CAPÍTULO 28 Huellas de una búsqueda que no terminó
BLOQUE 1
La primera huella no estaba en una respuesta.
Estaba en una petición repetida.
Sebastián la descubrió al colocar en una única secuencia cronológica las últimas referencias del archivo Velasco y las páginas tardías del Cuaderno de Procedencias de Julián de Almarza.
Hasta entonces habían leído cada anotación como una incidencia separada: una carta enviada, una copia solicitada, una relación citada por un corresponsal, una signatura que había dejado de servir.
Ordenadas por fecha mostraban algo diferente.
Almarza no había abandonado la pista después de la carta de 1893.
Había continuado trabajando sobre ella durante años.
Sus posibilidades de desplazarse parecían reducirse con el tiempo y, en consecuencia, dependía cada vez más de personas que consultaban documentos en su nombre. Pero la investigación seguía activa.
Irene permaneció junto a la mesa mientras Sebastián distribuía las reproducciones.
Mauro cotejaba las respuestas conservadas por los Velasco.
Leandro se mantenía apartado y solo intervenía cuando necesitaban reconstruir alguna referencia interna del archivo familiar.
La primera petición de Almarza ya la conocían:
Solicito copia completa de la relación posterior a Diego Sánchez, con encabezamiento, nombre abreviado, nota de entrega y cualquier indicación de procedencia.
Meses después había escrito otra.
Más precisa:
Si no fuese posible copiar la relación entera, ruego se transcriban las líneas desde el último nombre cierto hasta la primera entrega posterior.
Sebastián colocó las dos solicitudes juntas.
—Ya había reducido el problema.
Mauro asintió.
Al principio quería el documento completo.
Cuando comprendió que quizá nunca llegaría a sus manos, empezó a pedir solo el tramo imprescindible para comprobar la continuidad.
Una tercera petición revelaba hasta qué punto entendía el peligro de recibir una copia demasiado interpretada:
No desarrollar abreviaturas. Copiarlas tal como se encuentren.
Irene pasó lentamente la vista por la frase.
—No quería que otro resolviera por él lo que el documento no resolvía.
—Exactamente.
Un corresponsal bienintencionado podía transformar una abreviatura ambigua en un apellido completo y borrar para siempre la frontera entre lectura y conjetura.
Almarza necesitaba recibir la dificultad.
No una solución ya preparada.
Sebastián continuó ordenando fechas.
Algunas solicitudes habían sido dirigidas a una misma persona.
Otras utilizaban intermediarios diferentes.
Cuando un acceso parecía cerrarse, Almarza buscaba otra vía para llegar a la misma documentación.
Las anotaciones eran sobrias:
No responde. Preguntar por otra persona que conozca la serie.
La signatura ya no corresponde. Pedir equivalencia.
No viajar sin confirmar existencia de la relación.
Buscar inventario anterior.
Mauro levantó una de las hojas.
—No dejó de buscar. Cambió el modo de acceder.
Eso era exactamente lo que la cronología mostraba.
La dificultad documental no había puesto fin a la investigación.
Había obligado a modificarla.
Una página posterior contenía tres objetivos:
Confirmar existencia de la relación.
Saber dónde fue producida o de qué papeles procede.
Determinar si la remisión se refiere al volumen.
Sebastián se quedó mirando.
Almarza todavía no preguntaba por un destino final.
Antes de avanzar necesitaba saber que la fuente existía, situarla dentro de una procedencia y establecer qué objeto había sido realmente remitido.
Irene dijo:
—No buscaba primero una dirección.
—No.
Eso era fundamental.
Una ciudad aparecida demasiado pronto podía convertirse en una trampa.
Si una copia había terminado en determinado archivo, un investigador podía confundir el lugar donde sobrevivía la noticia con el lugar por donde había pasado el volumen.
Sebastián recordó la regla que ya había atravesado toda la investigación:
El mapa de las copias no es el mapa del libro.
Las últimas gestiones de Almarza parecían orientadas precisamente a encontrar un punto donde ambos mapas pudieran tocarse sin ser confundidos.
Una hoja lo mostraba con una sencillez casi geométrica.
Arriba:
Relación — recibida fuera de La Rioja — procedencia anterior por determinar.
Debajo:
Volumen — último receptor/portador material probado: D. S. — continuación probable, no demostrada.
Sebastián se detuvo en la segunda línea.
La formulación debía interpretarse dentro de la reconstrucción completa.
Diego Sánchez era el último receptor o portador material que podían demostrar antes del vacío posterior.
Eso no lo convertía en responsable formal general.
La responsabilidad formal seguía en Gonzalo de Pancorbo mientras no apareciera un relevo explícito.
