Young Blood Capítulo 18
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Capítulo 18

Recorrieron la ciudad con una visión nueva de todo.

Todo era diferente y, a la vez, tan familiar.

Algunos lugares seguían igual, trayendo recuerdos a su mente. Otros, con el paso del tiempo, habían desaparecido.

Pasaron por el frente de su escuela. Lucía tan moderna y cambiada.

—Aquí fue donde me enamoré de ti —dijo Thomas, sentado en la moto, con Bobby detrás de él.

—Era el preescolar. ¿Quién se enamora a los cinco años? —respondió este riendo.

Thomas amaba su risa.

A lo largo de los años y de las circunstancias de mierda que pudiera atravesar, la risa de Bobby era su dosis de felicidad, y, cuando este no estaba de humor para reír, le encantaba ser él quien la provocara.

—Yo —respondió Thomas, divertido, girando el rostro para verlo—. Cuando te vi, mi pequeño corazón comenzó a latir rápido y fuerte, y mi mente sólo podía pensar: ¡Mío!

—Eres un tonto —dijo Bobby depositando un tierno beso en sus labios— y un romántico. Te amo demasiado, Tom.

Thomas asintió, porque el nudo en su garganta le impedía responder y no quería arruinar el momento llorando. Aunque no era necesario decir nada, Bobby sabía lo mucho que lo amaba.

Como siempre y como nunca .

Arrancó la motocicleta porque había un lugar en el que Bobby quería estar y estaban a tiempo para llegar.

Condujo por la línea costera, hasta llegar al motel, donde se quitaron los zapatos al entrar y atravesaron la habitación, abriendo la puerta corrediza trasera, y se dirigieron a la playa.

Bobby caminó delante de él y se paró en la orilla, contemplando la oscuridad, que comenzaba a desaparecer.

Thomas no pudo evitarlo: sacó el teléfono del bolsillo y, levantándolo, tomó una foto de su chico.

Esperando el amanecer…

Escribió y dio a enviar. Sabía que a Nari y a Nicholas les gustaría recibir noticias de ellos.

Sentados en la arena, uno al lado del otro, Bobby recostó su cabeza en el hombro de Thomas, embelesado en los tonos rosas, azules y amarillos que el cielo empezaba a pintar.

—Lo siento mucho, Tom —habló de repente.

—¿Qué es lo que sientes, cariño? —preguntó el pelinegro, sin entender.

—Que el primer amanecer que vayamos a ver juntos sea el último también.

—Oh, cariño —dijo Tom tomándolo por la barbilla y depositando un beso en su sien.

—Fui un tonto y un cobarde toda mi vida, y…

—Sh, shhh —lo silenció el pelinegro, inclinándose hacia delante un poco para limpiar esos hermosos ojos ambarinos, que comenzaban a filtrar dolor—.

Nunca has sido un tonto y menos un cobarde, Bobby —dijo sosteniendo su rostro para que pudiera ver la verdad en sus ojos mientras seguía hablando—.

Eres la persona más valiente y leal que he conocido.

Siempre le fuiste fiel a tu esposa y un gran padre.

Y haberte negado a traicionarlos por mí te convierte en el hombre más valiente del mundo.

Bobby sabía que Tom jamás le reprocharía nada, porque ese era Thomas Wood, amándolo a través de los años y las circunstancias, siendo lo único constante y leal en su vida.

El sol salió de lleno, bañándolos con su luz, dándoles esperanza y una nueva y breve oportunidad.

Y, tan seguro como es el amanecer, lo es el ocaso.

Pero harían único este nuevo día. Minuto a minuto.

—Vamos al cuarto, Tom. Estoy listo para que me hagas el amor —dijo Bobby, mirándolo, con la luz del sol iluminando sus hermosos ojos color miel.

Dándole un suave beso, Tom respondió:

—Te haría el amor aquí si estuviera seguro de que el pervertido de la recepción no nos está espiando.

La risa de Bobby borró todo el rastro de nostalgia y tristeza que había surgido antes, haciéndolo feliz de nuevo.

Levantándose, le extendió la mano.

—Vamos, cariño. No puedo esperar ni un minuto más…