Young Blood Capítulo 19
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Capítulo 19

Entraron en la habitación con los nervios y la ansiedad a flor de piel.

—Y ahora… ¿qué sigue? —preguntó Bobby, adorablemente cohibido.

Thomas lo soltó de la mano y caminó hasta el cajón del mueble, donde había visto condones y lubricantes. Agarrando el frasco, se dirigió a donde estaba Bobby, tomándolo por sorpresa cuando se sentó en el piso, recostando la espalda en la base de la cama.

—Vamos a continuar donde comenzó todo —aclaró Tom mirando hacia arriba con una gran sonrisa ante la cara de confusión de Bobby—. ¿Recuerdas cómo nos dimos nuestro primer y único beso? —preguntó el pelinegro, estirando su mano para que la tomara.

El entendimiento iluminó el rostro de Bobby y los recuerdos llegaron a caudales.

—Por supuesto que lo recuerdo —declaró Bobby mientras se sentaba a su lado, sonriendo—. Teníamos dieciséis años y estábamos en tu recámara, viendo las estampas de nuestro álbum de colección de los Transformers .

—Ajá —afirmó Thomas asintiendo con una enorme sonrisa.

—Teníamos todas las tarjetas esparcidas en el piso —dijo Bobby moviendo las manos en círculos al frente, visualizando el recuerdo de las estampas tiradas—.

Y, entonces, yo tomé una. —Hizo el ademán de levantar una inexistente estampa, sosteniéndola frente a su cara—.

Mientras la examinaba, recordando si ya la tenía o no, tú…

me miraste… así… Justo como lo estás haciendo ahora —expresó viendo a Thomas contemplar embelesado sus labios—.

Luego… —continuó, bajando el volumen de su voz mientras Tom se aproximaba—… te acercaste a mí y…

—Y te besé —susurró Thomas sobre sus labios antes de besarlo con devoción. Suave y lento.

—Sí —dijo Bobby en un hilo de voz cuando Tom se separó un poco para verlo a los ojos—. Así. Pero yo me asusté.

—Omítanos esa parte y continuemos en lo que debió haber sucedido —propuso Tom acariciándole el rostro.

—¿Y qué…? ¿Qué debió haber sucedido? —preguntó Bobby respirando agitado sobre los labios contrarios.

—Esto —dijo Tom tomándolo por la cintura y acomodándolo en su regazo a horcajadas—. Debí haberte besado hasta que perdieras el miedo —expresó antes de comerle la boca con ansiedad.

Sujetándolo por la nuca y ladeando sus cabezas, la boca de Tom chupó con ansiedad los carnosos labios contrarios, haciendo gemir a Bobby de forma maravillosa, aferrándose a los hombros de Tom.

Sin dejar de besarlo, el pelinegro lo ayudó a deshacerse de la chaqueta, tirándola al piso, y, con desesperación, comenzó a desabrochar los botones de su camisa, abriéndola y revelando la suave y blanquecina piel, con unos pezones erectos y sensibles, que atendió de inmediato.

Chupando con suavidad con la punta de sus labios, Thomas los succionó, alternando entre lamidas y pequeños mordiscos con sus dientes, teniendo a Bobby gimiendo sonoramente, con la espalda arqueada hacia atrás y sujetándose de la pelinegra cabellera contraria, balanceándose sobre el regazo de Thomas, frotando sus pollas, que habían comenzado a crecer de excitación.

—Tom —dijo Bobby en medio de un gemido, jalando la chaqueta del contrario hacia atrás, en una clara indicativa para que se despojara de ella.

Con desesperación, el pelinegro se inclinó hacia delante, chupando las clavículas del rubio mientras se sacaba la prenda a sus espaldas.

Separando sus cuerpos un instante para, de un tirón, despojarse de su playera y jalarlo hacia él de nuevo, pegando sus pechos desnudos y recorriendo, extasiado, con las palmas de sus manos, la espalda de Bobby, depositando besos en todo su torso.

—Levántate y quítate el pantalón —dijo entre besos húmedos y desordenados en sus labios—. Voy a bajarte la ropa interior con la boca, como prometí…