BLOQUE 3
Regresaron al contenido después de documentar la equivalencia.
Sebastián fue directamente al punto donde terminaba la cadena conocida.
Diego Sánchez.
La entrada no lo llamaba custodio.
Decía:
Recibe para continuar traslado. Responsabilidad anterior no consta transferida en este asiento.
Eso coincidía con todo lo que ya sabían.
Más abajo:
Villayuda — entrega comprobada.
Después aparecía una remisión:
Continuación en hoja separada 49.
Sebastián levantó la vista.
—Ahí está nuestra frontera.
La hoja 49 era exactamente el documento que no tenían sobre la mesa.
El cuaderno saltaba después a una sección posterior construida con fuentes diferentes.
No comenzaba con una continuidad asegurada.
Almarza había escrito:
Noticias posteriores. No unir hasta comprobar hoja 49.
Mauro apoyó una mano sobre el respaldo de la silla.
—Entonces ni siquiera él quiso saltarse la hoja.
—Exactamente.
Sin el anexo, algunas de las entradas posteriores carecían de la conexión necesaria con Villayuda.
Eso no significaba que fueran falsas.
Significaba que su relación con la cadena anterior dependía de una pieza todavía separada.
Sebastián buscó cualquier copia.
Apareció una referencia:
49 copiada parcialmente antes de separación.
Y después:
Extracto en relación de inventarios.
Irene lo miró.
—Tenemos que encontrar esa serie.
El hermano Esteban ya estaba buscando.
Las hojas sueltas procedentes de Dep. 12 habían pasado a una clasificación de Relaciones e Inventarios Históricos.
La serie actual existía.
No estaba completamente descrita a nivel de documento.
Mauro sonrió.
—Otra caja.
—Sí —respondió Sebastián.
Pero no abandonaron aún el Segundo Cuaderno.
Había que entender qué decía sin la hoja 49.
La sección posterior contenía nombres desconocidos.
Sebastián evitó leerlos en voz alta hasta verificar el encabezado.
Decía:
Personas citadas en noticias posteriores al tránsito conocido. No todas pertenecen al volumen.
Irene señaló.
—Importante.
Sebastián asintió.
No podían tomar aquella lista como continuación automática.
Almarza había reunido candidatos.
Cada uno debía superar su propio filtro.
En la primera entrada aparecía una fecha y una localidad.
La segunda mencionaba una entrega, pero sin descripción suficiente del objeto.
La tercera tenía una frase:
Puede corresponder a copia y no al volumen.
La cuarta estaba tachada.
Al margen:
Otro libro. Excluir.
Mauro dejó escapar el aire.
—Esto va a llevar tiempo.
—Sí.
—Mucho.
—Probablemente.
No parecía disgustarle.
La quinta entrada era distinta.
Tenía dos referencias independientes.
Una procedente de un inventario.
Otra de una carta.
Y una descripción:
Volumen de pergamino falto al comienzo.
Sebastián sintió el impulso conocido.
No avanzó.
Debajo Almarza había escrito:
Compatible. Falta enlace con entrega anterior.
Otra vez.
No importaba cuánto coincidiera la descripción.
Sin continuidad, no incorporaba.
La siguiente página mencionaba una copia de relación que había quedado en la casa anterior cuando el volumen continuó.
Y allí aparecía otra frase:
De aquí nace la apariencia de dos caminos. Uno es del libro; el otro, de su noticia.
Irene permaneció inmóvil.
—Eso es todavía más claro.
Sebastián asintió.
El lenguaje de Almarza confirmaba que había detectado una bifurcación documental.
No dos códices.
Una ruta física y otra informativa.
Mauro preguntó:
—¿Puede explicar las referencias posteriores a un “códice dividido”?
—Puede explicar algunas.
—Todavía no todas.
—Exacto.
La cautela no era una formalidad.
Necesitaban encontrar cada documento donde apareciera la idea de división y determinar qué se estaba dividiendo realmente.
En una página de 1891, Almarza escribió:
Cuando un inventario dice “quedaron partes”, comprobar si habla de hojas del libro o de relaciones copiadas. En los casos vistos hasta ahora, se trata de papeles de noticia.
Sebastián subrayó en su libreta:
EN LOS CASOS VISTOS HASTA AHORA.
No universal.
No definitivo.
Pero suficientemente fuerte para orientar la investigación.
La sección siguiente estaba dedicada a copias.
Un título marginal:
Noticias que permanecen después del paso del volumen.
