El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) CAPÍTULO 9 El hombre que estuvo cerca del códice
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CAPÍTULO 9 El hombre que estuvo cerca del códice

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Sebastián no abrió ninguno de los dos cuadernos durante los primeros minutos de aquella mañana.

Sobre la mesa había dispuesto únicamente reproducciones.

No estaban ordenadas por archivo ni por fecha de conservación. Tampoco seguían el orden en que ellos las habían localizado.

Sebastián intentaba reconstruir otra cosa.

La secuencia probable en que Julián de Almarza había empezado a relacionarlas.

Irene comprendió lo que hacía antes de preguntarlo.

—Querés encontrar el momento en que dejó de buscar textos.

Sebastián negó.

—Nunca dejó de buscarlos.

—Entonces el momento en que empezó a buscar algo más.

—Eso.

Mauro dejó su chaqueta en el respaldo de una silla.

—¿Y cómo reconstruimos lo que estaba buscando un hombre que murió hace más de un siglo?

Sebastián señaló las reproducciones.

—Por las preguntas que empezó a escribir.

Ese cambio llevaba varios días inquietándolo.

Las notas más antiguas de Almarza se ocupaban de palabras, grafías y dependencias entre copias. Después empezaban a aparecer características materiales. Más adelante se incorporaban personas y funciones.

Finalmente surgían entregas y responsabilidades.

No había una página que marcara el comienzo de una nueva investigación.

Precisamente por eso necesitaban reconstruir la transición.

Sebastián colocó tres notas sobre la mesa.

La primera:

Comparar formas conservadas en copia tardía con papeles de procedencia emilianense.

La segunda:

Averiguar de qué libro se tomaron los nombres anotados al margen.

La última:

No basta seguir las palabras. Debo saber qué volumen contenía originalmente las relaciones.

Mauro leyó la tercera dos veces.

—Ahí está.

Sebastián negó.

—Ahí sabemos que busca un volumen que explique esas relaciones. Todavía no sabemos que sea el mismo que estamos siguiendo nosotros.

Irene asintió.

Aquella diferencia era necesaria.

Podían demostrar que Almarza terminó persiguiendo un objeto concreto sin imponerle retrospectivamente la identidad que ellos utilizaban.

El manuscrito que ahora llamaban Códice de San Millán podía haber tenido otras denominaciones.

O ninguna estable.

En un inventario podía ser simplemente libro antiguo.

Otra fuente podía describirlo como volumen de pergamino.

En una carta podía aparecer como libro incompleto.

Incluso una relación podía mencionar solo las anotaciones asociadas sin nombrar el cuerpo principal del volumen.

Sebastián escribió:

OBJETO ≠ NOMbrE DEL OBJETO

Mauro miró.

—Otra regla.

—Las que hagan falta.

Comenzaron por una nota de 1884.

Almarza todavía trabajaba principalmente sobre formas lingüísticas.

Había recibido una copia de voces antiguas atribuidas de forma imprecisa a papeles emilianenses y escribió:

No atribuir a Berceo ni a su tiempo sin conocer edad de la copia.

Aquello ya lo conocían.

Pero debajo aparecía una pregunta:

¿De dónde copió esto quien hizo la relación?

Sebastián señaló.

—Acá empieza el movimiento.

Almarza ya no preguntaba solamente cuándo se había escrito una copia.

Preguntaba de dónde procedía.

En 1885 otra hoja decía:

La copia contiene nombres que no forman parte del texto principal. Parecen proceder de otra relación.

Más abajo:

Buscar documento del que fueron tomados.

Mauro dijo:

—Todavía puede ser cualquier fuente.

—Exactamente.

Meses después una carta procedente de San Millán mencionó:

un libro antiguo del que se habían sacado noticias de entregas y personas.

Almarza subrayó libro.

En el margen añadió:

¿El mismo del que proceden las voces?

Sebastián sonrió ligeramente.

Había aparecido una hipótesis.

Nada más.

Almarza se preguntaba si dos líneas de investigación mantenidas hasta entonces por separado podían tener un antecedente común.

Irene observó:

—No escribe “sí”.

—No.

—Ni siquiera “probable”.

—Todavía no.

La pregunta permaneció abierta durante mucho tiempo.

Eso era significativo.

Almarza no había unido las tradiciones por semejanza.

Esperó.

En 1887 apareció una coincidencia material más fuerte.

