Young Blood Capítulo 13
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Capítulo 13

—¿Podría darnos una descripción de los ladrones, señor Castle?

—Brown… Señor Brown —corrigió Jeremy al oficial de policía que interrogaba a su esposo, haciendo sonreír a Jayden.

Llevaban mucho tiempo juntos, pero apenas un par de años de casados oficialmente, y Jayden aún no se acostumbraba a utilizar Brown como su apellido de casado.

Pero Jeremy siempre estaba ahí para recordarle que era suyo en alma, corazón, y de manera legal también.

—Perdón —se disculpó el oficial—. ¿Recuerda algún detalle de los ladrones… señor Brown?

—Eran un par de chicos —comenzó Jayden—. No rebasaban los treinta años. Yo diría que entre veinticinco y veintiocho. Uno era rubio y el otro tenía el cabello negro; ese era el que conducía y…

—¿Sí? —preguntó el oficial, deteniendo sus anotaciones—. Cualquier detalle es importante, señor Brown, hasta lo más mínimo que recuerde.

—No sé. Había algo familiar en sus ojos —dijo Jayden, con la mirada desviada, buscando en sus recuerdos de dónde lo conocía—, como si lo hubiera visto antes en alguna parte.

De hecho, se parecía un poco a mi esposo —dijo mirando a Jeremy con el ceño fruncido—.

No habrás tenido un hijo a mis espaldas, ¿verdad, Jerremy Brown?

El oficial sonrió disimuladamente ante la pregunta que el pequeño hombre, sentado en el sofá con una pierna cruzada sobre la otra y ambas manos sosteniendo su rodilla con elegancia, le hacía a su pareja, que estaba parado frente a él y lo miraba sorprendido.

—Nunca he tenido relaciones con ninguna mujer y, hasta el momento, la ciencia no ha conseguido que los hombres den a luz, así que no. Estoy seguro de no tener un hijo —respondió Jeremy, con los brazos cruzados, dándole a su esposo una divertida sonrisa.

—Más te vale porque perderías algo más que la moto de tu tío si así fuera —dijo el hombrecito, mirando la entrepierna de su esposo frente a él antes de continuar con el interrogatorio del oficial.

Jeremy abrió los ojos de sorpresa por su amenaza y, divertido, se giró a mirar al oficial mientras señalaba a su esposo, sentado.

—Puede anotar en su libreta que me está amenazando —dijo riendo y haciendo también reír al oficial, quien, aclarando su garganta ante la mirada intimidante de ojos entrecerrados que Jayden les estaba dando a ambos, continuó:

—Okey. Este tío al que dice le pertenece el vehículo, ¿dónde está?

—En el asilo de ancianos a las afueras de la ciudad —respondió Jerremy—. Es un anciano de ochenta y cinco años.

—Eso explica por qué el modelo de la motocicleta es tan antiguo y no tiene rastreador —señaló el oficial.

—Sí. La conservo porque fue una posesión muy especial de mi tío, pero realmente no se ocupa.

Funciona porque le doy mantenimiento cada mes y el mecánico la saca a andar cuando viene para mantenerla aceitada.

Lo que me extraña es que, de todos los vehículos en el garaje, hayan optado por llevarse justo ese —dijo Jeremy pensativo.

Y era verdad. Él poseía una valiosa colección de tres automóviles deportivos, dos camionetas de lujo, y una motocicleta de modelo reciente.

—Tal vez deseen venderla a algún coleccionista de cosas antiguas o algo así —dijo Jayden.

—Bueno, vamos a estar al tanto de las tiendas de antigüedades y a analizar el vídeo de seguridad que nos han proporcionado —dijo el oficial—.

Ingresaremos sus rostros al sistema para que las cámaras de seguridad de las calles puedan arrojarnos alguna coincidencia, y así conocer su ubicación o los pasos que estén dando.

¿Sí? En cuanto tengamos alguna pista de los ladrones, nos comunicaremos con ustedes, señores Brown.

Extendiendo la mano, el oficial se despidió de cada uno:

—Por el momento, descansen. Dejaremos una patrulla a la entrada de su propiedad en caso de que los ladrones quisieran regresar a la casa por algún otro vehículo o pertenencia.

Y se marchó.

Jerremy y Jayden se quedaron pensando cómo había sido posible que hubieran burlado los sistemas de seguridad con tanta facilidad y escapado con algo que tenía más significado sentimental que económico.

Pero ya la policía resolvería sus dudas.