BLOQUE 2
La hoja 48 contenía la relación que ya conocían parcialmente por una copia.
Gonzalo de Pancorbo aparecía diferenciado de quienes habían intervenido después en el traslado.
Martín de Villamayor.
Rodrigo de Herramélluri.
Ferrán de Ojacastro.
Martín de Arce.
Diego Sánchez.
Al lado de los nombres aparecían funciones.
Recibe para entrega.
Transporta.
Da noticia.
No consta propiedad.
La misma disciplina que había permitido a Sebastián reconstruir el tramo anterior estaba allí, en la hoja original utilizada por Almarza.
No eran dueños sucesivos.
Ni siquiera custodios equivalentes.
Cada persona intervenía de una manera distinta.
Al final de la hoja se leía:
Continúa.
Sebastián miró la 49.
Por primera vez tenían delante el documento que Almarza había considerado indispensable para prolongar la historia después de Villayuda.
Mauro fue quien habló:
—Acá vamos despacio.
Irene miró a Sebastián.
Él asintió.
La hoja 49 comenzaba retomando la última entrega conocida.
Después aparecía una advertencia:
Desde aquí las noticias dejan de proceder de una sola relación.
Sebastián volvió a leer.
Eso modificaba cualquier expectativa de una cadena limpia.
La documentación se abría.
No desaparecía.
Se volvía más difícil.
La hoja contenía varios grupos de información procedentes de fuentes diferentes.
Uno estaba identificado como copia.
Otro como noticia de inventario.
Más adelante figuraba una carta recibida.
Almarza no había trazado una línea única entre ellos.
No los había convertido automáticamente en continuidad.
—La hoja sola no alcanza —dijo Mauro.
—Exactamente.
La hoja 49 no contenía una ruta resuelta.
Conservaba las fuentes que Almarza necesitaba comparar para intentar reconstruirla.
Sebastián sintió la tentación de volver inmediatamente al Segundo Cuaderno.
Irene señaló los documentos.
—Terminamos primero con el conjunto.
Tenía razón.
Todavía faltaban anexos.
En otra carpeta aparecieron cinco hojas.
Una de ellas contenía un dibujo esquemático.
La marca del cuero.
Sebastián reconoció la disposición general.
Debajo Almarza había escrito:
Reproducción de reproducción. No usar medidas.
No era un dibujo técnico.
Servía para cotejar forma general.
Nada más.
La advertencia impedía convertir una copia imperfecta en criterio absoluto de identidad.
Otra hoja decía:
Se confirma que el volumen presentaba falta al comienzo antes de la entrega.
Almarza añadió:
Compatible con relación N. No suficiente.
La siguiente contenía:
La cubierta descrita como cuero oscuro pudo haber sido sustituida posteriormente.
Y en el margen:
Si fue reencuadernado, la señal deja de servir.
Sebastián sintió frustración.
Cada vez que aparecía una característica útil, Almarza encontraba su límite.
Pero justamente por eso confiaba cada vez más en su trabajo.
El último extracto parecía menos importante.
Una lista de nombres.
Fechas aproximadas.
Hasta que Mauro dio vuelta la hoja.
En el reverso:
Estos nombres proceden de noticia copiada del volumen. No prueban que quienes aparecen hayan tenido el libro.
Sebastián quedó inmóvil.
La distinción era fundamental.
Un nombre contenido en una relación podía pertenecer a un responsable anterior, a un testigo o a alguien mencionado dentro de otra entrega.
Copiar ese nombre desde el volumen no convertía a la persona en poseedor del Códice en el momento de la copia.
El libro podía conservar memoria histórica.
Y esa memoria podía volver a copiarse.
Mauro dijo:
—Esto se multiplica cada vez más.
Sebastián entendió.
Una relación tomada del Códice podía producir una copia.
Esa copia podía servir después de modelo para otra.
Con el paso del tiempo, distintas ramas documentales podían parecer testimonios independientes cuando en realidad descendían de una misma noticia.
