2.
—¡Qué suerte! Me he dejado las llaves en casa —le dije. Me estaba empapando y hacía frío.
Él no respondió. Nunca había visto a este tío tan raro.
Pasamos dentro y llegamos al ascensor, que era lo bastante grande para subir juntos. Él pulsó el botón del tres. Yo vivo en el cuarto.
—¿Necesitas ayuda? —le dije mientras subíamos. La verdad es que no parecía muy apurado, pero la caja era bastante grande.
—No —dijo.
En ese momento la puerta del ascensor se abrió para dejarnos pasar. Él salió delante y tropezó con el escalón de la puerta. La caja se cayó al suelo.
—¿Estás bien? —me arrodillé para ayudarle.
—Sí… Al final resulta que sí necesitaba ayuda. No conozco este edificio. Me estoy mudando.
Era un chico mono con gafas. Llevaba un aspecto descuidado, con el pelo desordenado y ropa sin combinar. Los libros se habían desparramado por el suelo del recibidor del tercer piso.
—Déjame ayudarte… —Me puse a recoger los libros. Sin querer leí el título de uno: La Odisea , de Homero.
—¿Te gustan los Simpson? —pregunté.
—Me gustaban los Simpson de las primeras temporadas —dijo él.
—Okey…
Reparé en que olía bien. De hecho, era bien parecido. Recogimos todo y él ya estaba abriendo la puerta de su casa.
—Si necesitas algo, soy Brenda. Vivo en el cuarto piso. ¿Y tú eres?
—Brad.
El corazón me dio un salto. ¿Era el mismo chico de la app ?
—Encantada de conocer… —la puerta de Brad se cerró— …te.
Qué tío tan raro. Subí las escaleras y llegué a mi apartamento, del cual sí tenía llaves. Wink no salió a saludarme. Dormía plácidamente en el sofá con la panza llena. Fui al congelador a sacarme una tarrina de helado. Miré las notificaciones de la app .
Mensaje de Brad, hace veinte minutos:
Hey, lo siento, me he retrasado. Llego en 5 minutos :)
Ahora me puse a echar un ojo a sus fotos. Definitivamente no era la misma persona. Empecé a escribirle un mensaje a Brad, el Finance Bro .
Lo siento, Brad. Al final tuve que quedarme en casa. Será en otra ocasión , escribí, y dejé el móvil apartado en la mesita, lejos, donde no pudiera cogerlo.
—Wink, parece que he sido yo la que ha dado plantón esta noche…
Estaba ya amodorrada y a punto de dormirme en el sofá. Justo en ese momento sonó el timbre de mi apartamento. Había alguien en la puerta. Me levanté desorientada, con el corazón en un puño.
Intenté ver por la mirilla, pero estaba muy oscuro. Esperé unos instantes. Una voz finalmente rompió el silencio:
—Pizza.
Abrí la puerta.
—Pizza —dijo un repartidor.
—Sí, ya te he oído. No es aquí.
—¿Este es el cuarto? Tengo aquí la dirección impresa en la factura. Es un pedido online —dijo, y me mostró la factura.
Brad Morgan, 4.º piso.
—Escuche, este chico vive en el tercero.
—Mire, tengo factura porque la pizza ya está pagada. Por eso se la voy a dejar aquí. Buenas noches —dijo, y me dejó la caja con grasa en mis manos.
Me quedé de repente sola en el rellano con el olor a queso que subía hasta mi nariz. No había cenado nada, solo un poco de helado. ¿Qué hacer ahora? Podía comerme esta pizza, pero entonces Brad se quedaría sin nada. ¿Y si fuera a llevársela?
El pensamiento fue tan raro que me hizo sacudir la cabeza. Pasé dentro de casa y dejé la pizza en la mesita. Quizás debería comerme la pizza, aunque fuera un bocado…
No sé qué me ocurrió en ese momento. Pensé en Brad, en lo cansado y solo que se sentiría después de mudarse, llevar cajas y encontrarse a chicas raras. Muerto de hambre en la Gran Manzana. Esos libros parecían muy cerebrales; el tipo de libros que un empollón lee.
Me acordé de su pelo enmarañado. Gafas finas. Ojos un tanto distantes, pero dulces cuando empieza a hablar. Delgado, pero fuerte para llevar sus cajas de libros.
¿Tendría novia?
¿En qué estoy pensando? Yo hice swipe al Brad el atleta, no a Brad el nerd .
Suspiré. Cuando volví a tomar aire recordé que había una pizza grasienta en la mesita del salón. Había que tomar una decisión.
Cogí la caja y bajé al tercer piso. Llamé al timbre y… no sé qué pasó. Salí corriendo. Dejé la pizza en el suelo.
Volví a casa muy confundida y me metí en la cama.
Al día siguiente me levanté cansada, totalmente arrepentida de no haber cenado. Me arreglé y desayuné como pude, y salí para la oficina.
—Ah, Brenda, ahí estás. Escucha, no sé si viste el email de ayer a las 22:15 —me dijo Tim al llegar.
—No, a esas horas ya no miro los emails .
