Young Blood Capítulo final
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Capítulo final

Un año después…

Jeremy y Jayden caminaban, tomados de la mano, aprisa y emocionados, por los pasillos de los laboratorios de Biogenética.

El lugar tenía un área de hospitalización, donde Jeremy se había involucrado de lleno, no sólo con donaciones a favor de la ciencia, sino también con sus conocimientos como oncólogo, en busca de más beneficios para la salud de la humanidad.

Después de la muerte de su tío y de Bobby, Nicholas y Neri le habían explicado a detalle todo el proceso y cómo ellos habían estado de acuerdo, mostrándole las responsivas, firmadas por ambos hombres, y la grabación de su retroceso.

Había pasado del enojo y de sus ganas de interponer una demanda, a la comprensión y la calma cuando Jayden le había dicho que, si él hubiese estado en el lugar de su tío, habría hecho lo mismo por Jeremy. Cualquier cosa por disfrutar sus últimos momentos al lado del amor de su vida.

Jeremy había entendido y colaborado con Nicholas. Rápidamente, habían tomado una decisión importante en pro de la ciencia y de sus vidas mismas.

Él y Jayden habían estado pensando por mucho tiempo en empezar un proceso de adopción para tener una familia. La idea de Nicholas en cuanto a un vientre de alquiler, aprovechando el material genético que tenía, sería una excelente oportunidad.

Para todos…

Era una locura. Una moneda al aire.

Pero, justamente, había sido su tío el que le había puesto el ejemplo de lo que era arriesgarse por quien amas.

Qué coincidencias de la vida misma que, justo un año después, el milagro estuviera ocurriendo.

—Esto es un buen presagio —había dicho Jayden de camino al hospital—. Es como si el universo hubiera conspirado para ello.

Llegaron al área de cuneros, encontrando a un nervioso Nicholas caminando de un lado a otro.

—Nick, ¿cómo estás? —preguntó Jayden tomándolo del brazo.

—Nari entró en trabajo de parto hace una hora —dijo el hombre, visiblemente nervioso.

—Es una extraordinaria coincidencia que nuestro bebé también haya decidido llegar al mundo hoy. ¿No te parece, amigo? —dijo Jeremy palmeando el hombro del moreno.

—Soy un hombre de ciencia —comenzó el moreno—, pero debo reconocer que esta coincidencia no es más que un milagro o cosa del destino.

Los tres se quedaron parados frente al cristal de los cuneros, esperando a conocer a sus bebés.

Mientras, Jeremy recordaba su conversación con Nicholas un mes después del funeral de la pareja:

—Son sus células, su sangre. Serán ellos mismos, exactamente.

Una vez que crezcan, tendrán sus mismos recuerdos, sus mismos pensamientos y su mismo sentir.

Sólo serán nuestros hijos en el proceso y el tiempo que se nos permita.

Conocemos su historia. Nadie mejor que nosotros para criarlos y nadie mejor que ellos para comprendernos, Jerry.

Estaba feliz, emocionado y, a la vez, aterrado. Jayden y él al fin serían padres, y de quién mejor que de él.

Dos enfermeras entraron a la habitación, cada una cargando a un bebé.

Colocándose frente a ellos, del otro lado del cristal, descubrieron las caritas de los recién nacidos.

¡Y ahí estaban de nuevo! Eran inconfundibles.

Ambos dormían plácidamente, mientras sus cabelleras resaltaban en contraste.

Una rubia como el día; la otra, negra como la noche.

Mientras Nicholas y Jayden se pegaban al cristal, contemplándolos embelesados, Jeremy los miró satisfecho antes de decir:

—¡Bienvenidos de nuevo al mundo, Thomas y Robert!… Esta vez, nada ni nadie les impedirá amarse como se deben.