El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) BLOQUE 2
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El problema se volvió más complejo cuando encontraron dos copias que parecían contradecirse.

Una atribuía una entrega a Martín de Arce.

La otra vinculaba a Ferrán de Ojacastro con el mismo movimiento.

Mauro reaccionó enseguida.

—La primera debe ser la correcta.

Sebastián lo miró.

—¿Por qué?

—Porque coincide con lo que ya reconstruimos.

—Eso no alcanza.

Era precisamente el razonamiento que debían evitar.

Aceptar la fuente que confirmaba la hipótesis y descartar la que la complicaba era la forma más rápida de construir una historia cómoda.

Irene comparó las dos versiones.

—Puede que no estén hablando de la misma función.

Sebastián volvió al vocabulario.

Una decía:

por mano de Ferrán

La otra:

entregado por Martín de Arce

No eran expresiones equivalentes.

Mauro asintió.

—Ferrán puede intervenir en el traslado.

—Sí.

—Y Martín de Arce realizar la entrega.

—Eso es compatible. Pero primero hay que comprobarlo con el resto de la documentación.

Almarza había llegado a la misma distinción.

No oponer nombres antes de comprobar función.

Más adelante:

F. interviene en tránsito. M. figura como responsable de la entrega. No hay contradicción necesaria.

Sebastián sonrió.

Aquello mostraba otro tipo de pérdida documental.

Una copia podía conservar un nombre y perder la función.

Cuando ocurría, dos personas relacionadas con un mismo acontecimiento parecían competir por el mismo papel.

La simplificación creaba una contradicción que quizás nunca había existido.

Irene dijo:

—Cuando se pierde el contexto, el dato que sobrevive puede cambiar de sentido.

Sebastián asintió.

Un nombre sin función podía terminar interpretado como custodio o transportista según las expectativas de quien lo leyera.

Podía incluso convertirse en propietario.

Por eso habían necesitado depurar toda la cadena.

Encontraron otro ejemplo.

Una relación tardía decía que Fernando de Velasco:

tuvo noticia del volumen

Otra copia posterior resumía:

tuvo el volumen

Mauro levantó la cabeza.

La diferencia era enorme.

Sebastián regresó a la fuente anterior.

Fernando había actuado como testigo de una relación recibida y conservaba una copia.

No existía prueba de contacto material con el Códice.

La transmisión tardía había convertido conocimiento documental en posesión.

Irene negó lentamente.

—Una palabra.

—Y cambia completamente la función.

Sebastián escribió:

CONOCER ≠ TENER

Almarza también había detectado el problema:

El verbo de copia tardía no debe prevalecer sobre función demostrada por documento próximo.

La regla resultaba especialmente importante para cualquier apellido que reapareciera en documentación posterior.

Conservar noticias no equivalía a haber custodiado el manuscrito.

Mauro preguntó:

—Entonces una copia puede ser auténtica y estar equivocada.

—Claro.

—Auténtica como documento.

—Sí. La autenticidad material no garantiza exactitud histórica.

Una copia podía conservar una interpretación equivocada.

También una simplificación.

Una memoria deformada.

Irene añadió:

—Y una copia tardía puede hacer lo contrario: conservar correctamente algo de un original perdido.

—Exactamente.

Por eso la fecha por sí sola tampoco resolvía la jerarquía.

Pasaron a una relación del siglo XVIII.

El documento era auténtico.

Su autor había intentado reconstruir una secuencia anterior utilizando papeles ya antiguos.

En varios puntos parecía correcto.

En otro había unido dos personas con el mismo apellido.

Almarza logró separarlas mediante cronologías y documentación notarial.

Mauro señaló:

—Entonces no falsificó nada.

—No.

—Se equivocó.

—Sí.

Y el error fue repetido después.

Almarza escribió:

La antigüedad de un error no lo convierte en procedencia.

Sebastián dejó la frase visible.

Una tradición podía tener siglos y seguir siendo una reconstrucción equivocada.

La siguiente copia presentaba el problema inverso.

Parecía demasiado tardía para resultar importante.

Sin embargo, Almarza consiguió establecer que el redactor había trabajado sobre una carta antigua que posteriormente desapareció.

La copia tardía se había convertido en único testimonio de una fuente mejor.

Irene observó:

—Entonces no podemos degradarla solamente por fecha.

—No.

La pregunta correcta era otra.

¿Qué tuvo delante quien copió?

De qué documento dependía.

Cuántas intermediaciones existían.

Y qué podía demostrarse de esa relación.

Sebastián encontró una frase:

La mejor copia no es siempre la más antigua. Es la que puedo situar mejor respecto de su fuente.

Mauro dijo:

—Suena contradictorio.

—Solo si confundimos antigüedad con proximidad documental.

Una copia relativamente tardía podía derivar directamente de un original antiguo.

Otra, más temprana, podía haber pasado por varias intermediaciones.

La distancia real no era simplemente cronológica.

Era genealógica.

Eso explicaba por qué Almarza había necesitado años.

Reunir copias era la parte sencilla.

Reconstruir qué dependía de qué era el trabajo verdadero.

En otra página aparecían cuatro versiones de una misma noticia.

Almarza había señalado:

Directa de relación antigua, según copista.

Derivada de la anterior.

Origen desconocido.

Compuesta con dos relaciones.

Cuatro documentos.

Una noticia central.

Pero cuatro valores distintos.

Mauro preguntó:

—¿Cuál usa?

—Todas. Para cosas diferentes.

La primera servía para aproximarse a una fuente antigua.

La segunda para estudiar transmisión.

La tercera permanecía como posible línea independiente pendiente de comprobación.

La cuarta permitía entender cómo tradiciones distintas habían sido reunidas después.

Ninguna era inútil.

Tampoco intercambiable.

Irene permaneció sobre la última.

—Las compuestas son las más peligrosas.

—Porque parecen saber más.

—Exactamente.

Podían contar una historia muy completa porque integraban información procedente de varias líneas.

Si se las confundía con una fuente antigua única, fabricaban una continuidad demasiado perfecta.

Almarza había escrito:

Desconfiar de la relación que resuelve todas las dificultades si no puede demostrarse de dónde obtuvo cada solución.

Sebastián sonrió.

Mauro respondió:

—No le gustaban las respuestas fáciles.

—A la documentación tampoco.

El resultado era incómodo.

Ninguna copia podía elegirse como versión definitiva del conjunto.

Sebastián escribió:

NINGUNA COPIA MANDA SObrE LAS DEMÁS.

Irene negó.

—Para algunos datos, unas pesan más que otras.

Sebastián corrigió:

NINGUNA COPIA RESUELVE POR SÍ SOLA EL CONJUNTO.

Eso sí.

Cada afirmación debía sostenerse con la fuente adecuada para esa afirmación concreta.

Y cuanto más comprendían esa lógica, más claro resultaba por qué el final de la cadena había sido tan difícil para Almarza.

En los tramos anteriores muchas copias podían corregirse unas a otras.

Después de Diego Sánchez, la densidad documental disminuía.

Las funciones se volvían más ambiguas.

Los nombres eran menos seguros.

Las procedencias resultaban más difíciles de conectar.

El mecanismo comparativo perdía fuerza precisamente donde más lo necesitaba.