—¡Deberías! —dijo Tim. Yo creo que se está divorciando de su mujer. Continuó—: El cliente dice que nuestra propuesta es sólida y que quiere cerrar el trato.
—¡Genial…! ¿Sabes que me inventé toda mi parte, verdad?
—¿Qué? ¡Ah, claro, la diapositiva! Es verdad. Estás hecha para esto. Que sepas que nos vamos a pasar del target de este mes.
Me sentí bien: eso significaba un bonus a final del periodo. Con ese tipo de logros puedo conseguir llegar bien al final del día sin arrastrarme.
—¡Ese precio ya está negociado! Independientemente de cómo se venda… —dijo Samantha.
No aguanto a esta tía. Samantha Puglia. Se cree mejor que nadie. Cuando no está hablando de los viajes que hace con su marido y sus hijos, habla de la nueva casa que se ha comprado, de sus hobbies —como pintar y hacer deporte—, y de lo maravillosa que es.
—…Pero aún así el cliente se durmió, Tim. Tu parte de la presentación era muy densa —continuó Samantha.
—¡Somos un equipo! Confío en vosotras para que saltéis cuando haga falta darle más énfasis a alguna cosa.
—¡No lo dudes! —Samantha sonrió. Víbora. Después me miró solo a mí.
—Querida, Brenda, ¿estás bien? Pareces enferma.
¡Sabía que era mala!
—Estoy bien, gracias. Son las prisas de llegar a tiempo por las mañanas.
—No te canses, cariño.
Los dos salieron y yo respiré por fin aliviada. Me fui a mi despacho a hacer unos emails . A la hora de la pausa quedé con Liss en la máquina de café.
—De verdad que me alegro de que estemos en departamentos diferentes —le dije—. No veo el momento de desconectar de estas movidas tóxicas.
Liss guardó silencio.
—¿Entonces? —preguntó.
—¿Entonces qué?
—¡¿Lo hiciste o no?! —exclamó. Sus ojos brillaban.
—Bueno, sí, lo hice. Creé un perfil y fui a una cita.
Liss dio un chillido pequeño.
—Brenda, sabía que lo ibas a hacer y que ya había llegado el momento… Cuéntame sobre él. —Liss no podía evitar una gran sonrisa; estaba deleitada antes de saber los detalles.
—Brad. Es básicamente perfecto. Atlético, Finance Bro , guapo. Le gustan los animales… Según sus fotos, claro.
Le enseñé el perfil de Brad en la app a Liss y le conté lo que había pasado.
—Espera, ¿no quedaste con él al final? ¿Solo hablasteis? —preguntó Liss. Estaba decepcionada.
—No. Al final le di plantón al chico.
—¿Le hiciste un ghosting ? ¡Pero qué cruel!
—Es una larga historia… ¿Cómo explicarlo? Hubo un accidente que no tenía que haber ocurrido. Al final de la tarde conocí a otro chico. Me refiero, es un vecino al que ayudé. Muy mono, por cierto, aunque nada que ver.
—¿Dos? Brenda, esto sí que no me lo esperaba. ¿Quieres decir que tienes varias opciones entonces?
—En realidad no. Es un vecino que se acaba de mudar. Un rarito al que le gustan los libros. También se llama Brad. No es que me guste. A lo mejor es al contrario y le gusto yo a él. Estuvo hablándome sobre los Simpson y cosas suyas. En fin, no es para mí.
—Te voy a dar un consejo. Céntrate en uno solo. Crees que vas a poder tener dos, pero en realidad no puedes —dijo con sorna Liss—. Ahora crees que tienes dos Brads: Brad el atleta y Brad el... nerd , pero en realidad no tienes ninguno.
—No sé en qué estás pensando, Liss.
—Deberías ir a conocer a Brad en persona. Me refiero a este guapo del que me has hablado, el atleta, no al nerd . Estas apps son muy engañosas, no te puedes fiar de una foto. Tienes que saber la verdad por ti misma.
—Lo cierto es que él es muy guapo. Al menos guapo de una manera convencional. Como si fuera de un stock de fotos.
—¡Por eso mismo! —exclamó Liss—. ¿Es que te da miedo no estar a la altura?
—Claro que no, pero quiero tener la capacidad de elegir, tener varias opciones… —hice una pausa—. ¿Tú crees que soy atractiva como para elegir? —pregunté con un poco de humor.
—Espera… ¡Jones! ¡Jones! —Liss estaba llamando a un compañero de trabajo—. Ven aquí. ¿Tú crees que Brenda es atractiva?
—Yo diría que está por encima de la media —dijo Jones sin vergüenza ninguna. Es gay.
—Ya ves, Brenda. Ve a por el atleta. Está en tu liga.
—¿Oh, me he perdido algo? —dijo Jones con pícara curiosidad.
—¡Okey, gracias por vuestra opinión! —dije sofocada—. Ahora tengo otro meeting .
¡Qué confusión! Me dan su opinión cuando todavía no tengo las cosas claras. A veces me arrepiento de pedir consejo: me quedo más confundida. Pierdo la claridad mental que tenía. Creo que por eso soy un poco reservada con los demás. Necesito un poco más de tiempo para hacerme una idea de los demás.