Capítulo 36
—Muchas gracias por venir. Por favor, pase a mi oficina, señor Brown.
—¿Los han atrapado ya? —preguntó el doctor sentándose de manera elegante frente al escritorio del oficial.
—Estuvimos a punto —respondió el oficial, pasando la mano por su cabellera con frustración—.
Escaparon de mis manos, desafortunadamente.
Pero… Pudimos reunir algunos datos curiosos sobre ellos, gracias a las cámaras de vigilancia de toda la zona comercial, y tenemos imágenes más claras —dijo colocando varias fotografías de gran tamaño sobre su escritorio.
Jeremy las tomó para echarles un vistazo mientras el oficial comenzaba su reporte:
—Son algunas tomas de las afueras del centro comercial —habló el oficial—. El pelinegro fue a una tienda de antigüedades, donde cambió este Rolex —dijo mostrando el reloj que había decomisado del lugar.
Jeremy lo reconoció de inmediato como posesión de su tío.
—Por un par de anillos de matrimonio y algo de efectivo.
—¿Anillos de matrimonio? —preguntó Jeremy sorprendido, levantando la vista de la foto del rubio, que había llamado su atención.
—Sí, matrimonio. Ellos se casaron en la iglesia de la zona.
Y esa es mi duda. ¿Por qué un par de delincuentes, que son buscados por el robo de un vehículo, toman una pausa para un matrimonio exprés y, luego, para ir a patinar y divertirse al centro comercial?
—dijo el oficial mirándolo de frente, mientras Jeremy le daba toda su atención—.
El caso es que, como el encargado de la tienda de antigüedades no nos pudo dar un nombre debido a que no pide ninguna identificación, decidimos investigar en la iglesia y ¡bingo!
Nos dieron el nombre del par de chicos, que se casaron a las dos de la tarde.
—¿Y qué nombres le dieron, oficial?
—Según el sacerdote que ofició la unión, confirmó también que los chicos no portaban identificaciones, pero los nombres que dieron fueron…
—dijo buscando en su cajón el papel donde los había anotado—.
Thomas Wood y Robert White —dijo al mismo tiempo que Jeremy se detenía, estupefacto, mirando la última fotografía, la que la ceremonia de boda incluía en el pago.
«No es posible», pensaba asombrado ante las coincidencias.
Los chicos de la imagen no sólo habían dado los nombres de su tío y de su amor platónico. ¡Eran ellos!
¿Pero cómo podían ser ellos?
¿Qué carajos estaba pasando?
—¿Señor Brown? —preguntó el oficial ante el silencio y la cara de asombro que el hombre mostraba—. ¿Los conoce? Porque, según los datos que tengo, son los nombres de su tío y su compañero de asilo. Entonces estos chicos no sólo robaron su moto, también robaron sus identidades. ¿Está de acuerdo?
—Iré a visitar a mi tío al asilo. Debo hablar con él —dijo Jeremy levantándose abruptamente de la silla.
—¿Desea que lo acompañe? —preguntó el oficial levantándose también.
—No, no… Yo… Debo ir solo. Necesito preguntarle algunas cosas y ver cómo está. Y, oficial, quiero que encuentre a estos chicos y los atrape, por favor.
—Por supuesto, seguimos trabajando en ello.
—Muchas gracias —dijo el cirujano extendiendo la mano y despidiéndose del oficial.
Montando en su auto, Jeremy llamó a Jayden, avisando que llegaría más tarde a casa y condujo con rumbo al sitio de reposo de su tío, con muchas dudas y demasiadas ideas dando vueltas en su cabeza, echando un vistazo cada determinado tiempo a la foto de los recién casados, sobre el asiento del copiloto, sin poder entender las extrañas coincidencias de la situación.
Debía hablar con su tío y tenía muchas preguntas por hacerle. Pero sobre todo… debía verlo personalmente.