El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) CAPÍTULO 30 Cuando Almarza perdió el rastro
88%

CAPÍTULO 30 Cuando Almarza perdió el rastro

BLOQUE 1

Sebastián tardó buena parte de la mañana en comprender que el punto donde Julián de Almarza había perdido el rastro no coincidía con el último documento que había conseguido consultar.

Coincidía con el último documento cuya procedencia había podido demostrar.

La diferencia parecía pequeña.

No lo era.

Sobre la mesa permanecían abiertas las hojas de control, las referencias exteriores, las copias conservadas por los Velasco y el repertorio recuperado en Valvanera.

Irene había pedido que no incorporaran ninguna pieza nueva hasta reconstruir el estado exacto de la investigación de Almarza.

Mauro ordenaba fechas de consultas, respuestas y solicitudes repetidas.

Leandro se mantenía a un costado, interviniendo únicamente cuando necesitaban una referencia interna del archivo familiar.

El acuerdo firmado había cambiado incluso su forma de participar.

Ya no adelantaba una carpeta cuando creía saber hacia dónde estaban mirando.

Esperaba.

Sebastián comenzó por aquello que podían sostener.

Diego Sánchez seguía siendo el último receptor o portador material del volumen probado dentro de la línea física antes del vacío posterior.

Las copias familiares habían permitido precisar que, durante aquel tramo, asumió una responsabilidad material temporal hasta que se dispusiera la continuación del traslado.

Eso no alteraba la responsabilidad formal.

Gonzalo de Pancorbo seguía siendo el responsable documentado mientras ninguna fuente demostrara un relevo explícito.

Después de Diego aparecía una recepción para remisión posterior.

La función podía sostenerse con bastante fuerza porque las variantes familiares conservaban formulaciones compatibles y la carta conocida por Almarza en 1893 describía una situación equivalente.

Lo que seguía sin poder demostrarse era la identidad completa del receptor.

Y, sobre todo, hacia dónde se produjo la entrega siguiente.

Mauro miró el esquema.

—Entonces el rastro no termina exactamente en Diego.

—No.

—Pero tampoco podemos incorporar al que sigue.

—Exactamente.

Ahí estaba la paradoja.

La documentación permitía afirmar que hubo continuidad.

No permitía reconstruirla todavía con nombres y procedencias suficientemente seguras.

Irene señaló una anotación de Almarza:

El movimiento es probable. La procedencia siguiente no.

Sebastián asintió.

Aquella frase explicaba mejor que ninguna otra dónde se había producido la ruptura.

Almarza no se quedó sin noticias.

Seguían apareciendo.

Incluso demasiadas.

Una carta mencionaba una entrega posterior.

Una copia conservaba una remisión.

Un inventario tardío aludía a una relación exterior.

El archivo Velasco retenía noticias sobre un receptor.

En correspondencia aparecía una procedencia institucional.

El problema no era la ausencia de información.

Era que ninguna de aquellas piezas conseguía cerrar por sí sola el tramo.

Sebastián volvió a la instrucción que habían estudiado antes:

Comprobar procedencia institucional mencionada en carta.

Ahí estaba el punto exacto.

Almarza había entendido que seguir buscando otro apellido ya no resolvería nada.

Necesitaba demostrar de dónde procedía la relación que conservaba la noticia de remisión.

Si lograba situarla dentro de un fondo concreto y reconstruir su vínculo con una tradición anterior, podría decidir si la remisión descrita pertenecía realmente al mismo volumen.

Sin esa procedencia, todo quedaba suspendido.

Irene preguntó:

—¿Tenemos la carta completa?

Sebastián negó.

—Solo la referencia y el extracto de Almarza.

El original no figuraba entre los papeles conservados en Valvanera ni en las series de correspondencia que habían podido reconstruir hasta ese momento.

Sebastián leyó el pasaje:

La relación de que me pregunta figura entre papeles procedentes de otra institución, donde se conservó junto con noticias de entregas antiguas. No puedo asegurar si el traslado del documento corresponde al traslado del libro.

