El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) CAPÍTULO 8 Antes de seguir los nombres
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CAPÍTULO 8 Antes de seguir los nombres

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Sebastián llegó a la sala con una sola condición.

Ese día no incorporarían ningún nombre nuevo a la cadena.

Habían dedicado demasiado tiempo a reconstruir el método de Julián de Almarza como para abandonarlo justo cuando empezaban a comprenderlo.

El Cuaderno de Procedencias conservaba aquello que el investigador había considerado suficientemente firme.

El repertorio menor guardaba dudas, referencias dependientes y candidatos que nunca habían alcanzado el grado de prueba necesario.

Las hojas sueltas mostraban, además, cómo una misma noticia podía cambiar de categoría cuando aparecía una fuente mejor o se descubría una dependencia que antes había pasado inadvertida.

Todo aquello no servía para avanzar más rápido.

Servía para equivocarse menos.

Sebastián colocó delante de Mauro la hoja preparada la tarde anterior.

La cadena demostrada terminaba en Diego Sánchez.

Después había espacio en blanco.

Mauro la contempló.

—Sigue pareciendo una provocación.

—Es una advertencia.

—Sabemos que hubo una entrega posterior.

—Sí.

—Tenemos más de una noticia compatible.

—También.

—Y no escribimos a nadie.

Irene dejó el repertorio menor sobre la mesa.

—Porque todavía no sabemos quién recibió.

Sebastián asintió.

Fray Julián seguía en San Millán. Les había enviado temprano varias reproducciones y estaba disponible para cotejar cualquier referencia que remitiera al Primer Cuaderno o a documentación conservada en Yuso.

La cuestión era sencilla de formular.

El volumen había continuado después de Diego Sánchez.

Eso empezaba a sostenerse con bastante firmeza.

Lo que no podían demostrar era la identidad del siguiente responsable.

Y nombres no faltaban.

Ese era precisamente el problema.

El repertorio menor conservaba cinco candidatos relacionados directa o indirectamente con noticias posteriores a Diego.

Sebastián decidió no leerlos todos en voz alta.

Primero debían examinar qué clase de fuente sostenía a cada uno.

El primer nombre procedía de una carta tardía.

No conservaban el original.

Solo un extracto realizado por Almarza.

En el margen:

Puede referirse a otro libro de pergamino.

Sebastián lo apartó de la cadena.

No significaba que la noticia fuera falsa.

Significaba que no podía utilizarse para identificar al mismo volumen.

El segundo candidato aparecía en una relación copiada durante el siglo XVIII.

La secuencia coincidía en parte con la ya conocida y, a primera vista, parecía reforzarla.

Pero Almarza había descubierto que aquella lista dependía de otra copia utilizada previamente.

No ofrecía una confirmación independiente.

También quedaba fuera.

El tercero procedía de un inventario.

Sebastián prestó más atención.

Los inventarios podían resultar especialmente valiosos cuando describían objetos existentes en el momento de su redacción.

Aquella entrada, sin embargo, solo contenía un nombre.

Ninguna descripción física.

El nombre era además frecuente.

Almarza había escrito:

No identificar sin otra circunstancia.

Sebastián lo dejó aparte.

El cuarto candidato aparecía en una carta procedente de un archivo familiar.

La familia afirmaba haber tenido antiguamente:

el libro grande de los monjes.

Mauro levantó las cejas.

—Eso suena a tradición familiar.

—Y eso es exactamente lo que Almarza escribió —respondió Sebastián.

En el margen:

Tradición sin documento.

No había despreciado el testimonio.

Pidió pruebas.

Nunca llegaron.

El nombre no pasó al Cuaderno de Procedencias.

Quedaba un quinto candidato.

Ese era distinto.

Aparecía en dos documentos cuya dependencia Almarza no había logrado demostrar.

Uno era una relación administrativa.

El otro, un extracto de correspondencia.

Junto a la entrada figuraba:

Posible receptor. Comprobar identidad y función.

Mauro se inclinó.

—Éste sí merece seguirse.

Sebastián negó.

—Merece investigarse. No incorporarse.

Irene sonrió.

—Perfecto.

El nombre era:

Andrés de Villacorta.

Nada más.

No aparecía título.

Tampoco una localidad segura.

Ni siquiera sabían si las dos fuentes hablaban del mismo hombre.

Almarza había conservado ambas menciones separadas.

