Capítulo 27
—Okey. Tal vez podría llamarme, en caso de que viera a alguien con las características de los chicos o de la motocicleta —dijo el guapísimo oficial de policía, extendiendo una tarjeta con sus datos al encargado del motel.
—Y… si no tengo noticia de ellos…, ¿también puedo hablarle? —dijo el audaz chico, dándole un rápido vistazo y regresando la mirada a la tarjeta en sus manos.
Fue inevitable para el oficial sonreír ante tan directa indirecta.
—Podría ser —dijo llamando la atención del chico, quien, embelesado, miraba la sonrisa que le estaba dando—. Cualquier cosa, no dude en llamar, señor Bong. Hasta luego.
—A… Adiós —dijo el chico soltando un suspiro soñador mientras miraba al oficial salir de su oficina.
Antes de dirigirse a su vehículo, el oficial echó un vistazo a su alrededor, percatándose de las huellas de motocicleta, hechas recientemente, sobre la tierra al frente del motel.
¿Era una coincidencia, o el chico de la recepción le estaría mintiendo?
Manteniéndose sereno, decidió continuar con su investigación.
Regresaría a la comisaría para ver si había más grabaciones que lo llevaran a la ubicación de los delincuentes.
Era una pena que el motel estuviera en un lugar remoto de la ciudad y no hubiera cámaras de vigilancia en los rumbos, más que en las zonas especiales, como la gasolinera.
Tal vez más tarde volvería a darle otra vista sorpresa al encargado del lugar.
Después de todo, era alguien agradable a la vista.
Llegaron a la zona costera, a una de las playas más bellas de la zona y de fácil acceso desde el centro de la ciudad. Estacionaron la motocicleta en uno de los estacionamientos del lugar y caminaron de la mano por la zona de restaurantes, hasta encontrar el café que Jin-Mae les había recomendado.
Thomas no podía dejar de mirar al chico a su lado, quien, sonriente, le sostenía la mano con seguridad y orgullo.
Nadie a su alrededor los miraba con rareza o desaprobación, y eso tenía a Bobby radiante y a Tom inmensamente felices de poder vivir algo tan casual y simple, pero de gran significado para ambos.
Entraron al lugar y ordenaron sus desayunos mientras conversaban con tranquilidad.
—Después de tu divorcio, ¿te mantuviste en contacto con Lena? —preguntó Bobby dándole una mordida a su panini. Estaba delicioso, tal como había dicho el chico.
—No —dijo Thomas bebiendo un sorbo de café y continuando—: Ella y yo no quedamos en buenos términos. Se fue odiándome.
—Siempre sentí que a mí también me odiaba —respondió Bobby.
—Lo hacía —dijo Tom mirándolo fijamente mientras asentía.
— ¡Lo sabía! Es por eso por lo que mantuve mi distancia mientras estuviste casado —dijo el rubio—. Aunque nunca entendí el porqué.
—Porque ella lo sabía.
Bobby levantó la mirada de su comida, con los ojos abiertos de sorpresa.
—¿Qué sabía?
—Pues que yo siempre estuve enamorado de ti.
Mudo ante esa declaración, Bobby dejó que Thomas continuara explicándole:
—Yo… Nunca fui muy, ummm, efusivo en el sexo.
Bobby levantó una ceja, mirándolo con cara de: «¿Es en serio?», ante esa confesión, puesto que, horas antes, con él había demostrado todo lo contrario.
—Me refiero con ella, Bobby —respondió Thomas sonriendo ante la cara de incredulidad del rubio—.
Yo nunca sentí con ella esa atracción que sentía por ti y…
La última noche que ella me pidió hacer el amor, yo la tomé de espaldas para no ver su cara.
Y, en medio de mi orgasmo, dije tu nombre…
Así que podrás imaginar todo lo que vino después y por qué terminó odiándome; no la culpo —dijo levantando los hombros con desinterés—.
Me alegró saber que volvió a casarse y tuvo los hijos que deseaba, lejos de aquí —finalizó mirando al rubio, que estaba con la cabeza baja y una tímida sonrisa—.
¿Por qué estás sonriendo? —preguntó con un toque divertido en su voz.
—¿Me convierte en una mala persona el alegrarme de que me desearas tanto? —preguntó el rubio con adorable timidez.
—No —respondió el pelinegro, tomándolo de las manos por encima de la mesa—. Te convierte en el amor de mi vida por siempre y para siempre.