Young Blood Epílogo
100%

Epílogo

—¿Por qué tengo que arreglarme, papi? —preguntaba el pequeño pelinegro a uno de sus padres mientras este terminaba de peinarlo.

—Ya te dije que hoy conocerás a un amigo nuevo, Tomy —respondió Jayden con calma mientras le cepillaba la negra cabellera.

—No necesito más amigos nuevos. Peter es mi mejor amigo —decía el adorable pequeño, haciendo un puchero y sacando una tierna sonrisa a su padre.

—¿Ya está listo mi muchacho? —preguntó Jeremy entrando a la habitación.

—¡Papá! —salió corriendo el pequeño a su encuentro—. Llegaste temprano del hospital —dijo el pelinegro cuando su padre lo levantó en brazos—. Papi, Jayden me obligó a bañarme porque voy a conocer a un nuevo amigo —dijo indignado.

—Así es, pequeño. ¿Estás listo?

El pequeño asintió, no muy convencido.

—Vamos abajo. El tío Minho y Jin-Mae vinieron conmigo —dijo Jeremy.

Y el pequeño se bajó de sus brazos para salir corriendo a saludar a la pareja.

Ellos también habían sido parte de este proceso y, después de que el oficial Gwon hubiese ido varias ocasiones a hablar con el joven encargado del motel y tuvieran muchas conversaciones sobre la historia de la especial pareja, se habían enamorado y casado un año después, aceptando ser los padrinos del pequeño pelinegro, Thomas Brown.

—¡Tío Minho, tío Mae! —bajó el pequeño corriendo a los brazos de Jin-Mae.

—Pero qué guapo conejito veo —dijo el hombre dándole un beso en su mejilla—. Ay, eres tan hermoso y sonriente que no puedo imaginar que te convertirás en un tipo malhumorado y gruñón —dijo suspirando y haciendo reír al pequeño.

—Tío Mae dice muchas cosas raras —dijo el pequeño pelinegro pasando a los brazos de Gwon.

—Tío Mae está loco —dijo el oficial Gwon frotando su nariz con la del pequeño—. Pero así lo queremos, ¿verdad?

—Sí —dijo riendo divertido y, bajándose, corrió a la ventana a esperar ver un auto nuevo llegar.

—Hola, chicos —saludó Jayden a la pareja.

—Nicholas y Nari llegarán en cualquier momento —dijo Jeremy.

—¿Por qué esperar tanto tiempo a que se conocieran? —preguntó Jin-Mae.

—Los recuerdos de ellos —comenzó Jeremy— empezaron a formarse a los cinco años, cuando se conocieron en el preescolar. Nicholas dijo que no debíamos formar nuevas memorias que los confundieran, que era mejor esperar a activar sus recuerdos originales a la edad exacta en que comenzaron a formarlos.

—¿Y crees que funcionará? —preguntó Minho.

—Ya veremos —respondió el cirujano justo antes de que el pequeño Thomas comenzara a gritar que un auto se acercaba.

Saliendo los cuatro hombres afuera de la casa, con el pequeño al frente de ellos, esperaron expectantes a los tripulantes del automóvil.

Nicholas y Nari se bajaron de los asientos delanteros, saludando a las parejas a lo lejos, mientras Nari abría la puerta trasera del auto.

Un hermoso rubio de mofletes rosados y boquita esponjosa, vestido en traje de marinerito, bajó del asiento trasero.

Sus hermosos ojos color miel parpadearon, sorprendidos, mirando a su alrededor, sacudiendo sus largas pestañas en el proceso, deteniendo la mirada en el pequeño pelinegro de playera polo y bermudas de mezclilla, que se acercaba a él, mirándolo con curiosidad.

—¿Tú eres el amigo nuevo que mis papis dijeron que vendría a conocerme? —preguntó al hermoso niño que lo miraba con timidez, sujetando sus manitas al frente—. Soy Thomas Brown —dijo extendiendo su manita para saludarlo, tal como su padre le había enseñado que se hacía.

—Soy Robert Green —dijo el pequeño rubio extendiendo también su manita para saludarlo.

Mientras, los adultos se mantenían quietos y en expectativa, contemplando la escena.

—¿Puedo decirte Tomy? —preguntó el rubio—. Tú puedes decirme Bobby. Así me dicen mis papás.

—¿Bobby? —preguntó el pelinegro ladeando su cabeza.

—Sí, Bobby —dijo el pequeño, con una hermosa sonrisa que le hacía empequeñecer sus bellos ojitos.

—¡Bobby! —repitió el pelinegro antes de abrir los ojitos de sorpresa y acercarse al pequeño rubio, abrazándolo por el cuello.

—Bobby… ¡Mío!