CAPÍTULO 5 Otro cuaderno bajo una antigua referencia
BLOQUE 1
El cuaderno permaneció cerrado durante casi una hora.
Sebastián lo tenía delante, apoyado sobre el soporte preparado por Irene, a menos de medio metro de sus manos. Después de meses siguiendo signaturas sustituidas y documentos que habían perdido el nombre de Julián de Almarza, habría resultado natural abrirlo inmediatamente.
Nadie lo hizo.
La cubierta era de cartón flexible revestido con un papel que alguna vez había sido oscuro. Los bordes mostraban desgaste y el lomo presentaba pequeñas pérdidas que permitían ver parte de la estructura interior.
No había ninguna característica destinada a convertirlo en un objeto excepcional.
Solo una etiqueta archivística colocada mucho tiempo después:
Repertorio de referencias.
Debajo:
Autor desconocido.
Irene comenzó por las dimensiones y la encuadernación. Observó el cosido, las guardas y la forma en que los distintos grupos de hojas se integraban en el volumen.
No buscaba demostrar que fuera de Almarza.
Quería responder una pregunta anterior:
si aquel objeto podía corresponder materialmente al cuaderno menor de notas y referencias, sin título registrado entre los papeles recibidos en Valvanera en 1902.
Mauro esperó varios minutos antes de preguntar:
—¿Compatible?
Irene no levantó la vista.
—Todavía estoy mirando.
—Era una pregunta.
—Y ésa fue mi respuesta.
Sebastián sonrió.
Mauro se sentó.
El papel interior era compatible con el siglo XIX, aunque aquello no individualizaba al propietario. La costura era sencilla y había sufrido un uso prolongado. Algunas hojas parecían incorporadas después de la confección inicial. Otras conservaban pequeñas pestañas adheridas junto al borde superior.
Irene observó una de ellas.
—Esto no fue preparado para escribirse desde la primera página hasta la última.
Sebastián se inclinó.
—¿Por qué?
—Porque fue creciendo. Hay grupos utilizados de manera distinta y algunas incorporaciones posteriores. Parece una herramienta de trabajo.
La descripción coincidía con lo que sabían.
No lo demostraba.
Pero coincidía.
En la cara interior de la cubierta posterior encontraron dos letras escritas a lápiz:
J. A.
Sebastián permaneció quieto.
Mauro dejó de escribir.
Irene miró las iniciales y continuó con el examen.
—No alcanza.
Sebastián exhaló.
—No iba a decir nada.
—Tu cara sí.
Las iniciales podían proceder de un archivista que conocía el origen del objeto. Incluso podían pertenecer a otra persona o responder a una antigua clasificación.
Necesitaban algo interno.
La primera posibilidad apareció en una guarda:
V. — copia recibida.
La letra resultaba familiar.
Sebastián pidió las reproducciones del Primer Cuaderno y de las hojas 48 y 49.
Irene comparó.
La forma de la V, determinadas abreviaturas y varios rasgos de la escritura coincidían con la mano de Almarza.
Mauro preguntó:
—¿Ahora sí?
—Ahora podemos seguir comparando.
Sebastián pasó a la siguiente hoja.
No había título.
En la parte superior aparecía una instrucción:
Anotar la noticia y su origen por separado.
Sebastián la leyó otra vez.
La frase no era una firma.
Pero coincidía exactamente con el método que estaban reconstruyendo.
La noticia.
Su origen.
Dos cosas diferentes.
Irene continuó observando la estructura antes de permitirles avanzar.
Las primeras páginas habían sido utilizadas con intensidad. Había tintas pertenecientes a momentos distintos y correcciones a lápiz. Cuando una entrada quedaba descartada, una línea permitía todavía leerla.
Nada parecía raspado.
No había intento de ocultar el proceso.
Aparecían palabras de trabajo:
comprobar
copia
no visto
original
referencia ajena
sin fecha segura
Sebastián sintió que no estaban leyendo resultados.
Veían la maquinaria utilizada para producirlos.
La confirmación decisiva apareció en la séptima hoja.
Una entrada remitía a un documento de Valvanera consultado el día anterior.
Fecha:
1889.
Debajo:
Pasado desde extracto V.
Sebastián buscó entre los papeles recuperados.
Encontró el extracto correspondiente.
En él figuraba:
Copiado al cuaderno menor.
Colocaron ambas reproducciones una junto a la otra.
La información coincidía.
También la fecha y la referencia cruzada.
El extracto remitía al cuaderno menor.
El cuaderno remitía al extracto.
Irene habló:
—Ya podemos vincularlo.
Sebastián la miró.
—¿Con Almarza?
—Con el cuaderno menor utilizado por Almarza. La autoría de cada anotación habrá que revisarla porque hay más de una mano, pero el objeto es éste.
Mauro se reclinó.
—Catalogado durante décadas como autor desconocido.
Sebastián observó la etiqueta.
Aquellas palabras no habían escondido el cuaderno.
Le habían quitado su contexto.
Y al perder el contexto había perdido también su identidad.
La primera parte estaba organizada mediante abreviaturas.
S.M.
V.
N.
S.D.
Otras entradas utilizaban nombres completos.
No todas correspondían a monasterios.
Había archivos parroquiales y notariales, fondos particulares y noticias recibidas de otros investigadores.
Sebastián comenzó a comprender.
—No es otro cuaderno de procedencias.
—No —respondió Irene.
—Es el repertorio de las fuentes.
Mauro preguntó:
—¿Un mapa?
Sebastián corrigió:
—Un repertorio.
Cada entrada contenía una noticia breve.
Después aparecía su procedencia.
En ocasiones Almarza añadía también una indicación sobre el grado de confianza:
visto
copia recibida
citado
no localizado
por comprobar
Aquello permitía saber qué había examinado personalmente y qué conocía mediante otros.
Sebastián avanzó varias páginas sin detenerse en el contenido.
Quería comprender primero la arquitectura.
Había índices de nombres y remisiones a inventarios. Algunas anotaciones describían soportes o defectos materiales.
De vez en cuando aparecía:
P. 17
P. 24
P. 31
Procedencias.
El repertorio llevaba hacia el Cuaderno grande.
Mauro señaló una entrada.
—Martín de Arce.
El nombre no tenía una fuente.
Tenía varias.
Una relación copiada.
Un registro de entrega.
Y una referencia posterior.
Almarza no había contado las tres como confirmaciones automáticas.
Junto a una anotó:
depende de la anterior.
En otra:
parece independiente.
Debajo:
No contar dos veces.
Sebastián permaneció mirando.
Era exactamente lo que había escrito él mismo:
NO CONTAR COPIAS. RECONSTRUIR DEPENDENCIAS.
Mauro dijo:
—Sabía lo que estaba haciendo.
Sebastián negó con suavidad.
—Sabía, sobre todo, qué no podía afirmar.
Irene cerró momentáneamente el volumen.
—Y eso explica por qué su investigación parece avanzar tan despacio.
Un investigador menos cuidadoso habría unido semejanzas hasta construir una ruta completa.
Almarza prefería dejar huecos.
Quizá por eso había conseguido avanzar tanto sin deformar el problema.
Cuando Irene volvió a abrirlo, Sebastián ya no consideraba aquel pequeño volumen una pieza secundaria.
El Cuaderno de Procedencias mostraba lo que Almarza había terminado aceptando.
El repertorio conservaba cómo había llegado hasta allí.
Y esa diferencia podía permitirles reconstruir su investigación sin atribuirle certezas que jamás había tenido.