CAPÍTULO 4 Aquello que llegó al monasterio
BLOQUE 1
La signatura escrita en el reverso de la carta de 1902 no correspondía a ningún sistema vigente.
Eso fue lo primero que pudieron establecer.
No pertenecía a una catalogación moderna ni a la reorganización de 1911 que había separado el Cuaderno, las cartas y los extractos. La forma de la referencia coincidía con sistemas administrativos utilizados en Valvanera durante los primeros años del siglo XX.
Sebastián la copió exactamente.
No desarrolló las abreviaturas.
Tampoco intentó convertirla en una signatura actual.
La dejó como había sido escrita.
Mauro observó la hoja.
—¿Por dónde empezamos?
El hermano Esteban había preparado varias tablas antiguas de clasificación.
Sebastián respondió:
—Por saber qué significaba entonces.
Irene lo miró.
—Eso sonó casi prudente.
—Estoy intentando mantener una reputación nueva.
—Todavía es pronto.
La investigación había cambiado de ritmo.
Ya no esperaban que una sola pieza resolviera un problema entero.
El Segundo Cuaderno había permitido localizar el método de Almarza, pero no la continuidad posterior a Villayuda.
Las hojas 48 y 49 habían reaparecido, pero la 49 contenía fuentes diferentes que debían analizarse por separado.
La carta de 1902 había explicado por qué Valvanera fue elegida como destino.
Ahora necesitaban reconstruir algo todavía más básico:
qué había recibido exactamente el monasterio.
No lo que la familia había creído enviar.
No lo que los inventarios del siglo XX recordaban.
El conjunto material que llegó en 1902.
La signatura del reverso los llevó a un libro de entradas generales.
En noviembre aparecía una anotación:
Recibido del P. Rafael un paquete de papeles pertenecientes al difunto D. Julián de Almarza.
Sebastián se detuvo.
Rafael de la Cuesta reaparecía en el extremo receptor de la cadena.
No por una reconstrucción posterior.
En un registro contemporáneo.
La línea siguiente decía:
Con carta de entrega.
Irene miró la carta localizada el día anterior.
—Entonces esta no era únicamente correspondencia asociada.
—Era parte formal de la recepción —respondió Sebastián.
Después:
Pasa provisionalmente al archivo para revisión.
Archivo.
No biblioteca.
Tampoco colección de manuscritos.
Y además:
provisionalmente.
El conjunto había llegado sin una clasificación definitiva.
A la derecha aparecía una cifra:
5
Mauro señaló.
—¿Cinco piezas?
Sebastián negó.
—No sabemos.
Revisaron otros asientos del mismo libro.
En ocasiones el número indicaba cantidades.
En otros casos remitía a una lista aparte.
El sistema no era completamente uniforme.
—No lo usamos todavía —dijo Sebastián.
Irene sonrió.
—Muy bien.
—No exageres.
La lista separada apareció en otra serie administrativa.
Fecha:
22 de noviembre de 1902.
Encabezado:
Relación de efectos y papeles recibidos para archivo.
La quinta entrada comenzaba:
Del difunto D. Julián de Almarza, remitido conforme a carta.
Sebastián comprendió.
El cinco no indicaba cantidad.
Era el número de la entrada.
Otra posibilidad descartada antes de convertirse en conclusión.
La relación describía el conjunto con mayor precisión que cualquier fuente hallada hasta entonces.
Primero:
Un cuaderno manuscrito de relaciones de procedencia y entrega.
El Segundo Cuaderno.
Después:
Dos hojas numeradas separadamente, que han de conservarse con el cuaderno.
48 y 49.
Luego:
Varios extractos de inventarios y copias de noticias antiguas.
La siguiente pieza:
Una carta explicativa relativa a la conservación de dichos papeles.
Y finalmente:
Un cuaderno menor de notas y referencias, sin título.
Sebastián dejó de leer.
Mauro se inclinó.
—¿Qué?
Irene ya había visto la línea.
—Hay otro cuaderno.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Hasta ese momento la estructura parecía clara.
El Primer Cuaderno, en San Millán.
El Segundo, en Valvanera.
Ahora el registro contemporáneo a la recepción demostraba que con el Paquete C había llegado otro objeto encuadernado.
