Afecto (El Amor No es lo que Parece 4) CAPÍTULO SIETE #3
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CAPÍTULO SIETE #3

—Lo arreglaré —continuó, pero mi cerebro dejó de prestar atención a sus palabras.

Siguió hablando; sin embargo, yo ya no lo escuchaba.

Se me erizó la piel de repugnancia. ¿Cómo pudo hacer algo así?

¡Por no hablar de que no tenía ningún derecho!

Callen estaba loco si alguna vez pensó que podría obligarme a pagar su deuda.

Con total incredulidad, miré con ira al hombre al que había conocido durante años. O eso creía , según parecía.

—¡Vete! —espeté al recuperar por fin la voz.

—¿Q-Qué?

Apreté los puños a los lados y apenas podía controlar mi temperamento. Con voz firme, repetí:

—Fuera de mi casa.

Conmocionado, se quedó mirándome, pero no se movió. Y temí que, si no desaparecía de mi vista, perdería los estribos. Mi furia bullía, amenazando con estallar como un volcán.

Tragó saliva. Con fuerza.

—Te quiere a ti y a Bram —expresó con voz ronca—. Tienes que esconderte.

La pizca de cordura que me quedaba se desvaneció cuando mi mano atravesó el aire y golpeó la cara de Callen.

—¿Cómo te atreves? —bramé—. ¿No solo me pones a mí en peligro, sino también a tu hijo?

—Lo siento —gimió—. No sabía que se tomaban en serio la apuesta.

—¿Cómo has podido ser tan estúpido como para meterte con unos hombres tan depravados? ¡Es obvio que no tienen escrúpulos si estaban dispuestos a apostar a una persona!

—La cosa se nos fue de las manos —argumentó con tanta calma que me enfureció aún más.

El hecho de que pudiera hablar con tanta serenidad sobre poner en peligro a nuestro hijo me dio ganas de arañarle la cara y estrangularlo.

Hubiera preferido morir antes de dejar que nadie le pusiera las manos encima a mi hijo.

—Dile a tu acreedor que no puede quedarse conmigo. ¡Ni con Bram! —reviré, con rabia filtrándose en mi voz—. Pero puede quedarse contigo. ¡Ahora vete antes de que te eche!

Me levanté, esquivándolo. Luego, entré en la casa sin mirar atrás al padre de mi hijo, cerrando con firmeza la puerta tras de mí.

Este fue el momento decisivo de nuestra relación. Me sentí tan estúpida por haber tenido que llegar a este punto para cerrar por fin la puerta a un futuro con él. Un futuro que había estado condenado desde el principio.

Al igual que lo estaba mi futuro con Daniel. «Entonces, ¿por qué sigo pensando en ese hombre?»

Con la puerta cerrada a mis espaldas, me apoyé contra el cristal y me encontré con la mirada inquieta de mi madre. Eso era lo último que quería. Preocuparla más de lo que ya estaba.

Gruñendo para mis adentros, me pregunté cuánto habría oído.

Sería difícil descartar esa conversación o lo que Callen había hecho como una “travesura”.

No es que pensara que mereciera que se le diera tregua.

Pero él ya tendría que lidiar con mi ira; no necesitábamos involucrar a todo el clan McLaren en esta maldita prueba.

—Escuché cada palabra —señaló, respondiendo a mi pregunta tácita—. Ainslee, creo que ya es hora de que admitas que ese hombre no es para ti.

«Mierda, ni que lo digas». Mi gusto para los hombres era desastroso. Mi primer amor formaba parte de la mafia, literalmente, y el padre de mi hijo era un jugador y probablemente un borracho. Me repugnaba imaginar quién podría ser mi próxima elección.

Era tiempo de aceptar la realidad: los hombres simplemente no eran para mí.

Debería evitar las citas, evitar a toda la especie masculina, por el resto de mi vida.

La única constante con cromosoma Y a mi alrededor sería mi hijo.

Me aseguraría de que se convirtiera en un buen hombre.

Luego, pasaría mis años dorados leyendo novelas eróticas.

Igual que Mum . Ese plan me parecía bastante bueno.

—Tienes razón —admití—. Esperaba encontrar lo que tú y papá tenían, pero está claro que eso no va a suceder. Ya es hora de que lo acepte.

—Ainslee... —La mirada triste en el rostro de mi madre me partió el corazón—. Llegarás a experimentar lo que tu padre y yo tuvimos. No pierdas la esperanza. Sé que...

—Tengo a Bram —la interrumpí antes de que se le llenaran los ojos de lágrimas—. No me arrepiento. Pero tampoco quiero volver a tener citas.

La mirada que me lanzó me indicó que no me creía, pero no me detuve en eso. La seguridad era mi prioridad y, en ese momento, tenía que lidiar con las consecuencias de las acciones de Callen.

El momento no podía ser peor. Próximamente, tenía una actuación en Londres y, por lo que parecía, debería mantenerme alejada de esa ciudad.

«¿Y si esos hombres decidían venir aquí?» La idea me llenaba de pánico.

Mierda, ¿qué debía hacer? ¿Vendrían por nosotros o seguirían centrados en Callen? Intenté sentir lástima por lo que pudiera pasarle, mas no lo conseguí. Bram y Mum eran mi única preocupación.

Podría ponerme en contacto con mi primo Lachlan y preguntarle si podríamos quedarnos en el castillo por un tiempo, pero eso requeriría explicarle lo que había pasado. Y posiblemente ponerlo a él y a Eve en peligro también.

No. Negué con la cabeza. No podía hacerle eso ni a él ni a su familia. Este era mi problema, y dependía de mí resolverlo.

La esperanza de la que hablaba Mum se había desvanecido hacía mucho tiempo. Quizás incluso aquel día en el Este de Londres, cuando busqué a Daniel, pero en su lugar encontré dolor.