BLOQUE 3
La indicación más importante no estaba dentro del cuaderno.
Apareció en una carpeta de Valvanera donde se habían conservado hojas sueltas clasificadas posteriormente como material de trabajo.
Sebastián reconoció la antigua numeración.
La hoja pertenecía a la misma secuencia de referencias exteriores, pero nunca había sido reintegrada al conjunto principal.
Contenía pocas líneas.
Arriba decía:
Última comprobación pendiente.
Mauro dejó de ordenar los papeles.
Irene se acercó.
Sebastián leyó:
No necesito demostrar todas las copias.
Después:
Necesito determinar de cuál procede la noticia de remisión que continúa la relación segura.
La siguiente línea establecía:
Si procede de la misma tradición, no añade tramo.
Y después:
Si procede de relación distinta y anterior, puede conservar entrega posterior.
Aquello condensaba toda la cuestión de dependencia.
Podían existir muchas copias.
Pero si todas descendían de una sola tradición ya conocida, el número no aumentaba el valor probatorio.
Solo una rama diferente podía aportar realmente un tramo nuevo.
La frase siguiente decía:
Comprobar procedencia institucional mencionada en carta.
Sebastián se detuvo.
Mauro habló primero.
—Ahí está.
Una procedencia institucional.
Todavía sin nombre.
Pero, por primera vez, Almarza indicaba de manera expresa que una carta mencionaba el origen institucional de una relación.
No era el destino del Códice.
Era el origen documental de la pieza capaz de conservar una posible continuación.
Irene preguntó:
—¿Qué carta?
Había una referencia abreviada.
No correspondía a la carta de 1893.
Era posterior.
Sebastián buscó en el repertorio.
La encontró registrada, pero no transcrita por completo:
Carta recibida. Describe procedencia de relación. No he podido cotejar documento.
Mauro señaló la frase.
—Otra noticia que no pudo verificar.
—Sí. Pero cumple una función distinta.
La carta de 1893 hablaba de una posible entrega posterior.
Esta otra parecía explicar de dónde provenía una relación que conservaba aquella noticia.
El problema había cambiado.
Almarza ya no estaba preguntando principalmente qué decía la fuente.
Preguntaba de dónde procedía.
Sebastián siguió leyendo la hoja suelta:
No incorporar hasta comprobar que la referencia institucional corresponde a la misma relación.
Después:
Si coincide, será la última procedencia segura antes del tramo que no puedo seguir.
Los cuatro permanecieron callados.
La arquitectura final aparecía con claridad.
Almarza intentaba establecer el último punto hasta donde podía sostener documentalmente la procedencia.
Todo lo posterior debía permanecer aparte.
Leandro preguntó:
—¿Hay algo más?
La última línea decía:
No dejar como destino lo que solo es siguiente lugar de comprobación.
Irene respiró lentamente.
Aquello era decisivo.
El lugar donde una fuente debía comprobarse no era automáticamente el destino del volumen.
Una ciudad podía aparecer como siguiente punto documental sin convertirse por eso en estación material del Códice.
Ese límite debía mantenerse intacto.
En el reverso había otra frase:
Si no llego a verificarla, escribir solamente qué falta.
Sebastián permaneció mirando las palabras.
Almarza no quería dejar un mapa.
Tampoco una localización sospechada.
Quería dejar una carencia identificable.
La pieza faltante.
La procedencia que no había podido cerrar.
La comprobación que debía realizar quien continuara.
Irene preguntó:
—Entonces el título de esta hoja no significa que decidiera abandonar.
Sebastián negó.
—No hay evidencia de abandono voluntario.
Seguía pidiendo copias.
Seguía esperando respuestas.
Había escrito Para continuar cuando pueda.
La investigación había quedado interrumpida.
No cerrada por decisión.
Sebastián ordenó las instrucciones.
Primero había que separar libro y noticia.
Después determinar dependencia entre las copias.
Luego establecer la procedencia institucional.
Solo entonces decidir si la remisión pertenecía realmente al volumen y, finalmente, seguir el lugar de la entrega.
Ese era el orden que Almarza había dejado.
No podían invertirlo.
Mauro preguntó:
—¿En qué punto estamos nosotros?
Sebastián señaló la hoja.
ESTABLECER PROCEDENCIA INSTITUCIONAL.
Por primera vez sabían exactamente qué debían buscar sin conocer todavía la localidad a la que podía conducirlos.
Eso era mejor.
Una ciudad hallada antes de la procedencia habría sido una tentación.
Una clase precisa de fuente, en cambio, podía llevarlos hacia ella con fundamento.
Leandro cerró el inventario familiar.
—¿Y mis copias?
—Por ahora quedan donde están —respondió Sebastián—. Ya cumplieron la función necesaria para esta etapa.
Habían demostrado la existencia de una tradición familiar sobre la remisión.
También que Almarza había tenido acceso parcial a ella.
Pero el avance siguiente no dependía de seguir extrayendo explicaciones del archivo Velasco.
Necesitaban encontrar la procedencia institucional mencionada en la carta posterior.
Leandro lo aceptó.
Su archivo no podía convertirse en respuesta universal.
Mauro reunió las referencias.
—Entonces buscamos esa carta.
Sebastián negó ligeramente.
—Primero fijamos exactamente qué logró demostrar Almarza y qué quedó afuera. Después seguimos la referencia.
La diferencia parecía pequeña.
No lo era.
Si no establecían primero el límite, podían interpretar cualquier dato nuevo como si Almarza ya hubiera llegado hasta él.
Irene devolvió con cuidado la hoja suelta a su funda.
Antes de cerrar la carpeta, Sebastián volvió a leer:
Si no llego a verificarla, escribir solamente qué falta.
Almarza había cumplido.
No convirtió una sospecha en legado.
No rellenó el vacío con la respuesta que más deseaba.
Dejó indicado qué debía comprobarse.
Y, más de un siglo después, la investigación había llegado exactamente hasta allí.
No al lugar donde estaba el Códice.
Al punto donde terminaba la certeza.