Capítulo 42
—Sujétate bien, cariño —dijo el pelinegro acelerando la motocicleta.
No había tiempo para tomar un camino alterno; tendría que pasar a un costado del tráiler volcado, librando a los policías y las patrullas paradas en el lugar.
Elevando una plegaria silenciosa de ayuda al universo, y sintiendo el agarre firme de Bobby sobre su cintura, Thomas salió disparado por la orilla del camino.
El oficial parado al frente del accidente, a un lado de su patrulla, hizo señas para que el motociclista se detuviera. Pero este no obedeció, teniendo el uniformado que hacerse a un lado para no ser arrollado.
—Un par de chicos en motocicleta están atravesando sin permiso —avisó a sus compañeros al otro lado del tráiler volteado, recibiendo estos el mensaje cuando la motocicleta iba atravesando frente a ellos.
—¡Alto!… ¡Deténganse! —gritaron.
Con la mirada al frente, concentrado en esquivar los obstáculos, el pelinegro, inclinando todo su cuerpo hacia el frente, aceleró aún más.
Mientras, el rubio detrás de él iba agarrándose fuerte.
Con la frente presionada en la espalda del contrario y los ojos cerrados, soportaba los dolores de su enfermedad volviendo, escuchando los disparos lanzados al aire y luego los sonidos de patrullas detrás de ellos.
El oficial Gwon había escuchado el reporte policiaco en su radio.
Llegando al lugar, se identificó, indicando que iba en persecución de los mismos chicos.
Dejando su auto en la orilla y atravesando con Jeremy el accidente a pie, del otro lado le fue prestada una patrulla, subiéndose ambos hombres y continuando su camino a toda velocidad.
—¡Resiste, bebé, estamos cerca! —le gritaba Thomas a Bobby mientras veía las luces de las patrullas detrás de ellos.
La entrada del asilo estaba cerca, pero no pensaba llevar todo un operativo de policía al lugar y meter a todos en problemas.
Pasando de largo por el camino de entrada, y con la policía pegada a sus espaldas, un kilómetro más adelante, avisándole a Bobby que se sujetará aún más fuerte, dio una peligrosa vuelta en U justo cuando un automóvil venía de frente, a pocos metros de él.
El chófer, asustado de chocar de frente con el motociclista, dio el volantazo hacia un lado estampando de costado a la patrulla, que venía justo detrás de Thomas, haciéndola frenar de golpe y que la segunda patrulla se estampara detrás de ella.
—¡Wuhoooo! Lo logramos, mi amor, lo logramos —le gritó Tom.
Riendo con debilidad, Bobby habló:
—Lo sabía. Siempre has sido mi héroe, mi amor.
—Resiste, bebé, ya llegamos —dijo desviándose hacia el caminó al asilo.
Llegando, desmontó la moto y llevó a un muy débil Bobby a recepción, donde lo sentó en una de las sillas de espera.
—Aguarda aquí, bebé. Voy por Nari.
El rubio asintió mientras el dolor lo mantenía encogido.
—Señorita, buenas noches. Necesito que llame a la enfermera Nari. Es una emergencia, por favor.
—¿Quién lo busca?
—Tom… Tom y Bobby. Dígale, por favor.
—Sí, permítame un momento —dijo la mujer llamando a la enfermera.
Cinco minutos después, Nari llegó corriendo a recepción.
—Tom… ¡Dios! Estábamos tan preocupados por ustedes…
—Nari —dijo Thomas sosteniéndola por ambos brazos—. Bobby. Bobby está mal. Él… El retroceso ha comenzado en él ya.