El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) BLOQUE 2
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La numeración interna no seguía una secuencia única.

Algunas secciones estaban organizadas por letras.

Otras utilizaban nombres abreviados.

La estructura había cambiado a medida que cambiaba la investigación.

Las primeras páginas estaban vinculadas con formas escritas y transmisión textual. Más adelante aumentaban las referencias materiales.

pergamino

falta al comienzo

cubierta

volumen grande

relación de entrega

Las palabras habían conducido al objeto.

No en un salto.

A través de una transformación progresiva del método.

Una nota de 1885 decía:

La semejanza de voces no permite afirmar comunidad de libro.

Dos años después:

La repetición de nombres tampoco permite afirmar identidad de volumen si las relaciones dependen entre sí.

En 1889:

Buscar coincidencia de descripción material y sucesión de responsables.

Sebastián permaneció un momento sobre aquellas anotaciones.

Almarza había comenzado preguntándose por la transmisión de palabras.

Después comprendió que necesitaba reconstruir documentos.

Y los documentos terminaron conduciéndolo hacia un volumen.

Mauro preguntó:

—¿Cuándo empieza a tratarlo como un objeto concreto?

Sebastián negó.

—Primero tenemos que demostrar que todas las descripciones se refieren al mismo volumen.

Irene añadió:

—“Pergamino” no individualiza nada. “Incompleto” tampoco.

Necesitaban una combinación de rasgos.

No una palabra.

Una entrada de 1888 remitía a San Millán:

Noticia de libro antiguo, incompleto al principio. Referencias de personas y entregas en hojas finales o añadidas. No visto.

Sebastián sintió que allí aparecía algo distinto.

En una misma anotación se reunían varias características relevantes.

Un volumen incompleto.

Noticias de personas y entregas.

Una referencia vinculada documentalmente con San Millán.

Pero Almarza había escrito:

No visto.

Sebastián señaló.

—Esto tiene que acompañarnos siempre.

Mauro entendió.

—Nunca tuvo el volumen delante.

—Exacto.

Podían encontrar muchas concordancias.

Eso no transformaría una descripción indirecta en observación personal.

La entrada remitía a dos fuentes.

Una era una copia recibida desde San Millán.

La otra:

V. — relación independiente.

Valvanera.

Buscaron la relación correspondiente.

No copiaba literalmente la noticia de San Millán.

El orden de los nombres era diferente. También faltaban algunas personas y aparecía una descripción material ausente en la otra versión.

Podía significar independencia.

También podía indicar una fuente común anterior.

Almarza había anotado:

Comparar origen.

Varias páginas después aparecía el resultado:

No parecen copia una de otra.

Nada más.

No decía que fueran absolutamente independientes.

Solo descartaba una dependencia directa evidente.

Sebastián sonrió.

—Nunca avanza más de lo que puede demostrar.

—Te está empezando a caer demasiado bien —dijo Irene.

Mauro volvió al índice de nombres.

Junto a algunos aparecía una pequeña cruz.

En la guarda interior había una explicación:

† = nombre procedente de más de una tradición documental.

Varios nombres conocidos llevaban la marca.

Gonzalo de Pancorbo.

Rodrigo de Herramélluri.

Diego Sánchez.

Otros no.

Eso indicaba que Almarza había localizado esas personas en tradiciones que, al menos inicialmente, consideraba diferentes.

Mauro preguntó:

—¿Cuántas?

Sebastián revisó.

A veces dos.

En algún caso tres.

Pero el número no era lo principal.

Necesitaban saber de dónde procedía cada mención.

Una nacía de papeles de entrega.

Otra de un inventario.

Otra parecía venir de una copia de nombres tomada de un libro anterior.

La convergencia podía ser importante porque las fuentes habían surgido con funciones diferentes.

Irene señaló inmediatamente el problema:

—¿Y si el inventario utilizó los mismos papeles de entrega?

Sebastián encontró la anotación correspondiente:

Comprobar si I. depende de E.

Más adelante:

No hallo prueba de dependencia. Mantener separados, no independientes.

Mauro soltó una risa breve.

—Hasta dejó una categoría intermedia.

—Porque es la correcta —respondió Sebastián.

