Young Blood Capítulo 22
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Capítulo 22

Durmieron sólo un par de horas, despertando a las diez de la mañana.

Y, a pesar de todo, se sentían vitales y llenos de energía, el tiempo era preciado y había que aprovecharlo al máximo.

—Hola —saludó Thomas, acostado de lado, frente al rubio, mirando fascinado su hermoso rostro a la luz de la mañana—. ¿Descansaste? —preguntó colocando la mano en su cintura, empezando a acariciarlo con lentitud.

—Sí, muy bien —respondió Bobby, con una sonrisa que le llegó a los ojos, empequeñeciéndolos de manera adorable.

Tom amaba esos ojos sonrientes.

—Me gustaría quedarme aquí toda la vida —dijo el rubio pegándose al musculoso cuerpo contrario, enterrando la nariz en el cuello y aspirando el masculino aroma de Thomas.

—A mí también, mi cielo —respondió Tom envolviéndolo con fuerza entre sus brazos—.

Pero tenemos pocas horas y muchas cosas que hacer juntos, como pareja —dijo depositando un beso en la coronilla de su cabeza—.

Quiero llevarte a desayunar, caminar tomados de la mano, besarte en público y tomarte muchas fotos.

—¿Para qué tomas fotos? —preguntó el rubio, entre divertido y nostálgico—. No es como si pudiéramos verlas después.

—No, pero estoy seguro de que Nari disfrutará haciéndolo y contándole nuestra historia de amor a quien pueda. Esa mujer es una romántica —dijo sonriendo.

—Y gracias a eso le debemos esta experiencia increíble que estamos viviendo —dijo Bobby levantando la cara para mirarlo.

Thomas asintió.

—Así es. Y no tengo nada para regalarle que me permita agradecerles a ella y a su esposo lo suficiente por habernos dado esta nueva oportunidad —dijo besándole la nariz—. Así que arriba, Robert White, y vivamos con sabiduría el tiempo que nos queda. ¿Sí?

—Sí.

—Pero primero una ducha juntos. ¿Qué te parece? —preguntó el pelinegro.

—Me parece justo —respondió divertido el rubio.

Se levantaron y dirigieron a la ducha, donde las manos de Thomas se complacieron lavándole el cuerpo con parsimonia.

—Me gustaba mucho ver tu cuerpo cuando éramos adolescentes e íbamos a nadar —dijo Tom bajo el chorro de agua, con Bobby frente a él, sosteniéndose de sus bíceps mientras sus manos enjabonaban el trasero respingado del chico de arriba abajo—. Tu culo… Siempre he tenido una fascinación por él.

—Si me hubieras dicho eso antes, tal vez me habría asustado —dijo Bobby riendo divertido.

—¿Y ahora no te asusta?

—No —dijo negando con la cabeza mientras mordía su labio inferior—. Ahora me excita.

—Bobby —susurró Tom antes de besarlo, pegándolo a su cuerpo y sujetándole el culo con ambas manos—, en todos mis años, nunca nadie me hizo sentir como tú, mi vida. Me haces sentir excitado, feliz, pleno… eufórico… Tú eres la causa de mi pasión más ardiente.

—Siento lo mismo —dijo Bobby—. Es como si toda mi vida hubiese estado dormido, viviendo en medio de un sueño borroso y, al fin, desperté para ver todo con claridad. Por fin me siento completo.

Sonriendo, volvieron a besarse.

—Bobby —habló el pelinegro en medio del beso—, tú… Umm, ¿estás bien? —preguntó, frotando con los dedos en medio de las nalgas del contrario—. ¿No estás adolorido o lastimado? —dijo, con el deseo apoderándose de su cuerpo de nuevo.

—No —respondió Bobby, visiblemente agitado por las sensuales caricias recibidas, respondiendo a la estimulación—. Fuiste muy cuidadoso y no tengo ninguna molestia… ¿Por qué? —preguntó sobre sus labios, en un tono totalmente seductor, sabiendo a qué dirección se dirigía la conversación.

—Porque yo… —se interrumpió el pelinegro cuando Bobby comenzó a frotarse de frente sobre su cuerpo.

—¿Sí? —preguntó el rubio, acariciándole con la mano la polla semidespierta.

—Porque yo esta vez… Quiero… Quiero follarte.