El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) BLOQUE 3
19%

BLOQUE 3

La primera aparente contradicción entre ambos cuadernos apareció avanzada la tarde.

En el repertorio, junto a Diego Sánchez, figuraba:

Entrega posterior a D. S. — probable.

Sebastián buscó la entrada equivalente en el Cuaderno de Procedencias.

La cadena se detenía antes de incorporar un nuevo responsable.

Mauro lo vio enseguida.

—Tuvo una continuación y no la pasó.

Sebastián examinó la fuente.

—Eso parece.

Irene preguntó:

—¿De dónde sale?

La referencia remitía a una carta.

No al original.

A un extracto.

Buscaron entre los materiales asociados.

No apareció inmediatamente.

Sebastián regresó al repertorio.

Una anotación posterior aclaraba:

No incorporar. La carta puede referirse a otro volumen.

Ahí estaba.

Almarza había tenido una continuación posible.

La dejó fuera.

No porque supiera que era falsa.

La identidad del objeto no estaba suficientemente establecida.

Mauro apoyó el lápiz.

—Éste es el punto donde cualquiera habría seguido.

Sí.

Una entrega posterior permitía avanzar.

Podía ofrecer un nuevo nombre y quizá una localidad.

Precisamente por eso era peligrosa.

Si la carta describía otro manuscrito, incorporar aquella noticia habría contaminado todo lo reconstruido.

Almarza prefirió detenerse.

Mauro preguntó:

—¿Y si ahora encontramos algo que demuestre que era el mismo?

Sebastián respondió:

—Entonces podremos continuar donde él no pudo.

No porque supieran más.

Porque podían tener acceso a documentos que él no llegó a consultar.

Irene permaneció en silencio.

Sebastián la miró.

—¿Qué pasa?

—Que eso va a ocurrir.

—¿Qué?

—Vamos a cerrar dudas que él tuvo que dejar abiertas.

—Ésa es la idea.

Irene miró los papeles.

—Y cada vez que lo hagamos podemos abrir una nueva procedencia.

El problema patrimonial reaparecía.

Sebastián respondió con cuidado.

—Investigar un documento no significa apropiarse de él.

—No dije eso.

Irene explicó.

Una familia podía conservar papeles heredados sin conocer su interés histórico.

Si una investigación revelaba públicamente que allí existía una pieza relevante, podía aparecer inmediatamente un mercado alrededor de ella.

Mauro intervino:

—Y ocultar la procedencia también puede beneficiar a quien ya la conoce.

Irene asintió.

—Por eso no estoy proponiendo silencio. Estoy hablando de protocolo.

—De responsabilidad —dijo Sebastián.

—Exactamente.

No podían resolver todavía esa cuestión.

Pero ya formaba parte de la investigación.

Volvieron a los cuadernos.

Encontraron otros casos donde Almarza había eliminado continuaciones posibles.

En algunos, la fuente podía corresponder a otro volumen.

En otro, dependía de una copia demasiado tardía.

El último era distinto.

El repertorio decía:

Responsable posterior confirmado por segunda noticia.

La marca indicaba transferencia al Cuaderno grande.

Sin embargo, el nombre no aparecía allí.

Sebastián frunció el ceño.

—Esto no encaja.

Irene revisó la foliación.

No faltaban folios.

Tampoco había señales de extracción.

Mauro encontró una remisión:

Pasado a hoja aparte.

La referencia era:

R-6

Sebastián buscó entre los materiales recuperados.

No estaba en el conjunto que tenían sobre la mesa.

Pero el inventario de 1926 mencionaba:

hojas de relaciones numeradas con letra R.

R-6 había llegado a Valvanera.

La serie posterior podía reconstruirse.

Pidieron la hoja.

Apareció al final de la jornada.

Era pequeña y conservaba un pliegue horizontal.

Encabezado:

R-6

La mano era compatible con Almarza.

El contenido resultó más interesante precisamente porque no proporcionaba un nombre.

Decía:

La segunda noticia confirma que hubo entrega posterior, pero no permite identificar con seguridad al receptor. Mantener fuera de la relación principal hasta encontrar documento que lo nombre.

Mauro dejó escapar el aire.

—Entonces sabía que el volumen siguió.

Sebastián asintió.

Eso sí.

Había dos noticias que permitían sostener una entrega posterior.

Lo que faltaba era el receptor.

No podían convertir una entrega sin destinatario identificado en un nuevo responsable de la cadena.

Debajo aparecía:

Buscar en documentos del responsable anterior, no en inventarios generales.

Sebastián se detuvo.

Ahí estaba el siguiente movimiento metodológico.

Si no conocía al receptor, debía seguir los papeles del hombre que había realizado la entrega.

Una carta podía mencionarlo.

También una cuenta o algún registro producido al desprenderse del objeto.

No necesitaba buscar el libro por su nombre.

Podía buscar la documentación creada alrededor del acto de entrega.

Mauro preguntó:

—¿Almarza lo hizo?

Sebastián siguió las remisiones.

Había una nota:

Solicitado.

Después:

Recibida copia parcial.

Y finalmente:

No contiene nombre.

La búsqueda se detenía otra vez.

Sebastián observó R-6.

Almarza había demostrado que existió una entrega posterior.

Consiguió incluso una segunda noticia que la confirmaba.

Pero no pudo identificar al receptor.

Por eso su cadena no avanzó.

Fray Julián, desde San Millán, escuchó la lectura y permaneció unos segundos en silencio antes de responder:

—A veces estar cerca de una respuesta significa saber exactamente qué falta.

Sebastián miró la hoja.

Era una definición precisa.

Almarza no había encontrado el Códice.

Nunca lo había visto.

Tampoco conocía su destino final.

Pero había reducido el problema.

Ya no faltaba una historia entera.

Faltaba identificar un receptor.

Y localizar el documento que permitiera nombrarlo.

Sebastián guardó la reproducción de R-6 junto a sus notas.

No intentarían resolver aquel vacío de inmediato.

Primero necesitaban reconstruir todas las relaciones que Almarza había considerado suficientemente sólidas.

Solo después podrían volver a las noticias abiertas.

Irene comenzó a cerrar el material.

La luz exterior había disminuido.

Sebastián observó ambas cubiertas.

Hasta entonces había pensado que el valor de aquellos cuadernos residía en lo que conservaban.

Empezaba a comprender que también estaba en aquello que habían rechazado.

Noticias sin origen.

Copias dependientes.

Nombres nunca incorporados.

Rutas que Almarza había decidido no construir.

Bajo aquellas cubiertas oscuras no había una historia completa.

Había algo quizá más útil.

El límite exacto entre aquello que Julián de Almarza consideró posible y aquello que estuvo dispuesto a tratar como demostrado.

Y Sebastián sabía que, antes de avanzar un solo nombre más, tendrían que aprender a respetar ese mismo límite.