Young Blood Capítulo 23
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Capítulo 23

Bobby caminaba de espaldas hacia la cama mientras Tom, sin dejar de besarlo, lo guiaba hacia ella.

—Hay algo que quiero hacer —declaró el pelinegro entre besos desordenados—. Dime si no te sientes cómodo. Pero trata de relajarte y disfrutarlo, ¿sí?

—Confío en ti, mi amor —dijo Bobby, jadeando sobre sus labios, porque lo cierto era que confiaba ciegamente en Tom y dudaba que fuera a hacer algo que no le agradece.

Girándolo, Thomas le indicó que se pusiera boca abajo sobre la cama.

De rodillas, el rubio gateó para acomodarse al centro de esta, siendo tomado por sorpresa cuando la boca de Tom se dirigió entre sus nalgas para saborearlo.

La lengua de este se abrió paso con fuerza y precisión, caliente y húmeda, lamiendo su agujero.

—Me moría de ganas por probarte, Bobby —dijo haciendo una breve pausa.

—Ummg, Tomy —gimió el rubio sonoramente, con el rostro enterrado en el colchón, apretando las sábanas entre sus manos—. Se… Se siente bien —dijo disfrutando la sensación.

Thomas jugueteó en su agujero un rato y, después, comenzó a lamer sus bolas, chupándolas a intervalos para recoger la saliva deslizando por ellas.

Jalando el pene de Bobby, Tom lo acarició entre sus labios de arriba abajo, recorriendo toda su longitud con lentitud un par de veces, quedándose un buen rato chupando la punta hasta casi llevarlo al límite, regresando a concentrarse en el fruncido y rosado agujero, que lucía hambriento de atención.

Enterrando la lengua firme en el ano, Tom empujó con ansiedad, tomando ambas nalgas entre sus manos, abriéndolas para tener más acceso con su boca a la sensible anatomía del chico, quien, hecho un desastre, empujaba con desesperación en busca de alivio al delicioso cosquilleo que comenzaba a sentir.

—¿Sí, mi amor? —Tom preguntó ante los murmullos ininteligibles que salían de la boca de Bobby—… ¿Te gusta? —dijo antes de dar una lenta y amplia lamida desde sus bolas hacia arriba.

—Mmmg… S… Sí… Oh, Dios, se siente mmg… Se siente rico, Tomy.

—Eres una delicia, Bobby —dijo Tom antes de sacudir la lengua con rapidez en su entrada, creando un sonido morboso con la saliva, que a Bobby le erizó cada poro de su piel—.

Yo… Deseaba tanto probarte, bebé. —Enterró el dedo índice con lentitud mientras repartía besos en ambas nalgas, lamiendo y mordiendo aquí y allá, sobrecargando a Bobby de estimulaciones exquisitas y sensuales—.

Era una de mis más frecuentes fantasías, además de oírte gemir.

¡Oh, diablos! Me encanta escucharte. ¡Amo los sonidos que haces!

—Comenzó a meter y sacar su largo dígito del culo del Bobby, frotando, en el proceso, la sensible próstata del rubio, que gemía con la cara pegada al colchón y el culo levantado, mientras Thomas, agachado detrás de él, continuaba embelesado, disfrutando la vista, el tacto y el gusto por el chico—.

Si te hubiera probado antes, no hubiese podido vivir sin volver a hacerlo después de eso —añadió jalando hacia atrás la gruesa erección del rubio, colgándole entre las piernas y, dirigiéndola a sus labios, empezó a chupar otra vez.

Bobby se sentía al límite. Jamás en su vida se habría imaginado disfrutando algo así. Pero lo cierto era que lo hacía.

Thomas lo tenía hecho un desastre, gimiendo sin vergüenza alguna, temblando como una gelatina y rogando por ser penetrado.

—To… Tom… Por favor, por favor, ummmggg.

—¿Por favor qué, mi cielo? —dijo Tom juguetón, jalándole la polla mientras que, con sus dientes, raspaba el glúteo derecho del chico, echándole un ojo a su rostro, de perfil sobre el colchón—. Dime qué quieres y te lo daré, Bobby.

Hecho un desastre, con los ojos brillantes, los párpados pesados, su cabellera despeinada y esparcida sobre el colchón, y los labios rojos e hinchados por morderlos, Bobby lo miró y dijo:

—Quiero tu polla dentro de mí ya…