Young Blood Capítulo 43
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Capítulo 43

Entre Nari y Thomas tomaron a Bobby y lo guiaron a la habitación

Era una suerte que, a esas horas, los pasillos estuviesen vacíos; los abuelos dormían, no había personal de oficina y la recepcionista se había ido a la cafetería después de haber hablado con Thomas.

Nicholas los recibió en la habitación y ayudaron a Robert a llegar a su cama.

—¿Por qué él está cambiando ya? —preguntó Thomas al hombre mientras Nari ayudaba a Robert a colocarse la ropa del asilo. El cabello de este último había comenzado a emblanquecer en la raíz.

—Puede que sus células, dañadas por la enfermedad, hayan acortado el efecto antes de tiempo —dijo Nicholas sacando una jeringa de su maletín, llenándola con el líquido de una ampolleta—.

Morfina —le aclaró a Thomas, que miraba con duda—.

La traje para aplicárselas y evitarles el dolor por el cambio de nuevo, ya que esto será más acelerado y doloroso —afirmó cabizbajo.

—Hazlo —propuso Tom angustiado, señalando a Bobby—. Yo aún estoy bien.

—Pronto la necesitarás también —dijo Nicholas antes de dirigirse a inyectar a Bobby.

Nari se acercó a Thomas con la ropa del asilo para que también se cambiara.

Tom comenzó a despojarse rápidamente de las ropas que traía, pero con la mirada fija sobre el amor de su vida, quien mantenía los ojos cerrados, respirando con dificultad mientras su pecho subía y bajaba rápidamente por el esfuerzo de inhalar aire.

Dejando todo tirado en el piso, se acercó con rapidez a la cama que él ocupaba, al lado de la de Bobby, y la empujó para pegarla a la del rubio.

Subiéndose, se recostó de lado, tomando su mano y depositando un beso suave.

—Aquí estoy, mi vida, listo para partir a tu lado —dijo acariciando su cabello, ya casi en su totalidad blanco de nuevo.

La piel del rostro de Bobby empezaba a mostrar, poco a poco, las arrugas de la vejez, como si se estuviese deshidratando a una velocidad acelerada.

—Tom —lo llamó abriendo los ojos con dificultad y tocándole el rostro—, aún sigues joven y guapo —declaró con una débil sonrisa—. Desearía que te quedaras así por siempre, mi vida.

—No, no, Bobby. Me iré contigo, mi vida.

Sólo que tu enfermedad aceleró la regresión.

Pero no te desharás de mí tan fácilmente —dijo riendo sin gracia—.

Te seguiré a donde vayas, mi amor. Te amo como siempre y como nunca.

¿Lo recuerdas?… y prometo… Prometo buscarte en la siguiente y en todas las vidas que nos permitan reencarnar, mi amor —dijo con las lágrimas resbalando por sus mejillas—.

Eres mi alma gemela, Bobby por siempre y para siempre —dijo besando la débil sonrisa de su amado.

—Thomas —habló Nicholas—, el proceso ya comenzó en ti —dijo señalando cómo su negra cabellera comenzaba a decolorarse de la raíz—. Déjame administrarte la morfina antes de que sea doloroso.

El pelinegro asintió y Nicholas lo inyectó.

—Me disculpo por la cámara —dijo el hombre señalando la moderna minicámara colocada en el mueble frente a ellos—. Debía grabar el proceso para fines científicos. Pero, si ustedes desean privacidad en este momento, Nari y yo podemos salir.

Thomas asintió y la pareja salió a esperar.

Sus pieles se fueron arrugando poco a poco y sus canas cubrieron en su totalidad sus cabezas; la vista volvió a nublarse y empezaron a sentir sus cuerpos pesados.

La morfina comenzó a adormecerlos mientras se les dificultaba respirar y el corazón comenzaba a tener un ritmo cardíaco anormal.

Estaban teniendo un infarto fulminante.

De costado, uno frente al otro y unidos de las manos, con su último aliento de vida se despidieron el uno del otro:

—Te… a… amo, Tom… Co… como siem… pre —dijo Robert antes de que sus ojos se cerraran.

—Y… Co…mo… Nunca —respondió el pelinegro, con su último aliento de vida, partiendo al lado de su amado.

La puerta fue abierta abruptamente y Jeremy entró, encontrando una hermosa y devastadora escena.

Ambos ancianos habían muerto, uno al lado del otro.