Entre las dos líneas Almarza había dibujado una flecha.
En el centro:
¿Misma remisión?
Sebastián permaneció inmóvil.
Todo el problema estaba allí.
Si la remisión de las copias exteriores pertenecía al mismo acto posterior a Diego Sánchez, la historia material podía avanzar.
Si no, solo estaban delante de otra rama documental.
Mauro colocó junto a la hoja la carta catorce del archivo Velasco.
—Álvaro tenía prácticamente la misma dificultad.
—Sí.
Pero Almarza había llevado más lejos la clasificación de las fuentes.
No solo señalaba qué quería saber.
Había empezado a definir qué prueba necesitaba antes de aceptar un nuevo tramo.
Leandro preguntó:
—¿Nunca recibió la copia completa?
Sebastián revisó la secuencia.
—No encontramos ninguna constancia de que haya llegado a sus manos.
—¿Eso significa que no llegó?
—Significa únicamente que no podemos demostrarlo.
Leandro aceptó.
Las reglas del acuerdo empezaban a impregnar incluso el lenguaje de las conversaciones.
Irene encontró una hoja posterior.
La escritura de Almarza era menos regular, aunque Sebastián se negó a convertir el trazo en diagnóstico.
Podía haber sido prisa.
Otro lugar de escritura.
Fatiga.
No tenían por qué saberlo.
El texto decía:
La relación que busco quizá ya no se encuentre bajo la forma en que fue descrita. Preguntar por las copias que nacieron de ella.
Sebastián sintió que la investigación cambiaba nuevamente de escala.
Almarza empezaba a asumir que la relación concreta podía no ser recuperable.
En lugar de abandonar la búsqueda, siguió los descendientes documentales que aquella relación hubiera producido.
No porque creyera que todas las copias tuvieran el mismo valor.
Porque una de ellas podía conservar el fragmento perdido.
Mauro dijo:
—Esto explica la cantidad de referencias exteriores que aparecen después.
—Sí.
La búsqueda se expandió cuando la pieza central dejó de ser localizable.
Almarza empezó a seguir sus huellas.
Una relación citada en un inventario.
Una copia conocida por un estudioso.
Un extracto dentro de una correspondencia.
Una referencia marginal.
Un nombre asociado a una vieja fórmula de entrega.
Ninguna pieza servía por sí sola.
Pero cada una podía señalar el documento siguiente.
Aun así, Almarza no convirtió esa expansión en una ruta física.
Lo dejó escrito:
Seguir las copias para encontrar la relación. No seguirlas como si fueran el libro.
Sebastián leyó la frase en voz alta.
Irene asintió.
Aquella era la frontera exacta.
Todavía no estaban reconstruyendo un desplazamiento completo del Códice.
Estaban siguiendo cómo un investigador del siglo XIX había intentado reconstruirlo sin confundir sus fuentes con el objeto.
Mauro tomó otra página.
Había cinco consultas, separadas por años.
Todas se relacionaban con la misma procedencia exterior.
Una decía:
Respuesta insuficiente.
Otra:
Confirma copia, no origen.
Más adelante:
No sabe dónde se halla ahora.
Después:
Indica relación más al norte.
La última solo contenía una palabra:
Esperar.
Sebastián permaneció en silencio.
La búsqueda de Almarza nunca había sido una sucesión limpia de hallazgos.
Había esperado meses y, a veces, años.
Había pedido documentos que no llegaron.
Recibido respuestas que resolvían algo distinto de lo que necesitaba.
Encontrado personas capaces de recordar una copia, pero no su procedencia.
Localizado inventarios que hablaban de relaciones ya desaparecidas de su antigua clasificación.
A pesar de eso, el problema se hacía cada vez más preciso.
Irene lo dijo:
—Cuanto menos podía comprobar, más estrecha se volvía su pregunta.
Era cierto.
Las primeras páginas contenían cuestiones amplias.
Las últimas parecían herramientas de disección.
¿Quién recibió después de Diego?
¿Recibió el volumen o una relación?
¿La copia exterior conserva el mismo acto?
¿De qué documento procede la remisión?
¿Dónde termina la última procedencia comprobable?
Sebastián se detuvo en esta última.
Ahí estaba la evolución final.
Almarza ya no buscaba dónde estaba el libro.
Buscaba hasta dónde podía seguirse sin romper la evidencia.
Mauro miró la secuencia de solicitudes.
—Entonces su búsqueda no termina cuando deja de encontrar papeles.
—No.
—Termina donde deja de poder demostrar el vínculo siguiente.
Sebastián asintió.
Y todavía debían determinar exactamente dónde había quedado ese límite.