No podían llamarlo Tercer Cuaderno.
No todavía.
Podía ser un repertorio auxiliar.
También podía contener notas de quien preparó el envío o copias realizadas por otra persona.
Incluso podía tratarse de un material ajeno incluido con el resto.
—No le pongamos número —dijo Irene.
Sebastián asintió.
Mauro volvió al asiento.
—¿Por qué no aparece claramente en la carta?
La pregunta era válida.
La carta de 1902 hablaba de las hojas que Almarza había considerado necesarias para comprender las abreviaturas del Cuaderno y mencionaba relaciones procedentes de distintos archivos.
No enumeraba pieza por pieza todo el envío.
El cuaderno menor podía haber estado incluido entre los papeles de apoyo.
O quizá alguien que preparó el paquete lo había incorporado después.
Sebastián preguntó:
—¿Quién hizo esta relación de recepción?
El hermano Esteban buscó la nota administrativa.
No figuraba un nombre completo.
Sí una función:
Revisado por el archivero. Separar únicamente lo que corresponda a correspondencia.
Irene se acercó.
—Eso significa que originalmente pretendían mantener casi todo unido.
—Sí.
Solo las cartas debían pasar a otro lugar.
La dispersión más profunda se produjo después.
Sebastián tomó una hoja.
Escribió:
22 NOVIEMbrE 1902 — VALVANERA
Debajo:
RECIBIDO
Cuaderno de procedencias y entregas.
Hojas 48–49.
Extractos y copias.
Carta explicativa.
Cuaderno menor de notas y referencias.
Luego añadió:
Autoría y función del cuaderno menor: no demostradas.
Irene observó.
—Perfecto.
Mauro negó.
—Ya celebramos que escriba menos.
El registro de 1911 adquiría ahora otro significado.
Hasta entonces habían leído:
Cuadernos quedan en consulta.
Podía haber sido un plural genérico.
Ya no.
Sabían que en el paquete de Almarza habían ingresado al menos dos objetos descritos como cuadernos.
Otro asiento de aquel año permitía diferenciarlos.
Cuaderno grande. Procedencias.
Y debajo:
Cuaderno pequeño. Notas del investigador.
Al margen del segundo:
Mantener con índice antiguo.
Sebastián levantó la mirada.
—Notas del investigador.
Mauro señaló.
—Eso ya lo acerca bastante a Almarza.
—Sí.
La expresión índice antiguo era más intrigante.
No decía índice del Cuaderno.
Tampoco índice de custodios.
Simplemente:
índice antiguo.
La referencia de clasificación era distinta de la utilizada para el Cuaderno de Procedencias.
El objeto había seguido otro camino archivístico.
—Entonces no terminó en manuscritos de investigadores —dijo Mauro.
—No en la misma serie —respondió Sebastián.
El cuaderno menor empezaba a tener una función propia.
Pero todavía no sabían cuál.
Una anotación al final de la relación de 1902 añadió algo decisivo:
Parte de los extractos son copias de documentos de esta casa y no deberán considerarse ingreso de documentación externa.
Sebastián se detuvo.
Algunas de las hojas que habían viajado desde San Millán hasta Valvanera contenían información originada en Valvanera.
El soporte físico había llegado desde fuera.
La información regresaba a su fuente.
Irene habló:
—Tenemos que separar dos procedencias.
Sebastián comprendió inmediatamente.
La procedencia física del papel.
Y la procedencia de la información copiada en él.
Una hoja podía haber llegado desde San Millán en 1902 mientras el texto que contenía derivaba de un inventario de Valvanera consultado años antes.
Confundir ambas cosas sería volver a mezclar memoria y tránsito.
Sebastián añadió dos columnas:
OBJETO RECIBIDO
y:
FUENTE DE LA INFORMACIÓN
El Paquete C empezaba a revelar su verdadera estructura.
No era simplemente un conjunto de documentos pertenecientes a Almarza.
Era una colección de instrumentos producidos a partir de fuentes distintas.
Algunos habían sido copiados en otros archivos.
Otros procedían de Valvanera.
Y entre ellos había un pequeño cuaderno cuya función todavía no entendían.