Young Blood Capítulo 30
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Capítulo 30

A las afueras de la capilla, Nicholas y Nari se despedían de los nuevos esposos.

—Les compramos esto, de camino acá —decía la mujer entregándoles un mini pastel de color blanco con decoraciones de flores amarillas, que Thomas tomó—. No es una boda sin un pastel para celebrarlo.

—¿Se quieren quedar a compartirlo con nosotros? —preguntó Bobby.

—Muchas gracias —respondió Nicholas—, pero Nari entra a trabajar en una hora.

—Y, además, no queremos quitarles ni un minuto de su valioso tiempo a ustedes —dijo la mujer, limpiando una lágrima traicionera de la comisura de su ojo.

—Gracias, Nari… por todo —dijo Bobby abrazándola—. No tenemos manera de agradecerles lo que han hecho por nosotros.

—Es un placer. ¿Verdad, cariño? —dijo la mujer dirigiéndose a su esposo, quien los miraba conmovido.

—Así es —dijo el moreno poniendo una mano en el hombro de Thomas como muestra de apoyo—. Nos alegra que puedan estar viviendo un poco de lo que merecen.

Tom asintió, con una sonrisa agradecida, y la pareja se fue, recordándoles que a la medianoche debían estar de vuelta en el asilo.

Tenían diez horas aún.

Buscaron una banca en el malecón, frente al mar y bajo la sombra de una palmera, donde disfrutaron, dándose a comer su pastel de bodas el uno al otro.

—No definimos si te gustaría ser Robert Wood o que yo sea Thomas White —dijo Tom abrazando a Bobby, quien recostaba su cabeza en el hombro de su esposo.

—Robert Wood. Me gusta mucho cómo se oye —dijo el rubio sonriendo.

—Y tú me gustas mucho a mí —dijo Thomas levantándole la barbilla y tomándole la boca en un beso suave, cargado de amor.

—¿Hay algo más que quieras hacer antes de que regresemos al motel a que te haga el amor el resto del día? —preguntó Tom sobre sus labios.

—Si lo preguntas así, no puedo pensar en otra cosa más que querer llegar al motel —dijo el rubio sonriendo sobre la boca del pelinegro—. Aunque vi una pista de patinaje en uno de los centros comerciales que pasamos. ¿Podemos ir a patinar?

—Podemos hacer lo que tú quieras, mi amor.

—¿Lo que yo quiera? —preguntó el rubio mientras Tom, con los ojos cerrados, frotaba con delicadeza su nariz con la suya, respondiendo con un sonido afirmativo—.

Entonces quiero ir a patinar. Después quiero un helado.

Y al llegar al motel yo… quiero follarte —dijo en un susurro, haciendo que Tom abriera los ojos de inmediato.

—¡Diablos, mi vida! —exclamó Thomas antes de volver a tomar su boca de una forma ansiosa y necesitada—.

¿Ahora cómo diablos voy a patinar con una erección en mis pantalones?

—dijo mordisqueando el esponjoso labio inferior del chico, quien sonreía satisfecho porque Tom estuviese tan entusiasmado por su propuesta—.

¿Podríamos, no sé, conseguir un baño donde podamos hacerlo ya?

La carcajada divertida de Bobby calentó su pecho y su corazón.

Amaba a este hombre en cuerpo y alma.

—No voy a hacerle el amor a mi esposo por primera vez en un baño público —dijo fingiendo seriedad en el asunto—. No es nada romántico.

—Tampoco es romántico poner a tu esposo duro y no hacerte cargo de ello —dijo Tom girando su rostro al lado contrario de Bobby en un intento de falsa indignación, ya que la risa divertida de este último lo hizo volver a mirarlo, riendo juntos—.

Okey. Vamos a patinar. Después, por tu helado y luego al motel.

La pista de patinaje fue una experiencia divertida e inolvidable. Dos horas después, se dirigían hacia el estacionamiento donde habían dejado la moto mientras saboreaban un cono de helado cada quien.

Deteniéndose a cierta distancia, notaron una patrulla de policía estacionada en la calle detrás de la motocicleta, que estaba en un área de parking especial, sobre la amplia acera, mientras un hombre de traje les daba instrucciones a los dos policías que lo acompañaban.

Por lo visto, los estaban buscando ya.