Era el mismo problema que habían estudiado con las tradiciones textuales.
Solo que ahora se aplicaba a custodios y entregas.
Fray Julián, al recibir fotografías desde San Millán, formuló la comparación:
—Las palabras y los custodios terminaron teniendo el mismo problema.
Sebastián respondió:
—La dependencia entre copias.
—Exactamente.
Una noticia repetida no era necesariamente una confirmación.
Podía ser un eco.
Aquello devolvía la investigación a Berceo desde otro ángulo.
Antes de relacionar dos formas escritas necesitaban saber si provenían de testimonios independientes.
Antes de considerar independientes dos noticias de custodia necesitaban saber si una copiaba a la otra.
El método era el mismo.
Sebastián escribió:
NO CONTAR COPIAS. RECONSTRUIR DEPENDENCIAS.
Irene leyó.
—Eso sí puede hacerse público.
Sebastián levantó la vista.
—Pensé que no querías publicar las procedencias.
—Dije otra cosa. El método no expone dónde hay documentos sensibles.
La diferencia empezaba a quedar clara.
Investigar no obligaba a publicar sin contexto cada ubicación descubierta.
Pero tampoco implicaba ocultar cómo podía hacerse una reconstrucción rigurosa.
Mauro regresó a la ficha de 1926.
—Tenemos el cuaderno. Tenemos hojas. Tenemos extractos.
Sebastián comprendió.
—Falta la carta.
La carta cerrada de 1902.
La que debía explicar por qué el conjunto había sido enviado precisamente a Valvanera.
Sabían que había llegado.
El registro de ingreso lo confirmaba.
También sabían que en 1911 las cartas habían sido separadas y enviadas a correspondencia.
La búsqueda iba a ser más difícil.
Una hoja de extracto podía reconocerse por sus referencias internas.
Una carta podía quedar archivada bajo un remitente desconocido.
La primera pista apareció al final de la jornada.
No era la carta.
Era un sobre.
O lo que quedaba de él.
Había sido conservado entre correspondencia sin remitente identificado.
En el frente sobrevivía una palabra:
Valvanera.
Debajo, por una mano posterior:
Con papeles de D. J. A.
Irene observó las tintas.
—La segunda anotación es posterior.
Sebastián asintió.
El reverso era más útil:
Carta separada del conjunto. Véase correspondencia religiosa.
Mauro cerró los ojos un instante.
—Otra clasificación.
Sebastián no se frustró.
Cada separación empezaba a actuar como prueba de la historia administrativa.
Los papeles no habían desaparecido.
Habían sido redistribuidos.
La referencia a correspondencia religiosa condujo a un inventario posterior.
Allí encontraron:
Carta que acompañaba cuaderno de relaciones antiguas. Sin interés doctrinal. Conservar por explicar procedencia.
Sebastián se detuvo en la última palabra.
Procedencia.
La carta había sobrevivido porque explicaba de dónde venía el Cuaderno.
Eso era exactamente lo que necesitaban.
La signatura moderna conducía a una caja que ya no podrían consultar aquel día.
El horario del archivo había terminado.
Mauro miró el reloj.
—No digas nada.
Sebastián lo miró.
—¿Qué?
—Querés quedarte.
—Sí.
—No podés.
—Ya sé.
Irene empezó a guardar sus notas.
—Por una vez el archivo va a hacer mi trabajo.
Antes de marcharse ordenaron únicamente lo demostrado.
El Paquete C había llegado a Valvanera.
El monasterio había conservado el Cuaderno y sus anexos.
En 1911 el conjunto fue dividido administrativamente.
Las hojas 48 y 49 sobrevivieron.
Los extractos conservaban remisiones internas a la investigación.
La reproducción de la señal había llegado con su advertencia original.
Y la carta permanecía dentro de una serie distinta.
La unidad archivística estaba fragmentada.
La unidad documental podía reconstruirse.