BLOQUE 3
La última serie que revisaron contenía el apellido Velasco varias veces.
No era una revelación.
Ya conocían a Fernando.
Lo nuevo era comprobar que el apellido aparecía en documentos de fechas y funciones diferentes.
Sebastián detuvo cualquier conclusión.
—No asumamos que todo pertenece a una misma continuidad.
Mauro levantó las manos.
Irene sonrió.
La primera referencia correspondía a Fernando:
CERTIFICA / CONSERVA COPIA
La segunda mencionaba a un Juan de Velasco.
La existencia de parentesco familiar, cuando pudiera demostrarse, no permitía trasladar automáticamente funciones.
La referencia decía:
Papeles recibidos por mano de Juan de Velasco.
Mauro preguntó:
—¿Los recibió él o los entregó?
—La fórmula no alcanza para decidirlo.
Necesitaban contexto.
Una relación posterior hablaba de:
papeles antiguos que habían quedado entre documentos de familia
Eso demostraba conservación familiar de papeles.
No del Códice.
Almarza escribió:
No confundir con Fernando.
Después:
La familia conserva más de una relación.
Sebastián permaneció sobre la frase.
La noticia no demostraba una búsqueda familiar organizada.
Tampoco una cadena de custodia material del manuscrito.
Solo indicaba que el archivo familiar había reunido más de un documento relacionado con antiguas procedencias.
Irene preguntó:
—¿Sabemos cómo llegaron a Juan?
Sebastián siguió las referencias.
Una parte podía tener relación con documentación ya conservada por Fernando.
Otra aparecía registrada como recibida posteriormente.
No había suficiente información para reconstruir el proceso completo.
Almarza había dejado interrogaciones.
Mauro dijo:
—Entonces el fondo familiar fue acumulando documentación.
—Eso parece.
—Durante mucho tiempo.
Sebastián corrigió:
—Sabemos que piezas de épocas diferentes terminaron asociadas al archivo familiar. No podemos reconstruir todavía todos los momentos de incorporación.
La diferencia evitaba transformar el estado final del fondo en una historia inventada de formación continua.
Almarza escribió:
Archivo familiar no equivale a archivo formado de una sola vez.
Irene asintió.
Un fondo privado podía acumular documentos mediante herencias o correspondencia.
También por adquisiciones legítimas, intercambios y actividad profesional.
Cada pieza podía tener una historia propia.
La tercera referencia al apellido era posterior.
No mencionaba ningún Códice.
Decía:
Se solicitó consulta de antiguas relaciones conservadas por los Velasco.
Almarza intentó averiguar cuáles.
La respuesta parcial fue:
Papeles de procedencia monástica, copias de relaciones y correspondencia antigua.
Nada más.
Pero bastaba para confirmar que el archivo familiar continuaba existiendo en su época.
Mauro preguntó:
—¿Almarza lo consultó completo?
Sebastián buscó.
No había constancia suficiente.
Existían referencias y algunas noticias recibidas.
Quizá extractos.
No podían afirmar que hubiese tenido acceso directo al conjunto.
Eso era importante.
Si el fondo conservaba documentos que él conoció solo mediante referencias parciales, podía contener información nunca comprobada por el propio Almarza.
La posibilidad existía.
No era todavía una conclusión.
Irene preguntó:
—¿Sabemos qué clase de piezas tenía?
—Algunas.
Un extracto de relación.
Una copia de certificación.
Correspondencia sobre antiguas procedencias.
Nada que demostrara propiedad del volumen.
Sebastián escribió:
VELASCO — ARCHIVO DOCUMENTAL / RELACIÓN MATERIAL CON EL CÓDICE NO DEMOSTRADA
Eso quedaba fijado.
Mauro puso entonces sobre la mesa una referencia contemporánea.
No describía un delito.
Tampoco una compraventa irregular.
Era una noticia sobre una consulta privada de autenticidad realizada años atrás respecto de documentos familiares.
Sebastián lo miró.
—¿Desde cuándo la tenés?
—Desde ayer.
—¿Por qué esperaste?
—Quería comprobar primero si el apellido aparecía en los papeles de Almarza sin empujarnos nosotros hacia esa conclusión.
Irene tomó la hoja.
La referencia moderna hablaba de varios documentos familiares.
Entre ellos:
copias antiguas relativas a procedencias monásticas y entregas de manuscritos
Nada permitía extraer más.
