Capítulo 29
Thomas había organizado todo de manera eficaz en tan sólo treinta minutos.
Había vendido su Rolex sin complicaciones al tipo obeso de la tienda de antigüedades, quien, por lo visto, estaba acostumbrado a comprar cualquier cosa sin preguntar su procedencia o identidad del vendedor.
Justo en su vitrina de exhibición, Tom había visto un par de anillos de matrimonio, que llamaron su atención.
Preguntando por el precio, el tipo le dijo que podía dárselos a cambio del Rolex y un poco más de efectivo.
El pelinegro, de inmediato, accedió y entonces preguntó por alguna iglesia de la nueva era.
Durante su estancia en el asilo, había visto en las noticias que la iglesia, hacía casi una década, había aceptado la unión entre dos personas del mismo sexo.
Había capillas especiales para la comunidad LGBT+.
Preguntando al encargado de la tienda si había alguna cercana, este respondió que a la vuelta de la esquina.
Tomando a Tom como señal inequívoca de que el destino estaba de su lado.
Llamando a Nicholas y Nari, les informó sus planes, pidiéndoles como favor especial que fuesen sus padrinos. Estos aceptaron de inmediato, saliendo veloces a su encuentro.
Y aquí estaban los cuatro frente al altar, con Nari del lado de Bobby y Nicholas al lado de Thomas.
Cada uno portaba una sortija, que darían a un novio para que la pusiera en el dedo del otro.
Después de un breve cuestionario a llenar y haber pagado la cuota por el casamiento, con una propina extra, gracias a la rapidez de la situación y a que los chicos no portaban identificaciones, el sacerdote accedió.
—Hoy estamos reunidos ante los ojos de Dios para efectuar esta unión de amor y amistad. Acompañados de sus amigos como testigos, comenzaremos con sus votos. Thomas —dijo dirigiéndose al pelinegro, quien sostenía las manos del rubio frente a frente.
—Robert White —comenzó el pelinegro dándole una amplia sonrisa—, te amo desde que te vi por primera vez, cuando sólo tenías cinco años, y siento que llevo amándote una vida entera —dijo haciendo sonreír a Bobby y a la pareja que los acompañaba ante la broma implícita—.
Y te amaré por el resto de ella. No importa si son un par de horas o muchos años más, estaré ahí para ti y para hacerte feliz durante ese tiempo.
Eres lo mejor de mi vida, ayer, hoy, mañana y siempre.
¿Aceptas ser mi esposo? —finalizó mientras Nicholas le pasaba la sortija.
—Acepto —asintió Bobby, visiblemente conmovido, y Tom le puso la sortija.
—Ahora tus votos, Robert —señaló el sacerdote.
Aclarándose la garganta, Bobby comenzó:
—Thomas Wood, mi corazón te ama desde antes que mi cerebro lo aceptara —dijo con las lágrimas comenzando a deslizarse por sus mejillas—.
Siempre has sido mi mejor amigo, mi apoyo, mi fuerza, lo único constante en mi vida y mi verdadero amor.
Prometo amarte el tiempo que nos quede y tratar de devolverte, aunque sea un poco, todo el amor que me has dado siempre.
¿Me concederías el honor de ser mi esposo?
—dijo con la sortija que Nari le había dado.
—Por supuesto —respondió Thomas, feliz y orgulloso.
—Te amo —dijo Bobby después de ponerle la sortija.
—Como siempre —respondió el pelinegro.
—Y como nunca —finalizó el rubio.
—Por el poder que la iglesia y Dios me han otorgado, yo los declaro esposos, unidos ante la gracia de Dios hasta que la muerte los separe —dijo el sacerdote haciendo la señal de la cruz y, después, rociando agua bendita sobre ellos, finalizó—: Ahora, los novios pueden besarse para concluir esta unión.
Tomando el rostro de Bobby entre sus manos, Thomas juntó sus labios con suavidad, sellando su unión, sagrada y bendecida, cerrando un ciclo de su vida inconcluso hasta ahora, y sintiéndose más pleno y feliz que nunca.