El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) CAPÍTULO 7 Relaciones de procedencia y custodia
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CAPÍTULO 7 Relaciones de procedencia y custodia

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Sebastián comenzó la jornada con una decisión sencilla.

No iban a seguir ninguna pista nueva.

Durante los días anteriores habían recuperado el Cuaderno de Procedencias, el pequeño repertorio auxiliar, las hojas separadas y buena parte de los extractos que Julián de Almarza había utilizado para construir su investigación.

También habían reconstruido cómo aquel conjunto había llegado a Valvanera y de qué manera las reorganizaciones posteriores habían dispersado sus piezas.

Ya tenían material suficiente para cometer el peor error posible.

Avanzar demasiado pronto.

Sebastián colocó sobre la mesa una hoja grande.

Escribió:

PROCEDENCIA

Y debajo:

CUSTODIA

Mauro observó desde el otro lado.

—¿Todo el día para eso?

—Si hace falta.

Irene dejó a un lado la caja del repertorio.

—Probablemente sea el día más útil de la semana.

Mauro negó.

—No me tranquiliza que estén de acuerdo.

Fray Julián seguía trabajando desde San Millán y recibiría las referencias que necesitaran cotejar con el Primer Cuaderno o con documentación conservada allí.

Sebastián abrió el Cuaderno de Procedencias.

En las primeras páginas había una distinción que ya conocían, pero cuyas consecuencias no habían terminado de explorar:

Procedencia no es posesión.

Más adelante:

Custodia no implica dominio.

Y después:

Quien entrega puede no haber sido propietario; quien certifica puede no haber tenido el volumen.

Sebastián leyó despacio.

No eran frases teóricas.

Eran el resultado de años de correcciones.

Él mismo había tenido que aprender aquellas diferencias documento por documento.

Almarza había pasado por el mismo proceso.

Sebastián trazó tres columnas:

DOCUMENTO

FUNCIÓN

QUÉ PUEDE AFIRMARSE

Comenzaron por Gonzalo de Pancorbo.

La documentación permitía tratarlo como responsable formal dentro de una fase concreta.

Almarza había escrito:

Recibe relación y responde por entrega posterior.

Nada decía que hubiera comprado el volumen.

Tampoco que lo hubiese heredado.

Responsabilidad no equivalía a propiedad.

Martín de Villamayor aparecía de otro modo:

Recibe para llevar.

Transportista.

No custodio prolongado.

No propietario.

Rodrigo de Herramélluri figuraba vinculado con una entrega confirmada.

Ferrán de Ojacastro intervenía en el traslado.

Martín de Arce aparecía como responsable temporal según una relación concreta.

Diego Sánchez:

Recibe volumen conforme a dos noticias compatibles.

Sebastián fue anotando cada función.

Al terminar, la tabla parecía menos espectacular que una genealogía de propietarios.

También era mucho más precisa.

Mauro señaló un nombre.

—Fernando de Velasco.

Sebastián buscó la referencia.

El documento lo situaba como testigo y conservador de una noticia vinculada con una entrega.

Almarza había escrito:

Da fe de relación recibida. Conserva copia. No consta contacto material con el volumen.

Irene levantó la mirada.

—Entonces queda todavía más claro.

Sebastián asintió.

Fernando de Velasco pertenecía a la historia documental.

No al tránsito físico demostrado.

Podía haber conocido una relación.

Podía conservarla.

Eso no lo convertía en custodio.

Mauro se reclinó.

—Y después alguien encuentra “Velasco” y transforma todo en una historia familiar.

Sebastián no respondió.

No necesitaban acusar a nadie para entender cómo podía producirse el error.

Un testigo podía convertirse en custodio al ser resumido.

Un custodio temporal podía convertirse después en propietario.

Y varias generaciones más tarde una historia documental terminaba pareciendo genealogía.

Irene abrió el repertorio menor.

—Acá hay otro ejemplo.

Una entrada decía:

D. P. — se dice que tuvo el libro.

La frase estaba tachada.

Debajo:

No. Figura como escribano en documento de entrega.

Sebastián sonrió.

—De supuesto poseedor a escribano.

—Por una lectura descuidada —dijo Irene.

Mauro preguntó:

—¿Y si una fuente moderna repite la primera versión?

—La tratamos como tradición secundaria —respondió Sebastián—. No como prueba.

Aquello explicaba mejor la estructura del trabajo de Almarza.

No intentaba reunir nombres.

Intentaba asignar funciones.

