BLOQUE 3
La huella apareció en una anotación mínima.
Estaba escrita en el reverso de una copia de consulta:
Comprobar con relación de tránsito conservada en archivo del norte.
Mauro la leyó dos veces.
—“Archivo del norte”.
Sebastián asintió.
No había ciudad.
Tampoco institución.
Pero era la primera expresión inequívoca donde la orientación no dependía de una interpretación moderna.
Álvaro había usado esas palabras.
La nota aparecía junto a una referencia a la secuencia que partía de Diego Sánchez.
La pregunta era de dónde había obtenido la indicación.
Había una remisión:
véase carta 14
Leandro consultó el inventario.
La carta existía.
El corresponsal respondía a una consulta de Álvaro sobre una relación de entregas.
Explicaba que no podía enviar el documento completo, pero que había comparado su secuencia con:
otra relación conservada en un archivo situado más al norte
La carta continuaba:
En ella se repiten los dos últimos nombres y se añade una remisión que no figura en la copia que usted me transcribe.
Sebastián sintió un avance auténtico.
Dos nombres compartidos.
Después, información nueva.
Eso era exactamente el tipo de solapamiento que estaban buscando.
Mauro dijo:
—Entonces la copia norteña prolongaba la secuencia.
Sebastián corrigió:
—Según el corresponsal, sí.
Todavía no tenían la relación.
Pero la noticia estaba mejor contextualizada que muchas anteriores.
El hombre había comparado documentos que tuvo delante.
No estaba repitiendo una tradición oral.
Irene preguntó:
—¿Dice qué nombres?
No completos.
La carta utilizaba iniciales porque Álvaro ya conocía la secuencia.
Una correspondía a Diego Sánchez.
La otra coincidía con la abreviatura posterior.
Sebastián sintió que el margen de incertidumbre se reducía.
No podían identificar al receptor.
Pero sabían que una relación conservada más al norte compartía el punto de enlace y añadía una remisión.
Mauro dijo:
—Éste sí es el solapamiento.
—Es una noticia documentada de solapamiento.
Todavía faltaba la pieza.
La carta añadía:
No me atrevo a afirmar que el libro llegase al lugar donde hoy se conserva la relación, pues la propia pieza parece copia.
Sebastián sonrió apenas.
El propio corresponsal había comprendido la diferencia.
El archivo del norte contenía una copia.
Eso no demostraba que el Códice hubiera estado allí.
La frase siguiente era aún más útil:
La remisión que añade parece referirse al volumen, aunque el nombre del receptor queda abreviado.
Otra vez la abreviatura.
La rama septentrional no resolvía la identidad.
Pero parecía conservar movimiento material.
Sebastián comparó con la copia familiar.
La familiar decía:
recibe para remitir
La relación norteña, según el corresponsal, añadía la remisión.
Si ambas pertenecían al mismo episodio, podían representar extremos distintos de un mismo acto.
Recepción y posterior envío.
Eso reduciría mucho la incertidumbre.
Pero seguían sin demostrar que ambas tradiciones describieran exactamente el mismo tránsito.
Almarza había escrito algo muy parecido:
Una noticia dice que recibe para hacer seguir. Otra parece conservar que fue hecho seguir. Si pertenecen al mismo acto, falta solamente identificar destino y receptor. No puedo demostrar que pertenezcan al mismo acto.
Mauro se recostó.
—Lo tenía.
Sebastián negó.
—Tenía formulado el problema.
No la solución.
La diferencia importaba.
Almarza había visto la posible unión.
No tuvo los documentos suficientes para probarla.
Ellos disponían ahora de la carta conservada por Álvaro, la copia familiar y los cuadernos de Valvanera.
Piezas que ninguno de los investigadores del siglo XIX había tenido juntas.
Irene preguntó:
—¿Alcanza para cerrar algo?
Sebastián tardó un instante.
—Alcanza para reducir posibilidades.
Nada más.
Las hipótesis seguían abiertas.
Podía tratarse del mismo acto documentado desde dos perspectivas.
También de dos movimientos consecutivos.
Una de las relaciones podía ser una síntesis posterior.
O ambas podían descender de una fuente común perdida.
Leandro preguntó:
—¿Qué hace falta?
—Rastrear la relación del norte.
—¿Hasta encontrarla?
—Hasta encontrarla o hasta poder demostrar dónde se pierde.
Era exactamente el tipo de límite que había detenido a Almarza.
Ahora ellos entraban en la misma fase, pero con un conjunto documental más amplio.
Mauro volvió a la carta.
Había una posdata:
Si no logro obtener copia completa, intentaré averiguar al menos la procedencia de la relación y el lugar del que dice haber sido remitida.
Sebastián levantó la vista.
Aquello era diferente.
No se refería al lugar donde la copia estaba archivada.
Preguntaba por el lugar del que la relación decía haber sido remitida.
Eso podía acercarlos por primera vez a la geografía del hecho.
Leandro buscó si existía una respuesta posterior.
Había otra carta.
El corresponsal explicaba que no había conseguido una reproducción completa.
Pero sí había podido leer una nota de procedencia asociada.
La frase decía:
Procede de papeles recibidos desde una casa situada al norte del último punto riojano que usted menciona.
Mauro exhaló.
—Otra vez norte.
—Sí.
Pero ahora la orientación se refería a la procedencia declarada de la propia relación, no simplemente al archivo donde terminó.
Era un avance.
No demostraba que el Códice hubiese viajado en esa dirección.
Sí demostraba que una tradición documental relacionada con su tránsito declaraba proceder de un punto más septentrional.
Sebastián escribió:
COPIA NORTEÑA — PROCEDENCIA DECLARADA HACIA EL NORTE: PROBABLE
Debajo:
VOLUMEN — MISMA DIRECCIÓN: TODAVÍA NO DEMOSTRADA
Irene observó las dos líneas.
—Los mapas están empezando a acercarse.
Sebastián asintió.
Todavía no se tocaban.
Pero por primera vez las referencias externas no se abrían en todas direcciones.
Empezaban a formar una orientación repetida.
No una ruta.
Tampoco un destino.
Solo una dirección que reaparecía en copias diferentes, en notas de Álvaro, en correspondencia externa y también en las reservas metodológicas de Almarza.
Hacia el norte.
Sebastián cerró la carpeta.
El siguiente paso no sería elegir una ciudad.
Tampoco imaginar adónde quería llevarlos esa dirección.
Tendrían que seguir las marcas de quienes ya habían intentado reconstruirla antes.
Porque antes de descubrir hasta dónde llegaban aquellas copias, necesitaban entender hasta dónde habían conseguido seguirlas los investigadores que dejaron las preguntas abiertas.