No demostrar dependencia no equivalía a demostrar independencia.

Aquella distinción podía impedir que una sola noticia multiplicada en documentos posteriores pareciera una confirmación triple.

El repertorio estaba lleno de marcas semejantes.

Almarza distinguía lo que había visto de una copia recibida. Separaba referencias bibliográficas de noticias sin documentación suficiente.

Cuando una atribución se demostraba incorrecta, no borraba la entrada.

Escribía:

descartada.

Sebastián empezó a sentir que por primera vez veía al investigador pensando.

No a través de una conclusión.

A través de sus correcciones.

En una hoja incorporada después aparecía:

No buscar el nombre del libro. Buscar la continuidad de su descripción.

Sebastián quedó inmóvil.

La frase explicaba por qué Almarza había podido seguir un objeto cuya denominación podía cambiar.

Un libro podía perder su título.

También podía ser descrito de manera diferente por cada escribano.

Lo que podía persistir era una combinación de características.

La falta inicial.

El soporte.

Un tamaño descrito como grande.

Noticias de entregas añadidas en algún momento.

Durante una etapa concreta, una señal sobre la cubierta.

Irene fue enumerando límites.

—La cubierta puede cambiar.

—Lo sabía.

—El tamaño es subjetivo.

—También.

—Y hay muchos manuscritos incompletos.

Sebastián asintió.

—Por separado.

La fuerza estaba en la combinación.

Una entrada de 1890 decía:

Libro grande de pergamino, falto en su comienzo, con noticias de entregas y nombres que parecen añadidas en tiempo posterior al cuerpo principal.

Debajo:

No visto. Descripción reconstruida de tres noticias.

Almarza no simulaba una observación directa.

Había construido un perfil documental.

Mauro preguntó:

—Entonces reconstruyó el libro sin verlo.

Irene corrigió:

—Reconstruyó una descripción probable.

Sebastián sonrió.

—Eso.

A partir de entonces Almarza comparaba el perfil con inventarios.

No buscaba un título concreto.

Buscaba registros que conservaran una combinación suficiente de características aunque el objeto hubiese recibido otra denominación.

En una página aparecían varias posibilidades.

Una quedaba descartada por dimensiones.

Otra era de papel.

Una tercera carecía de suficientes coincidencias.

La última recibía una palabra:

Seguir.

Mauro levantó la mirada.

—¿La seguimos?

Sebastián negó.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque estamos leyendo cómo trabajó Almarza, no buscando la pista que más nos gusta.

Una referencia prometedora podía haber sido descartada años después.

Tenían que mantener el orden del razonamiento.

Irene añadió otra razón.

—Todavía no conocemos completamente las capas del cuaderno.

En el centro, el cosido cambiaba.

No parecía una reparación moderna.

Era una ampliación realizada durante el periodo de uso.

Irene la examinó.

—Añadió un cuadernillo.

—¿Cuándo?

—No puedo datarlo solo por la costura.

La consecuencia era suficiente.

El repertorio inicial se había quedado pequeño.

La primera hoja del nuevo cuadernillo decía:

Desde aquí, ordenar por procedencia del documento y no por palabra.

Sebastián permaneció en silencio.

El cambio material coincidía con un cambio metodológico.

Almarza había comenzado organizando formas y palabras.

En algún momento decidió reorganizar la investigación según la procedencia de los testimonios.

No había abandonado la pregunta inicial.

Había descubierto que para responderla debía reconstruir la historia material de las fuentes.

Las palabras lo llevaron hacia las copias.

Las copias hacia quienes las habían conservado.

Y las procedencias terminaron conduciéndolo a la historia de un volumen que nunca había visto personalmente.

Mauro dijo:

—Entonces acá cambia de investigación.

Sebastián negó.

—No cambia de investigación. Cambia la manera de hacerla.

Miró el resto del pequeño cuaderno.

Todavía quedaba mucho por leer.

Por primera vez comprendió que aquel repertorio podía resultar incluso más útil que el Cuaderno de Procedencias.

El volumen grande les mostraba hasta dónde había llegado Almarza.

El pequeño podía explicar por qué había decidido avanzar en cada dirección.