Young Blood Capítulo 35
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Capítulo 35

—¡Santo cielo! —exclamó Thomas ante la maravillosa sensación de estar envuelto en el estrecho interior de su amado—. Podría morir aquí mismo y ser feliz —dijo sobre la boca del contrario, con los ojos cerrados y la frente recostada en la de Bobby.

—Se vería muy mal que encontraran a dos ancianos muertos y desnudos en esta posición —respondió el rubio sonriendo. Mantenía también los ojos cerrados, adaptándose al grosor del miembro de Thomas y relajándose con su voz.

—Excelente argumento —dijo el pelinegro levantando el torso y sosteniéndose sobre sus manos mientras le miraba con una amplia sonrisa, comenzando con penetraciones suaves.

—Sí… lo es… ummmngggg —se interrumpió Bobby con un agudo gemido, arqueando la espalda y exponiendo el cuello, mientras Tom aprovechaba para bajar y chuparlo con ansias.

—Te amo, te amo —declaró el pelinegro chupando y mordiendo la blanca y sensible carne con desesperación—. Nunca dejé de amarte. Y lo seguiré haciendo aun después de la muerte, Mimi.

Tomando su rostro entre sus manos, Bobby hizo que lo mirase a los ojos antes de responder:

—Yo también te amo, Tom. Eres… ummg —respondió apretando los ojos y estremeciéndose mientras Thomas masajeaba su punto dulce, encantado de hacerlo gemir sorpresivamente—.

Eres… el amor de mi vida, Tom. Soy tuyo aquí y en la eternidad, y en todas las vidas que nos toque coincidir…

Por siempre y para siempre —añadió antes de atraerlo a su boca y besarlo con pasión, incrementando la intensidad del acto.

Thomas pasó sus brazos por detrás de las rodillas del rubio, doblándolo por la mitad, levantando y abriendo sus piernas, empezando un intenso golpeteo de caderas en el precioso culo que lo volvía loco.

Mientras, Bobby pasaba sus brazos entre los de Thomas, envolviendo su cintura y acariciando su espalda de arriba abajo; primero, con suavidad, pero a medida que las estocadas de Tom se volvían más salvajes, las uñas de Bobby habían comenzado a clavarse en la piel del pelinegro, haciéndolo sisear por el dolor mezclado con la excitación.

—¡Oh, sí, Bobby…! ¡Sí! —exclamó Tom cuando este le clavó las uñas en los glúteos—.

¡Mierda, sí! —dijo antes de morder la elegante clavícula del rubio, quien ante la acción apretó aún más las nalgas del contrario, soltando el agarre cuando Thomas, con sus labios, alivió el ardor de la mordida chupando la zona.

La polla de Bobby se había llenado de nuevo ante la estimulación y la forma en la que Thomas bombeaba en su interior, rápido y con precisión. Tom podía sentirla frotándose entre sus vientres y humedeciéndolos a ambos.

Levantándose, Tom se sentó sobre sus talones, aún unido a Bobby, mientras lo tomaba de las caderas, montando sus nalgas sobre sus muslos.

Con el culo elevado y la espalda en el piso, Thomas tenía una vista maravillosa de Bobby expuesto para él, con la polla llena y de lado sobre su pierna.

Tomándola en su mano, empezó a masturbarla mientras lo penetraba con la intensidad que la posición lo permitía.

Bobby enganchó las piernas detrás de Thomas para afianzarse a él.

—¡Más, Tom! —dijo el rubio apretando sus propios pezones con sus dedos, calentando la sangre de Thomas al máximo ante la erótica vista.

—¿Más, bebé?

—S…í… Sííí.

Soltando el miembro de Bobby, Tom tomó las caderas del rubio con ambas manos, comenzando a clavarlo rápido y fuerte mientras este llevaba una de sus manos a su polla, para empezar a masturbarla y la otra continuaba apretando uno de sus pezones.

—¡Diablos, mi vida! Te… Te ves tan malditamente caliente, ummmg —dijo Thomas en medio de sus frenéticas penetraciones, contemplando a su chico sacudirse al ritmo de sus estocadas, con una sexi sonrisa y los ojos pesados de lujuria.

—Ya casi, Tomy… Ya casi —afirmó Bobby afianzando el agarre de sus piernas alrededor de las caderas de Tom—.

Así, así, mi amor… ¡Oh, sííí! —dijo apretando las piernas y el culo alrededor de la polla del contrario mientras su miembro escupía otra pequeña cantidad de semen sobre su vientre, haciendo al pelinegro estallar en su interior, sujetándolo con firmeza de las caderas, manteniéndolo quieto para saborear las contracciones de su apretado esfínter en su sensible polla.

Habiéndose estabilizado, Thomas salió de su interior. Acostándose a su lado, y envolviéndolo en sus brazos besó su frente, disfrutando del sonido de sus respiraciones agitadas, igual de intensas que las olas del mar golpeando al fondo.