Ay Dios, es un Nerd 1.
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Ay Dios, es un Nerd

Ay Dios, es un Nerd

Por Miranda Colton

© inepub.com

1.

—Por favor, Tim, ¿puedes pasar la diapositiva?

Tim abrió mucho los ojos y me hizo un gesto de pánico con las manos.

Entendí. La diapositiva no estaba. Alguien debió haberla borrado por error.

Miré a los clientes en la sala de reuniones.

Era un cliente importante. Necesitaban datos objetivos para tomar una decisión millonaria.

Respiré hondo. Me lo voy a inventar todo.

◆◆◆

Mi nombre es Brenda Higgins. Vivo y trabajo en Manhattan.

Soy una profesional de las ventas en una prestigiosa empresa.

Despacho con ventanas y vistas a la gran manzana, lo tengo.

Carrera con futuro. Lo tengo. Treinta años y un gato.

¡Los tengo también! Soy, en definitiva, una business woman que sabe lo que quiere.

—Brenda, tu problema es que nunca te escuchas —me dijo Liss, en la máquina de café, durante el descanso del meeting—. Dices que lo tienes todo y luego no paras de quejarte de que estás sola y de que no conoces a nadie.

Liss es como aquella voz de mi conciencia a la que debería escuchar de vez en cuando. Una amiga en esta jungla de corporación. Tomé un sorbo de mi café.

—¿Por qué no te descargas una aplicación de citas? —continuó—. Yo conocí a mi novio en ella.

—¿Qué probabilidad hay de que encuentre al hombre de mi vida en una de esas? Además, he visto documentales. Existen timos…

Liss suspiró mientras agitaba su cabeza redonda.

—Lo mejor que puedes hacer es probar. Wink se merece un padre.

Las dos nos reímos. Wink es mi gato. Pero sí, se merece alguien.

Tengo que reconocer que el meeting fue un éxito. Al menos la parte que me tocaba. Después, Tim no paró de hablar de logros pasados y uno de los clientes incluso se durmió. Me alegré mucho cuando finalmente el día acabó.

Al llegar a casa estaba completamente agotada.

Wink salió a saludar un momento y se subió al sofá, donde estaba más calentito.

Lo acompañé y relajé la vista mirando hacia el paisaje de Central Park.

Mi apartamento no era muy grande, pero se salva por las vistas.

Mi teléfono vibró un momento. Era Liss otra vez.

HAZLO, había escrito con letras mayúsculas.

Me pregunté si Liss se llevaba alguna comisión con las apps de citas.

—Wink, ¿qué hago?

El gato movió la cola por toda respuesta.

—¿Sabes qué, Wink? Voy a probarlo.

Esto es una experiencia de la que salgo más fuerte. Como un training . Quién sabe. A lo mejor es como cuando cierro un trato con un cliente… Se trata de negociar y de vender lo que uno quiere. Una inversión de futuro.

Descargué la app . Hice un perfil.

Brenda, 30. Businesswoman. Me gustan los gatos, Friends, y comer helados.

Puse tres fotos de las últimas vacaciones de verano. La verdad es que hacía ya siete meses desde entonces, pero las fotos eran aún una buena representación de mí misma.

Y después comencé a hacer swipe . ¡Qué aburrimiento! ¡No me gusta ninguno!

—Wink, ¿cuál te gusta a ti?

—Miaaaau —dijo el gato con la panza vacía.

—Le voy a decir que sí a uno cualquiera, y después hago una cena. Para ti también.

La comida congelada volvió a salvarme. Saqué todo del microondas y me lo llevé al sofá. Wink se quedó apurando su lata de comida.

Abrí el móvil y tenía un mensaje.

Hey guapa, ¿cómo estás? Veo que estás cerca. ¿Vienes a tomar unas copas cerca del parque?

¿Por qué no un helado? , le respondí. En algún momento le había hecho swipe al perfil de este tío. Brad, 31. Finance Bro . Atleta. Fotos esquiando, con perros y en el gimnasio. Básicamente perfecto.

¿Es así como se decide todo? ¿Y si fuera un error por mi parte no lanzarme a una aventura?

Este tío podría ser lo que estaba esperando.

Examiné su cara como un cirujano facial.

Había algo en su nariz que no terminaba de encajar.

Leí una vez que hay un tipo de nariz que indica cierto tipo de personalidad.

Su sonrisa levanta una pequeña arruga en esta foto.

¿Está cansado? Yo soy una persona muy energética.

Quizá no somos compatibles al fin y al cabo.

Además, perros y gatos no se llevan bien.

Brad y Brenda no suenan muy bien juntos, ¿o sí?

LO HAS HECHO? , otro mensaje de Liss.

Dicen que si los acostumbras desde pequeños, los perros y los gatos se toleran. A lo mejor tiene que ver con la tolerancia, al fin y al cabo.

¡De acuerdo! ¿Nos vemos a las 21:00 en el bar Destiny? , le respondí a Brad.

¿En qué estoy pensando? Ni siquiera tengo energía para vestirme y arreglarme para una cita. ¿No es un poco sospechoso que me diga que está cerca? Aunque si tengo que tomar el metro, todo se vuelve más difícil.

Una falda negra, medias, blusa roja… Estoy lista.

Bajé en el ascensor del edificio y me dirigí hacia el bar.

Era un sitio al que siempre había querido ir, pero tenía ese aire de cita que hacía que me diera un poco de vergüenza ir sola.

La mayoría de los cafés en Manhattan tienen gente trabajando con laptops o haciendo cosas introvertidas.

Este es claramente para compartir un momento íntimo: con cortinas rojas, mesas de madera, luces cálidas. Quizás me había anticipado demasiado.

Cada vez estaba más nerviosa. ¡No estoy segura de si es lo suficientemente guapo para ser el hombre de mi vida! Llegué al bar. Las luces de neón iluminaban débilmente las mesas. Me senté. Brad no llegaba. Pasaron cinco minutos.

No pude aguantarlo más. Volví a casa con las lágrimas a punto de salirse. ¡No me imaginaba lo que era la sensación de rechazo hasta que no la sentí yo misma! ¡Me ha dejado plantada!

Llegué al portal de mi edificio y busqué la llave en mi bolso… Pero no estaba ahí. Me empecé a poner nerviosa. ¿Ahora me había dejado las llaves del portal en casa? Comenzaba a llover.

De repente sonó una voz detrás de mí.

—Disculpa, ¿me dejas pasar? —Un chico estaba detrás de mí. Llevaba una caja abierta, llena de libros.