A. V. en relación de entrega.

Más abajo:

Andrés de Villacorta citado en carta.

Y después:

No unir hasta comprobar.

Sebastián señaló la frase.

—Antes de seguir un nombre, tenemos que demostrar que estamos siguiendo a la misma persona.

Mauro entendió.

Dos menciones aparentemente convergentes podían pertenecer a individuos distintos.

Si las unían porque resultaba cómodo, fabricarían una identidad.

Buscaron todas las apariciones del apellido Villacorta entre los materiales de Almarza.

Había más.

Un Juan aparecía en documentación posterior.

Pedro de Villacorta figuraba en un instrumento notarial.

Décadas después aparecía otro Andrés sin segundo apellido.

La repetición del apellido no ayudaba.

Podía empeorar el análisis.

Sebastián dividió otra hoja.

A la izquierda escribió:

NOMbrE

A la derecha:

IDENTIDAD DEMOSTRADA

Junto a Andrés de Villacorta, la segunda columna quedó vacía.

Mauro la observó.

—Otra vez los espacios en blanco.

—Nos están resultando útiles.

Almarza había hecho algo parecido.

Cuando dudaba de una identidad, añadía edad aproximada, oficio y fecha si disponía de esos datos.

No seguía apellidos.

Intentaba seguir personas.

Una de las noticias sobre Andrés lo situaba cerca de una entrega dentro de un período determinado.

La segunda mencionaba a un Andrés de Villacorta actuando como intermediario años después.

Las fechas podían encajar dentro de la vida de un mismo hombre.

Eso no demostraba que lo fuera.

Almarza lo había escrito:

Si es el mismo, la edad resultaría posible.

Sebastián señaló.

—Fijate en la condición.

Mauro leyó.

Si es el mismo.

No:

es el mismo.

Irene encontró otra observación:

No basta apellido y nombre. Buscar oficio.

Era el paso siguiente.

La segunda fuente identificaba al hombre como escribano.

La primera no daba ocupación.

Sebastián buscó entre los extractos una relación de escribanos que Almarza había solicitado precisamente para resolver aquel problema.

Andrés de Villacorta aparecía.

La cronología era compatible.

También el ámbito territorial.

Mauro sonrió.

—Ahora sí empieza a cerrar.

Irene siguió leyendo.

—Hay dos.

Mauro cerró los ojos.

Dos hombres llamados Andrés de Villacorta.

Ambos relacionados con la actividad notarial.

Uno ejercía antes.

El otro después.

Sus períodos se superponían lo suficiente como para impedir una identificación automática.

Almarza había encontrado exactamente el mismo obstáculo.

En el margen:

Dos hombres. No confundir.

Debajo:

I

y:

II

El primero podía resultar compatible con la noticia de la entrega.

El segundo encajaba mejor con la carta posterior.

Si esa distinción era correcta, las dos fuentes que parecían confirmar a un mismo receptor se referían, en realidad, a personas diferentes.

La aparente convergencia desaparecía.

Sebastián dejó el lápiz.

—Ahí está.

Mauro asintió.

—Por eso no lo pasó al Cuaderno grande.

Habían perdido al candidato más prometedor de la mañana.

Pero la investigación había ganado algo más valioso.

Habían eliminado una falsa continuidad.

Fray Julián recibió las fotografías desde San Millán y respondió poco después:

—Almarza no necesitaba encontrar más nombres. Necesitaba quitar los equivocados.

Sebastián miró la lista.

Era cierto.

Una cadena rota no siempre padecía escasez de candidatos.

A veces había demasiados.

Y cuantos más aparecían, mayor era la tentación de elegir aquel que mejor completara la historia deseada.

Irene cerró uno de los extractos.

—Eso también vale para nosotros.

Sebastián levantó la vista.

—¿Por qué lo decís?

—Porque sabemos qué queremos encontrar. Eso puede volvernos más peligrosos que alguien sin hipótesis.

Mauro frunció el ceño.

—¿Peligrosos?

—Podemos convertir una coincidencia en confirmación simplemente porque estábamos esperando verla.

Sebastián no discutió.

El repertorio menor contenía una frase escrita precisamente contra ese impulso:

Antes de seguir a una persona, demostrar que se trata de la persona correcta.

Sebastián la copió.

Ese era el trabajo de aquel día.

Antes de seguir nombres.

Demostrar identidades.