Young Blood Capítulo 32
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Capítulo 32

Huyeron por la línea costera con rumbo al motel, pero Thomas se desvió antes, y se metió en un camino de terracería poco transitado, con rumbo al mar.

Metros más adelante, creó su propio sendero en medio del bosque, internándose un par de kilómetros más, hasta llegar a un claro con hierba baja en medio de altos árboles, a la orilla de unos riscos y piedras.

Con cuidado, se podía bajar al mar, que estaba enfrente.

Sin embargo, al ser una zona rocosa y sin playa, las personas no la visitaban.

Esto creaba el espacio perfecto y solitario para la pareja, quien, con la adrenalina fluyendo por sus venas, desmontaron el vehículo y, sin palabras de por medio, como imanes se atrajeron para fundirse en un beso desesperado, lleno de emoción, amor y ansiedad.

El tiempo se agotaba y no planeaban desperdiciarlo.

—Compré un lubricante de bolsillo antes de llegar por ti al centro comercial —decía Thomas entre besos desesperados, comenzando a desnudar al rubio—.

Quiero que me folles aquí, en la hierba.

No tenemos tiempo de esperar a llegar al motel si nos están buscando ya —añadió antes de chupar las clavículas del rubio en su torso desnudo, mientras el contrario luchaba por desabrochar el pantalón del pelinegro, asintiendo a su petición.

Se desnudaron y Bobby colocó las ropas de ambos sobre la hierba, como una especie de manta, donde juntos se arrodillaron. Bobby jugaba con uno de los pezones de Tom detrás de él entre sus dedos y la otra mano masturbándole su polla firme y gruesa.

Mientras Thomas, con un brazo, se sostenía de la nuca del rubio, manteniéndolos unidos en un beso, y con la otra mano la había llevado hacia atrás, donde frotaba con suavidad el sensible glande del miembro de Bobby.

—Tomy —susurró Bobby en sus labios cuando separaron sus bocas—, tengo… Tengo miedo de no hacerlo bien y lastimarte. Yo… Es la primera vez que haré esto.

—¿Me amas? —preguntó el pelinegro mirándolo de costado.

—Como siempre y como nunca, mi cielo —respondió el rubio, con una amorosa sonrisa.

—Entonces no tienes nada que temer, mi vida. Confío en ti y en tus instintos —dijo dándole el lubricante, que había sacado de su bolsillo con anticipación.

Bobby vació una generosa porción en sus dedos y los guio en medio de las bien proporcionadas nalgas del pelinegro.

Con calma y sutileza, empezó a tantear su entrada, haciendo gemir al contrario ante su tacto, mientras la boca del rubio se encargaba de acariciar la espalda, los hombros y la nuca del pelinegro, que no había dejado de acariciarle la polla, recostada en una de sus nalgas, comenzando a humedecerla por el presemen que filtraba.

Thomas pausó un momento sus caricias para acercarse la mano a la boca y escupiendo sobre ella, la llevó de nuevo a la sensible polla del rubio para continuar masturbándolo con mayor facilidad, haciendo estremecer a Bobby ante la erótica acción, aprovechando para introducir el dedo en la estrecha cavidad del pelinegro, quien, ansioso, se lo tragó, apretándolo con sus paredes anales.

—¡Oh, Tom! —gimió Bobby ante la sensación, imaginando lo que sería cuando su polla estuviera dentro.

—O… Otro dedo, bebé… por favor —gimió Thomas sobre su boca.

Introduciendo un segundo dedo, Tom comenzó a empujarse hacia atrás, clavándose en el proceso sobre el par de dígitos y masajeando su próstata en los dedos de Bobby, quien los mantenía quietos, dejando al pelinegro buscar su placer mientras lo sostenía con su otro brazo sobre su pecho.

Mirando hacia abajo, sobre el hombro del pelinegro, Bobby pudo ver la polla de este, totalmente firme y erecta al frente, teniendo pequeñas sacudidas cada vez que sus dedos frotaban la pequeña glándula en el interior del contrario, sintiéndose complacido y excitado en partes iguales por ver y sentir el placer de su amado.

Entonces, Thomas habló, incrementando al doble esas sensaciones cuando dijo:

—Estoy listo para ti, cariño. Ummg. Te… Te quiero dentro de mí… ahora…