas.

No conseguí oír nada. Pero a lo mejor debería dejar de fijarme en la felicidad ajena. Si eran novios y estaban juntos, mejor para ellos… Aunque parece que ella no vivía allí.

—¿Qué estoy haciendo, Wink? Estoy aquí espiando al vecino cuando acabo de tener una cita con un hombre de diez.

Por toda respuesta, Wink se fue a su caja de arena y comenzó a escarbar.

Decidí darme una ducha muy larga antes de cenar. El vapor se sentía muy bien, casi como un abrazo. Había sido un día tan largo. Tardé un rato antes de salir.

Necesito empezar a tomar opciones más saludables. Otra vez comida congelada para cenar.

Al día siguiente desperté totalmente renovada. Incluso me acordé de que había tenido una cita ayer. Es un subidón de autoestima sentirse deseada, al menos. El sábado por la mañana tiene otro ritmo. Estaba desayunando cuando oí el timbre. Fui a la puerta.