Young Blood Capítulo 38
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Capítulo 38

—Vamos a tomar una ducha y empaquemos todo para estar listos —sugirió el pelinegro.

—Me parece excelente —dijo Bobby con una débil sonrisa.

—Déjame verte un poco más —pidió Thomas después de que se hubiesen desnudado, observándolo no con lujuria.

Su mirada era de apreciación, grabando a detalle cada centímetro de su piel, cada curva, cada lunar sobre su cuerpo.

Pasó sus dedos, con suavidad, en las marcas de amor que había dejado unas horas atrás sobre la nívea piel del chico.

Tocó con delicadeza los moretones en sus caderas, donde lo había sostenido con fuerza en la intensidad de la pasión.

—Lo siento —dijo mirando a Bobby.

—No lo sientas —respondió este tocando la mordida que había hecho en el cuello del pelinegro—. Son heridas de guerra —dijo con diversión, contagiando una amplia sonrisa a su amado—. Me ha encantado ser tuyo y que fueras mío en todas las formas.

—Yo siempre fui tuyo, Bobby —dijo acercándose y envolviéndolo con ambos brazos alrededor de su cintura—.

Estas horas a tu lado han sido maravillosas y mágicas.

Pero yo soy tuyo desde hace ochenta años, cuando te vi por primera vez.

Tus sonrisas y tus triunfos, tu dolor y tu llanto…

Todos los gocé y sufrí como si fueran míos.

Y aunque no hubiésemos tenido esta oportunidad, habría partido de este mundo con la seguridad de que fuiste mío y yo de ti.

—Por siempre y para siempre —respondió Bobby.

—Por siempre y para siempre, cariño —reafirmó Thomas, con su frente recostada en la del rubio.

Se metieron a la ducha y cada uno lavó el cuerpo del contrario para finalizar con una sesión de besos y caricias suaves y prolongadas, donde el agua que caía sobre ellos diluía las lágrimas que ambos hombres derramaban sobre el hombro del otro disimuladamente por su cercano final.

Jeremy llegó a las 7:00 p. m. al asilo. El tráfico y un accidente carretero a las afueras de la ciudad en la autopista principal, que lo conducía al lugar, habían retrasado su camino cuarenta minutos más de lo normal.

Mientras esperaba en su auto, trataba de encontrarle sentido a la situación.

¿Qué le diría a su tío?

«Hey, al parecer hay alguna especie de clones de ti y tu amado Robert White por la ciudad, viviendo la vida de tus sueños». O… «¿Acaso retrocedieron en el tiempo y eran ustedes mismos?».

Sonaba tan loco como estúpido.

Realmente no sabía qué resolvería al ver a su tío personalmente, pero tenía la corazonada de que debía hacerlo.

—Buenas noches, señorita. Sé que no es horario de visita ya, pero me gustaría ver a mi tío, el señor Thomas Wood. Es un asunto importante —dijo el cirujano a la recepcionista del lugar, quien le indicó que se comunicaría con la enfermera en turno.

Nari llegó diez minutos después del llamado.

—Señor Brown —saludó un poco inquieta—. Me informan que quiere ver a su tío, pero… Me temo, señor, que eso no será posible —dijo con sus manos entrelazadas, evitando retorcerlas de ansiedad—. Mire, es demasiado tarde y su tío y su compañero de cuarto están en aislamiento.

—¿Aislamiento?… ¿Por qué?

—Emm, bueno, ellos están un poco resfriados y están en reposo.

—Un resfriado no le impedirá recibirme. Iré a hablar con el gerente para que lo autorice —dijo Jeremy intentando avanzar.

—¡Es covid-19! —dijo la mujer con rapidez, interponiéndose en su camino, con el pánico visible en su cara.

—¿Qué…? ¿Co… covid? —dijo el hombre tratando de procesar la información—. Hace cuarenta años que no hay un caso de covid-19, señorita. Eso no puede ser posible. Y… ¿Por qué no fui notificado?

—Por lo mismo, doctor Brown. El diagnóstico no ha sido confirmado aún.

Ellos, ambos pacientes, están en observación.

Se les hizo una prueba rápida y arrojó ese resultado.

Aún no sabemos cómo es que un virus erradicado está en su sistema y usted entenderá que, si la información se divulgara, se crearía un pánico social debido a la magnitud que esa enfermedad tuvo hace años.

El hombre la miró con preocupación.

—Entenderá que, por su bien y hasta que no estemos seguros del diagnóstico, lo mejor es que usted tampoco entre en contacto con los pacientes, doctor —dijo la mujer.

Después de un largo silencio y, aún con un poco de desconfianza, Jeremy accedió:

—Regresaré mañana, y espero tener una respuesta de parte de su superior.

Dio media vuelta y se retiró, frustrado, hacia la salida.