Almarza había escrito debajo:

Necesito origen de la relación, no su depósito actual.

Mauro pasó a las notas siguientes.

Solicitado.

Después:

Respuesta parcial.

Más abajo:

No consta en ella la procedencia anterior.

Aquello había sido un primer límite.

No definitivo.

Almarza insistió.

Pidió inventarios previos al cambio de signatura.

Preguntó por registros de ingreso y por descripciones anteriores de la serie.

Intentó establecer cuándo aquella relación había entrado en el fondo donde su corresponsal la conocía.

Las respuestas no permitieron reconstruirlo.

Finalmente apareció una noticia distinta:

La pieza parece haber ingresado con papeles procedentes de otra casa, pero no se conserva nota suficiente para determinar cuál.

Sebastián permaneció mirando la frase.

Ahí estaba la ruptura.

La relación existía.

Su contenido parecía compatible con el problema que seguían.

Incluso podía reconstruirse parcialmente cómo había terminado dentro de un fondo institucional posterior.

Pero la procedencia inmediatamente anterior se había perdido.

Sin ese eslabón no era posible determinar si la remisión pertenecía a la misma historia material del volumen o si la relación había reunido noticias procedentes de más de un contexto.

Irene preguntó:

—¿Almarza lo dejó formulado así?

Sebastián abrió otra hoja.

Aquí termina lo que puedo seguir por procedencia. Lo siguiente existe por noticia, pero no sé todavía de qué fondo procede.

Mauro guardó silencio.

No había una declaración de fracaso.

Solo una frontera.

Sebastián señaló el conjunto.

—Éste es el punto donde la continuidad se rompe.

—¿Seguro? —preguntó Mauro.

—Es el primero que cumple todas las condiciones que él mismo dejó.

Hasta allí había funciones documentadas y una recepción para remisión suficientemente respaldada.

Después existía otra relación.

La compatibilidad era fuerte.

Pero la procedencia anterior de esa relación no podía reconstruirse.

No faltaba únicamente un nombre.

Faltaba saber qué fuente estaba hablando.

Irene corrigió:

—Entonces no digamos que fue la última procedencia que no consiguió cerrar. Es la primera que no pudo cerrar después del tramo seguro.

Sebastián la miró.

—Sí. Es más exacto.

No sabían si después Almarza había conseguido demostrar datos aislados por otras vías.

Lo que sí podían establecer era que la continuidad material dejaba de ser demostrable allí.

Sebastián escribió:

ÚLTIMO TRAMO CONTINUO: COMPROBADO HASTA RECEPCIÓN PARA REMISIÓN.

Debajo:

RELACIÓN POSTERIOR: DOCUMENTADA.

PROCEDENCIA ANTERIOR DE ESA RELACIÓN: NO COMPROBADA.

DESTINO MATERIAL DEL VOLUMEN: NO DETERMINABLE DESDE ESA FUENTE.

Leandro leyó desde su asiento.

—Entonces Almarza no perdió el libro.

Sebastián levantó la vista.

—No.

—Perdió la posibilidad de demostrar qué documento seguía hablando del mismo libro.

—Exactamente.

Aquella era la formulación que necesitaban.

Decir que el Códice desapareció después de Diego Sánchez sería demasiado fuerte.

Las fuentes sugerían continuidad.

Lo que desaparecía era otra cosa.

La capacidad de unir cada noticia siguiente con una procedencia demostrable.

Irene permaneció mirando el esquema.

—Eso puede ser incluso peor para un investigador.

Mauro preguntó:

—¿Por qué?

—Porque cuando perdés un objeto sabés qué falta. Cuando perdés la relación entre documentos, podés tener varias piezas delante y no saber si hablan de la misma cosa.

Sebastián entendió que aquella frase resumía el problema de Almarza.

Había tenido copias y noticias.

También nombres y movimientos.

Lo que nunca consiguió reconstruir fue el vínculo suficiente para convertir todo aquello en una sola continuidad histórica.

Por eso había estado tan cerca.

Y por eso nunca afirmó haber encontrado el Códice.