Esa diferencia cambiaba todo.

Una lista de nombres podía convertirse con facilidad en una supuesta sucesión de dueños.

Una lista de funciones permitía reconstruir responsabilidades.

Sebastián encontró otras reglas:

No llamar custodio a quien solo aparece citado.

Después:

No llamar propietario a quien guarda temporalmente.

Y más abajo:

No considerar transferencia patrimonial una entrega hecha para copia, comprobación o transporte.

Irene dijo:

—Esto nos evita varios problemas.

Sebastián respondió:

—También elimina muchas historias cómodas.

Mauro sonrió.

—Las cómodas suelen vender mejor.

La palabra quedó suspendida.

El mercado volvía a aparecer.

Una pieza con una cadena de propietarios ilustres era más atractiva que otra cuya historia estuviera compuesta por custodios temporales, transportistas y copistas.

La simplificación tenía valor comercial.

Precisamente por eso podía resultar peligrosa.

Sebastián regresó a la hoja.

Escribió:

PROCEDENCIA DOCUMENTAL

CUSTODIA MATERIAL

PROPIEDAD

Irene añadió:

TESTIMONIO

Sebastián asintió.

Una persona podía conocer el volumen sin custodiarlo.

Podía testificar sobre una entrega.

También conservar una copia.

Incluso describir el objeto.

Nada de eso demostraba propiedad.

Fray Julián, cuando recibieron las imágenes en San Millán, señaló otra dificultad.

La palabra tener en documentación antigua podía engañar.

Podía expresar disponibilidad física durante un período breve.

También guarda, depósito o responsabilidad de consulta.

Traducir automáticamente tener como ser dueño deformaba la cadena.

Buscaron ejemplos.

Una relación decía:

quedó en poder de…

Otra:

fue dejado a…

Una tercera:

recibió para guardarlo.

Almarza había escrito junto a ellas:

No inferir dominio.

Sebastián añadió:

TENER ≠ PROPIEDAD

Mauro miró la hoja.

—Cada vez tenemos más cosas que no podemos hacer.

—Eso suele ser buena señal —respondió Sebastián.

El problema se volvió más interesante cuando llegaron al concepto de procedencia.

Almarza no utilizaba la palabra para indicar simplemente dónde había aparecido una noticia.

Para él, una procedencia exigía explicar documentalmente cómo un objeto pasaba de una responsabilidad a otra.

Cuando faltaba el vínculo, había una interrupción.

No se rellenaba.

Una entrada lo expresaba con claridad:

Entre A y C puede haber B, pero mientras B no conste no escribir continuidad.

Mauro señaló.

—Ésa debería estar colgada en la pared.

Sebastián asintió.

Porque la mente tendía a completar espacios.

Cuando dos extremos parecían encajar, la tentación era inventar el puente.

Almarza había obligado a su método a dejarlo vacío.

Sebastián volvió a R-6.

Sabían que existió una entrega posterior a Diego Sánchez.

También que Almarza había conseguido una segunda noticia compatible.

No conocían con seguridad al receptor.

Por tanto, la procedencia demostrada seguía terminando en Diego Sánchez.

El volumen había continuado.

La investigación documental no podía hacerlo.

Irene abrió una página del Cuaderno de Procedencias.

—Acá lo dice todavía mejor.

Sebastián leyó:

Que el libro haya seguido no significa que yo pueda seguirlo.

Nadie habló.

No era una confesión de fracaso.

Era una regla de método.

Almarza sabía que el volumen podía haber continuado.

Incluso podía tener indicios sobre lo ocurrido después.

Pero si faltaba el vínculo documental, debía detenerse.

Sebastián copió la frase.

Ahí estaba una de las claves de toda la investigación.

Mauro observó R-6.

—Entonces nuestro trabajo no consiste en averiguar qué imaginó después.

—No.

—Consiste en localizar el documento que le faltaba.

Sebastián levantó la mirada.

—Exactamente.

El problema se había reducido.

No debían buscar un manuscrito perdido por toda España.

Primero tenían que reconstruir con precisión hasta dónde llegaba la cadena de responsabilidades.

Después podrían estudiar qué información existía más allá de ese límite.

Irene cerró momentáneamente el repertorio.

—Antes tenemos que revisar todos los nombres.

Sebastián asintió.

Si una sola persona hubiera sido clasificada erróneamente como custodio, toda continuidad posterior podría apoyarse sobre una función inexistente.

Así comenzó el trabajo real de aquel día.

No avanzar.

Depurar.