Una relación procedente de otro archivo describía:

volumen grande, pergamino, defectuoso al comienzo.

No mencionaba formas lingüísticas.

Tampoco afirmaba una procedencia emilianense directa.

Sí contenía nombres que Almarza conocía por otras copias.

Su primera reacción fue:

Tres nombres coinciden. Averiguar dependencia.

No los contó como tres confirmaciones.

Primero quiso saber si una fuente copiaba a otra.

Meses después añadió:

No parece derivar de la copia conocida. El orden difiere y contiene una entrega que aquella ignora.

Y luego:

Puede conservar noticia independiente del mismo volumen.

Mauro apoyó los brazos sobre la mesa.

—Ahora sí empieza a acercarse.

Sebastián asintió.

Dos líneas documentales que no parecían depender directamente una de otra compartían algunos nombres y determinadas características.

Aquello no demostraba identidad.

Pero hacía la hipótesis más fuerte.

En 1888 el tono cambió.

Almarza escribió:

Si ambas relaciones hablan del mismo libro, no busco ya solo la tradición de las palabras. Busco la historia del volumen que permitió conservarlas.

Nadie habló durante unos segundos.

Irene rompió el silencio.

—Éste sí es un cambio importante.

Sebastián miró la fecha.

La investigación lingüística no había desaparecido.

Había conducido a una pregunta material.

Para entender cómo ciertas formas habían sobrevivido, Almarza necesitaba reconstruir qué documentos habían permitido transmitirlas.

Las palabras lo llevaron hacia un volumen.

Fray Julián, desde San Millán, respondió cuando leyeron la frase:

—Eso no demuestra que esas palabras formaran parte original del libro.

—Exactamente —dijo Sebastián.

Podían haber sido anotaciones posteriores.

También podían provenir de relaciones asociadas.

Incluso de copias derivadas del volumen sin pertenecer al texto principal.

No debían convertir el Códice en un monumento lingüístico extraordinario solo porque distintas líneas de estudio terminaran cruzándose alrededor de él.

Almarza parecía haber comprendido ese límite.

En la página siguiente:

No confundir contenido original con noticias añadidas o derivadas.

Irene señaló la frase.

—Esto mantiene todo en su lugar.

El valor del volumen no dependía de contener un texto secreto.

Tampoco de guardar una forma lingüística única.

Su importancia estaba en otra parte.

Había funcionado como punto de referencia para una historia documental que después se dispersó.

Mauro preguntó:

—¿Cuándo aparece por primera vez la descripción completa?

Sebastián tomó una hoja de 1889.

El encabezado decía:

Reconstrucción provisional del volumen mencionado en varias relaciones.

Debajo Almarza había reunido características procedentes de distintas fuentes.

Pergamino.

Formato grande.

Pérdida al comienzo.

Noticias de responsables o entregas asociadas.

Una cubierta descrita en una etapa posterior mediante una señal reconocible.

Vinculación con documentación procedente de San Millán.

Y cerraba con una advertencia:

Ninguna fuente contiene todo. La descripción resulta de comparación.

Sebastián respiró despacio.

Aquello debía quedar siempre visible.

Almarza no describía un libro que hubiera tenido delante.

Construía un perfil documental a partir de testimonios parciales.

Mauro preguntó:

—¿Cuántas fuentes?

—Al menos cinco en este momento.

—¿Independientes?

Sebastián negó.

Dos tenían dependencia parcial.

Otra parecía provenir de una línea diferente.

Había también un inventario y una noticia transmitida por correspondencia.

Almarza no fingía tener cinco testimonios autónomos.

Irene dijo:

—Entonces la fuerza está en los rasgos que sobreviven fuera de una sola tradición.

—Sí.

Eso explicaba por qué Almarza empezó a considerar que detrás de aquellas noticias existía un objeto real.

No una lista tardía.

No una reconstrucción moderna.

Un volumen.

La última línea de aquella página decía:

Buscar el libro por sus procedencias, no por su nombre.

Sebastián ya conocía la frase por referencias posteriores.

Leída allí, resultaba distinta.

Almarza había comprendido que la denominación podía desaparecer.

La historia documental podía seguir siendo reconocible.

Mauro levantó la vista.

—Entonces acá empieza a buscarlo.

Sebastián tardó en responder.

—Acá empieza a buscar conscientemente un volumen concreto.

Era más preciso.

Y suficiente.