No había ilegalidad demostrada.
Ni ocultamiento.
Tampoco fundamento para intervenir.
Sebastián preguntó:
—¿Quién pidió la evaluación?
Mauro negó.
—Con lo que tengo no puedo atribuirlo con seguridad.
—Entonces no lo hacemos.
La única conclusión posible era que un fondo documental vinculado al apellido Velasco parecía haber sobrevivido hasta época reciente.
Irene observó la tabla.
—Si existe todavía, podría contener piezas que Almarza nunca vio.
—Puede.
—Y si las conserva legítimamente, necesitamos tratarlo como un archivo privado legítimo.
Mauro asintió.
Sebastián permaneció callado.
La historia que acababan de reconstruir impedía cualquier simplificación cómoda.
Una familia podía haber heredado copias auténticas durante generaciones sin haber sustraído jamás un manuscrito.
Irene volvió a la frase de Almarza:
Una familia puede heredar una noticia sin haber heredado el objeto del que procede.
—Ésta sigue siendo la clave.
Sebastián asintió.
Eso significaba que, si en algún momento necesitaban consultar documentación conservada por Leandro Velasco, hacerlo no equivaldría a aceptar ninguna pretensión de propiedad sobre el Códice.
Podían necesitar una fuente.
Y discrepar por completo sobre las consecuencias.
Mauro dijo:
—¿Querés que averigüe qué documentación familiar ha sido estudiada o declarada?
Sebastián respondió:
—Solo mediante vías normales y autorizadas.
—Por supuesto.
—Nada de intentar acceder a lo que no sea público o nos permitan consultar.
—De acuerdo.
Irene añadió:
—Y si finalmente necesitamos una pieza que solo pueda mostrarnos la familia...
Sebastián no terminó la frase.
Todavía no sabían si esa colaboración sería necesaria.
Primero debían establecer qué nombres y noticias sobrevivían realmente en archivos distintos.
Volvieron a las notas de Almarza.
Una última observación decía:
Los nombres sobreviven de manera distinta según el lugar donde quedan los papeles. No atribuir al poseedor actual del documento la historia completa de aquello que el documento recuerda.
Sebastián la leyó dos veces.
Era una advertencia particularmente útil.
Irene cerró el cuaderno.
—Hoy hicimos algo importante.
Mauro preguntó:
—¿Qué?
—Dejamos de confundir a las personas con las cosas que conservan.
Sebastián miró la hoja inicial.
Custodios.
Copistas.
Transportistas.
Testigos.
Personas que habían certificado.
Propietarios de documentos.
Conservadores de noticias.
Durante siglos, las relaciones tardías podían mezclarlos hasta producir una única cadena falsa.
Almarza había trabajado precisamente para separarlos.
El Códice no aparecía como un objeto transmitido ordenadamente de propietario en propietario.
Al menos, ninguna fuente que poseían permitía contar esa historia.
Lo que sí podía reconstruirse era una sucesión de actos y responsabilidades.
Uno transportó.
Otro recibió.
Alguien certificó.
Otro copió.
Una familia conservó papeles.
Un archivero clasificó aquellos documentos.
Años después, un investigador volvió a compararlos.
Cada acción había dejado una huella diferente.
Sebastián borró de una hoja una palabra que había utilizado demasiado durante la mañana:
POSEEDORES
En su lugar escribió:
PERSONAS VINCULADAS A LA HISTORIA DOCUMENTAL
Era menos cómodo.
Mucho más exacto.
Pasó después a otra sección del repertorio.
Los mismos nombres volvían a aparecer.
Pero Almarza ya no los había agrupado por función.
Los había distribuido según los fondos donde sobrevivían sus noticias.
San Millán.
Nájera.
Valvanera.
Archivos familiares.
Copias remitidas fuera de La Rioja.
Correspondencia de investigadores.
Relaciones que él solo había conocido indirectamente.
Sebastián entendió el movimiento.
Después de separar correctamente qué había hecho cada persona, Almarza había comenzado a reconstruir dónde seguía existiendo cada noticia.
No para crear una genealogía de propietarios.
Para reconstruir una genealogía documental.
La información seguía dispersa.
Pero por primera vez tenían una forma suficientemente precisa de empezar a reunirla sin confundir los papeles con el volumen al que hacían referencia.