Debajo había ejemplos de extractos conservados por casas que ya no tenían el libro.
Algunos reproducían descripciones físicas.
Otros conservaban nombres de responsables.
Uno incluía solamente una fecha.
Almarza había anotado:
La dispersión de noticias aumenta con cada entrega, aunque el objeto siga siendo uno.
Sebastián dejó el lápiz.
Ahí estaba el corazón del problema.
Cada traslado podía producir nueva documentación.
Un recibo.
Una relación.
Una copia preventiva.
Un extracto para inventario.
Con el paso de los siglos, esas huellas se separaban.
Después, un investigador moderno podía encontrarlas en distintos archivos y creer que pertenecían a objetos diferentes.
O imaginar que un único libro había sido repartido entre varias casas.
La realidad podía ser más sencilla.
El libro viajaba.
Los papeles quedaban.
Irene dijo:
—Entonces el verdadero mapa no va a tener una sola línea.
—No.
—Va a tener una para el objeto y otras para las noticias.
Sebastián asintió.
Pero aquello tenía un riesgo.
No podían convertir cada copia en una rama autónoma.
Tenían que reconstruir cuándo se produjo y por qué.
Almarza lo había entendido.
No contar dos veces una misma noticia porque sobreviva en dos archivos.
La frase estaba subrayada.
Mauro la leyó.
—Eso puede cambiar muchas cosas.
—Sí.
También podía reducir mucho la aparente complejidad de la historia.
La última sección que revisaron aquel día estaba fechada en 1892.
Almarza anotaba:
Recibida noticia de relación más occidental. Si la copia es correcta, el volumen continuó más lejos de lo supuesto.
Debajo:
Esperar reproducción antes de incorporar.
Y en el margen:
No viajar hasta comprobar.
Mauro miró a Sebastián.
—¿Viajó?
Sebastián buscó una referencia posterior.
No estaba en aquella página.
Tampoco en la siguiente.
Sí había una remisión:
Carta recibida. Véase adelante.
Sebastián llevó la mano hacia el borde de la hoja.
Irene lo detuvo.
—No.
—Tenemos tiempo.
—No es por tiempo.
—¿Entonces?
—Todavía no encontramos la hoja 49.
Sebastián la miró.
Irene señaló la sección que acababan de estudiar.
—Si avanzamos hacia una continuidad posterior antes de recuperar el documento que Almarza consideraba necesario para enlazarla, vamos a leer el cuaderno al revés.
Sebastián permaneció quieto.
Otra vez tenía razón.
El propio Almarza había escrito:
No unir hasta comprobar hoja 49.
No podían ignorarlo solo porque el resto del cuaderno estuviera delante.
Mauro cerró su libreta.
—Entonces la siguiente búsqueda ya está decidida.
Sebastián asintió.
No continuarían hacia occidente.
Todavía no.
Primero debían localizar las hojas que la reorganización archivística había separado del Cuaderno.
Especialmente la 49.
El hermano Esteban anotó la solicitud para la serie de Relaciones e Inventarios Históricos.
Irene empezó a preparar el volumen para devolverlo a la caja.
Sebastián lo observó una última vez.
Habían llegado a Valvanera buscando la continuación de una investigación.
La habían encontrado.
Pero el verdadero descubrimiento del día no estaba en los nombres todavía no leídos.
Estaba en otra parte.
El Segundo Cuaderno demostraba que Julián de Almarza había aprendido a seguir dos historias diferentes.
La del volumen.
Y la de la información que el volumen dejaba detrás.
Una podía continuar hacia occidente.
La otra podía permanecer en una casa, viajar mediante una copia o reaparecer siglos después dentro de un inventario que nunca había acompañado físicamente al libro.
Durante demasiado tiempo habían imaginado que una historia dividida implicaba un objeto dividido.
Ahora sabían que esa equivalencia podía ser falsa.
El códice podía haber seguido siendo uno.
Lo que se multiplicaba era su memoria documental.
Sebastián cerró su libreta.
En la última página escribió:
NO SEGUIR TODAVÍA EL VOLUMEN.
Debajo:
RECUPERAR HOJA 49.
Y después:
SEPARAR SIEMPRE RUTA DEL LIbrO / RUTA DE LA NOTICIA.
No añadió nada más.
El Segundo Cuaderno había aparecido.
Pero su primera enseñanza no les decía adónde ir.
Les decía cómo no equivocarse cuando continuaran.