Capítulo 34
Saliendo del interior de Thomas, Bobby se acostó boca abajo sobre la improvisada manta mientras el pelinegro, arrodillado cerca de los hombros del rubio, tomaba el lubricante y dirigía sus dedos al glorioso trasero del chico.
Levantando el culo, Bobby le dio más acceso a los largos dígitos, que, después de trazar círculos en su entrada, habían comenzado a hundirse con lentitud, primero uno, con un exquisito vaivén de adentro hacia afuera y, rápidamente, Thomas había agregado un segundo dígito junto con otro poco más de lubricante.
Girando el rostro en la posición en la que estaba, Bobby se encontró con la polla de Tom muy cerca de su cara.
Gruesa, completamente dura y curvándose hacia arriba, tenía pequeñas sacudidas de excitación cada vez que él gemía cuando el pelinegro frotaba su punto dulce, complaciendo a Thomas en demasía la excitación de su ahora esposo.
Haciéndose agua su boca ante la virilidad de su amado, Bobby llevó sus labios a la cabeza hinchada de la polla contraría, cubriéndola con delicadeza, ganándose un gemido ronco y profundo por parte del pelinegro, quien se estremecía ante la sorpresa de los tibios y carnosos belfos envolviendo su falo.
—Bobby —susurró Tom en medio de otro gemido—, ¡para, bebé! O vas a hacer que me corra —dijo con poca convicción, ya que sus caderas habían empezado a moverse de adelante hacia atrás, penetrando los esponjosos labios del rubio.
Con un sonoro «¡plop!». Bobby sacó la polla de su boca, dirigiéndole una sensual sonrisa antes de decir:
—Entonces será mejor que te apresures a follarme.
—Me vuelves loco, mi vida —respondió el pelinegro antes de inclinarse a besarlo de forma desordenada mientras aún mantenía los dedos dentro del apretado culo y comenzaba a follarlo con ellos.
—Tom… ummmg… ¡Ya! —exclamaba el rubio sobre la boca del contrario entre besos húmedos, empezando a retorcerse de placer.
—¿Estás listo para mí, bebé? —preguntó Thomas antes de tomar su labio inferior entre sus dientes, dándole una suave mordida.
—S…í… Sí… Lo estoy —respondió Bobby entre jadeos antes de que el pelinegro enredara su lengua con la suya y comenzara a chuparla con erotismo, teniendo al rubio balanceando el culo de adelante hacia atrás, en busca de más profundidad.
—Estás completamente listo y ansioso para mí… ¿Verdad, bebé?
La boca de Thomas sobre la suya, besándolo y embriagándolo con palabras sexis y amorosas, lo tenía al límite de la lujuria mientras pensaba en lo necesitado y ansioso que se había vuelto por el sexo con Tom en sólo un par de horas.
—Si lo hubiese probado antes, jamás habría podido vivir sin él —meditó Bobby con preocupación, pensando en lo aún más miserable que hubiese sido su vida matrimonial ante la abstinencia de Thomas Wood, agradeciendo la libertad de poder amarlo ahora.
Lo amaba. Adoraba a este hombre más de lo que sabía, y quería impregnar cada centímetro de su cuerpo y su piel con su esencia, su toque y su amor.
Quería partir al más allá tranquilo y satisfecho, sabiendo que se había entregado a él en cuerpo y alma, y que había disfrutado sin límites con el hombre de su vida.
—Te necesito, Tom… Estoy listo para ti, mi amor.
Sacando los dedos de su interior, Thomas fue a colocarse entre sus piernas y habló:
—Bocarriba, cariño. Quiero verte.
Girándose para quedar sobre su espalda, Bobby extendió las piernas, al igual que la sonrisa en su rostro.
Y, mientras Thomas comenzaba a hundirse en su interior, grababa en su cerebro cada detalle, cada gesto del hermoso rostro del hombre que amaba debajo de él.
Quería que esa imagen de Bobby, disfrutando su unión y mirándolo con los ojos cargados de amor, fuera lo último que tuviera en su mente cuando cerrase los ojos en su último aliento de vida…