Young Blood Capítulo 21
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Capítulo 21

Levantándolo por la cintura, Tom acomodó su erección en la entrada del chico.

—Lo haremos a tu ritmo, mi cielo. ¿Sí? Tú tienes el control —dijo, con sus frentes pegadas y los ojos cerrados, haciendo acopio de su autocontrol.

La posición en la que estaban le limitaba un poco sus movimientos, impidiéndole dejarse llevar por la intensidad de la situación, y así evitar cualquier movimiento brusco que pudiese lastimar a Bobby estando sobre él.

No quería arruinar este precioso momento por su emoción ni hacer de esta experiencia algo traumático para su chico. Por eso le estaba cediendo el control.

Había esperado tanto por ello y quería que fuera perfecto para ambos.

Bobby asintió mientras comenzaba a hacer presión sobre la cabeza hinchada del falo, enterrándose con suavidad, mientras Thomas lo sostenía de las nalgas con ambas manos.

La sensación era extraña; su cavidad se resistía a abrirse ante la gruesa polla.

—Tócate —dijo Tom mordisqueándose el labio inferior—. Eso te relajará, cariño.

Bobby asintió, llevando su mano entre sus cuerpos, comenzando a acariciar la cabeza de su polla a un ritmo constante.

Rápidamente, la presión en su entrada, en combinación con las caricias a su polla y los besos calientes que Tom no había dejado de darle, lo mantuvieron buscando más profundidad, clavándose un poco más. El gemido ronco que salió de la boca de Tom le erizó todo el cuerpo de placer.

Levantándose un poco, Bobby volvió a clavarse, esta vez, en su totalidad, quedándose quieto, mientras su orificio se adaptaba al grosor del miembro.

—Bobby —lo llamó Tom mirándolo a los ojos, buscando algún indicio de molestia. Pero la sonrisa en el rostro contrario fue suficiente para tranquilizo.

—Se siente… bien —expresó Bobby comenzando a balancear su cuerpo con suavidad.

—Se siente perfecto, mi vida —dijo Tom apretando sus manos en el redondo trasero—. Todo se siente completo al fin.

Bobby asintió, sonriendo. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas mientras seguía balanceándose sobre la polla de Tom, de una forma lenta y meditativa, sin apresurarse a encontrar el orgasmo. Estaba disfrutando cada sensación en su cuerpo.

Sus almas unidas, sus olores mezclados, el calor de sus pieles, la forma en la que Tom lo miraba, los sonidos producidos en el acto, los besos suaves, los «Te amo» dichos entre los dos…

Esa energía sexual contenida, moviéndose a través de sus cuerpos, se sentía como una sanación, curando e iluminando sus almas, creando paz con su unión carnal de una forma espiritual… tántrica.

El orgasmo de Bobby se formó como un maremoto desde las profundidades de su ser, estallando con violencia entre sus cuerpos, mientras su polla era frotada con suavidad entre ambos vientres.

El calor y la humedad de la corrida de Bobby hicieron que Tom se viniera con fuerza dentro de la apretada cavidad del chico, que, con contracciones palpitantes, seguía cerrándose en torno a él, extendiendo su placer al máximo.

Se mantuvieron abrazados hasta que sus respiraciones se regularon. La exhalación del rubio hacía cosquillas en el cuello del pelinegro, quien sonreía satisfecho y feliz, frotándole la espalda.

—¿Estás bien? —preguntó Tom.

—Más que bien —dijo el chico levantando el rostro para verlo—. Eso fue maravilloso, Tom.

—Te amo, Robert White.

—¿Cómo siempre? —preguntó el rubio.

—Y como nunca —respondió el contrario antes de besarlo de nuevo.