Young Blood Capítulo 37
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Capítulo 37

Desnudo y entre los brazos de Thomas, Bobby vio lo que sería el último ocaso en su vida.

Contrariamente al miedo que cualquier otra persona pudiese sentir por saber que sus horas estaban contadas, él se sentía en paz y más feliz de lo que nunca había sido en su vida.

Había disfrutado un sinfín de experiencias nuevas y maravillosas al lado del hombre que amaba, y que lo había amado incondicionalmente siempre. Se había unido a él en cuerpo, alma y corazón, y de manera legal ante los ojos de Dios.

Pensaba que, si había un cielo o un paraíso después de la muerte, estaba feliz de partir a él al lado de Thomas.

Incluso si el infierno era su final, tal como les habían enseñado que era el destino de los homosexuales en la iglesia durante su juventud, estaría satisfecho de pasar una eternidad con él ahí.

—Está enfriando, cariño. Vayamos a prepararnos y a descansar un poco antes de regresar al asilo —dijo Thomas besándole la coronilla de la cabeza mientras el contrario asentía, sonriendo en la oscuridad.

Se vistieron, subieron a la moto y partieron rumbo al motel. Aún quedaban cinco horas para la medianoche.

Cuando llegaron, Jin Mae salió a recibirlos algo ansioso, retorciendo sus manos.

—Hola, Jin-Mae —lo saludó Bobby sonriente, bajando de la moto.

—Hola, pervertido —dijo Thomas aún montado en ella.

—¿Es cierto que ustedes la robaron? —preguntó el encargado sin rodeos, señalando el vehículo.

Bobby giró a ver a Tom, sorprendido de que el chico supiera esa información.

—¿Por qué dices eso? —preguntó el pelinegro dándole una mirada neutral al encargado.

—Un oficial vino en la tarde. Él… Él traía una foto de ustedes dos. Dijo que eran unos ladrones y que los estaba buscando.

—¿Y les dijiste que estábamos aquí? —preguntó Thomas, ya con evidente preocupación.

—No, no —respondió rápido el chico moviendo sus manos en negativa—. Yo le dije que no los había visto por aquí.

—¿Por qué harías eso? —preguntó Bobby con una sonrisa bondadosa.

—Porque, por alguna razón, no los creo unos delincuentes. Y me caen bien… Tú más que él —dijo señalando a Thomas con reproche, haciendo reír a Bobby, quien se lanzó a abrazarlo:

—Gracias por hacer eso por nosotros, Jin-Mae.

—De… de… nada —dijo Jin-Mae, correspondiendo al abrazo y mirando a Thomas, quien volvió a hacerle la señal de que lo estaba vigilando, poniendo dos dedos en sus ojos y, después, señalándolo a él, aunque, definitivamente, ya no lucía tan intimidante como antes.

—Gracias —le dijo el pelinegro con sinceridad cuando se hubo separado de Bobby.

—El oficial dijo que lo llamara si tenía noticias sobre ustedes.

No sé si me creyó o no lo que le dije, pero podría darse otra vuelta por aquí, ya que sabe que cargaste gasolina en la estación de más adelante.

Les sugiero que pongan la motocicleta en la parte de atrás del motel para que no sea vista.

—Sí, gracias —dijo Bobby.

—Sólo tomaremos una ducha y, tal vez, descansaremos una hora antes de irnos —dijo el pelinegro, arrancando la moto para llevarla a la parte trasera.

—Tengan todas las luces apagadas y, en caso de que el oficial regrese, les marcaré al teléfono de la habitación para que tengan tiempo de huir —dijo el encargado.

—No somos malas personas, Jin-Mae, te lo puedo asegurar —dijo el rubio—. Sólo tenemos una historia complicada y poco tiempo para contarla. Pero te agradezco tu ayuda y confianza.

—Sé que no son malas personas —dijo el encargado sonriendo—. Vayan a descansar. Yo estaré al pendiente de ustedes.

—Ha sido un gusto conocerte, Jin-Mae —dijo Bobby dándole un beso en la mejilla antes de retirarse a su habitación.

—Para mí también lo ha sido, Bobby. Para mí también —dijo Jin-Mae dando media vuelta con una sonrisa en el rostro, dispuesto a cuidar de la peculiar pareja.