Young Blood Capítulo 17
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Capítulo 17

Salieron del club a las cuatro de la madrugada, abrazados y felices, riendo como tontos, algo achispados por el alcohol.

Habían estacionado la motocicleta en el callejón al lado del club, junto con otras más que había allí.

Cuando llegaron, dos hombres corpulentos, con chalecos de motociclistas, que tenían la misma insignia bordada a sus espaldas, la miraban con curiosidad, mientras un tercer hombre orinaba en la esquina del callejón.

Cuando vieron al par de chicos acercarse, uno de ellos preguntó:

—¿Es tuya, amigo? —dijo el que era calvo, dirigiéndose a Thomas al ver las llaves en su mano—. Estas salieron hace como cuarenta años. ¿Dónde la conseguiste?

—Era de mi abuelo —respondió Tom, mirando a los tres hombres con precaución y manteniendo a Bobby un poco detrás de él, protegiéndolo, ya que el hombre que había dejado de orinar se acercaba, subiendo el cierre de su pantalón y mirando de arriba abajo al rubio con lascivia.

—¿En cuánto la vendes? —preguntó el otro hombre que había estado contemplando la moto. Tenía una barba abundante, con indicios de canas.

—No está en venta, pero gracias. —Tom intentó acercarse al vehículo, cuando el tercer hombre, el que había estado orinando en el callejón, le cerró el paso.

Era pelirrojo, con una escasa barba del mismo tono, y parecía bastante ebrio.

—¿Estás seguro? Te podemos hacer una excelente oferta, o podrías prestárnosla un rato para dar una vuelta. O también podrías prestarnos a tu hermoso amiguito, para divertirnos todos un rato —dijo señalando a Bobby con las cejas.

—¡Vete a la mierda! —respondió Thomas, con evidente furia, encarando al tipo.

—¡Aidan! Deja a los chicos en paz —habló el calvo.

—¿Qué dijiste? —preguntó el pelirrojo a Thomas, acercándose peligrosamente, sin hacer caso a su compañero.

—Dijo que te fueras a la mierda —respondió Bobby, detrás de Thom—. ¿O aparte de idiota eres sordo? —habló con evidente molestia.

—¡Ah, pero si eres toda una fierecilla! —dijo el hombre, con una sonrisa burlona en el rostro—. Me gusta. Disfruto mucho más dominarlos en la cama.

Thomas se abalanzó hacia delante, con intenciones de derribar al asqueroso individuo a solo unos pasos frente a él. Pero fue detenido por Bobby, sujetándolo por la cintura con ambos brazos.

—Vámonos, Tom —le susurró al oído—. Debemos mantener un perfil bajo. Recuerda: no podemos meternos en problemas, ¿sí? Por favor, no le hagas caso.

Con el ceño fruncido y la furia evidente en su rostro, Thomas volteó sobre su hombro a ver a Bobby y una mirada cálida de esos bellos ojos color miel bastó para tranquilizarlo.

Bobby asintió, sabiendo que se había calmado. Y, sin decir una palabra, el pelinegro giró con dirección a la moto, jalando a Bobby de la mano, detrás de él.

Pero, entonces, el patán pelirrojo, estirando la mano, alcanzó a manosear la perfecta retaguardia del rubio.

Bobby se detuvo, soltándose del agarre del pelinegro, quien no se había dado cuenta de la acción, y, sin entender, Tom vio cómo Bobby se giraba para enfrentar al hombre.

—Te gustó, perra, ¿verdad? —habló el hombre, mostrando una sonrisa de dientes amarillos.

Y, antes de que cualquiera pudiera reaccionar, Bobby giró sobre su eje, tomando impulso y, dando media vuelta, levantó la pierna izquierda, conectando una perfecta patada de taekwondo de ciento ochenta grados sobre la oreja derecha del pelirrojo, haciéndolo perder el equilibrio y cayendo al piso de lado, como un bulto.

Thomas giró, en guardia, cuando escuchó al otro par de hombres acercarse, dispuesto a pelear y defenderse si era necesario.

—No queremos problemas, chicos —dijo el barbón, levantando ambos brazos—. Pero será mejor que se vayan rápido. Si su hermano sale del club y los encuentra aquí, se puede poner feo.

—Sí, estos malditos irlandeses están locos —dijo el calvo—. Brendan sabe que su hermano es un idiota y entenderá lo que pasó, pero es mejor si no los encuentra aquí.

Asintiendo, Thomas tomó a Bobby de la mano y, montándose en la moto, huyeron a toda prisa del lugar.

Unas calles más adelante, ambos reían como locos cuando Bobby, sujetándose del pecho de Thomas con una mano, levantaba el otro brazo, gritando:

—¡Soy el rey del mundo…! ¡Wuuuuhooo!