Capítulo 11
Jayden tenía un estilo propio y extravagante en cuanto a la moda. Pantalones de piel, abrigos exóticos y de colores estridentes. Bobby tomó unos jeans estrechos de mezclilla y unos pantalones negros de piel, a juego con una chamarra, y un par de playeras de diseñador.
—Podrías tomar prestado un par de estos también —propuso Tom sacando del cajón de ropa interior unas bragas negras de encaje del esposo de su sobrino, haciendo ruborizar a Bobby, notándolo a pesar de la escasa luz en la habitación—. Se te verían muy sexis —dijo sosteniéndolas frente a él.
—Nunca he usado bragas —declaró Bobby tímidamente, desviando la mirada de los ojos negros que lo observaban con deseo ante la imagen reproducida en su mente por el recuerdo del hermoso culo que había contemplado en la ducha.
—Deberías hacerlo hoy —propuso Tom, con una voz ronca y baja—. Estaré encantado de quitártelos más tarde… Con la boca. Lo prometo.
—Tomy —dijo Bobby, en una mezcla de susurro y gemido, mirando fijamente al pelinegro, quien, tirando las bragas a un lado, cerró distancia con el chico frente a él.
Envolviendo una mano en su cintura y colocando la otra detrás de su nuca, Tom lo atrajo a un beso profundo e intenso, haciendo gemir a Bobby, que fue tomado por sorpresa, con las prendas de vestir aún en sus manos.
Tirándolas al piso, le correspondió, rodeando a Thomas por el cuello con ambas manos, besándolo con anhelo.
La boca le sabía al dentífrico de menta con que se habían cepillado antes, pero también sabía a anhelo, dolor, tristeza y amor.
Bobby no podría describir la sensación de tener los labios de Thomas entre los suyos. Quería llorar mientras restregaba su furiosa erección junto a la del pelinegro y se fundían entre el beso y caricias ansiosas.
Habían cortado el intenso beso para poder respirar, pero no podían separar sus bocas en el proceso.
Thomas sonreía sobre los labios esponjosos e hinchados de su amado y le daba lamidas y pequeños mordiscos.
Bobby se mantenía con los labios separados, respirando agitado, asomando un poco su lengua.
Tom la enredó con la suya, dando caricias eróticas y chupándola después entre sus labios.
Bobby nunca había experimentado un beso de tal magnitud, pero estaba seguro de que sólo era por ser Tom, el amor de su vida, y que la cantidad de besos contenidos durante años de reprimirse eran lo que estaba causando que estuviera a punto de correrse sólo por su boca.
Las luces de un automóvil alumbraron la ventana y el sonido de los neumáticos sobre la grava del camino los alertó, separándose de inmediato, jadeando agitados como si hubiesen corrido un maratón.
Thomas se asomó con cuidado a la ventana para observar el auto de su sobrino, esperando a que la puerta de la cochera a un costado de la casa se levantara para entrar.
—Es Jerry —dijo mirando a Bobby, que rápidamente había recogido la ropa del piso, dando una escaneada a que todo estuviera en orden—. Rápido. Vamos a otro cuarto a buscar mis cosas.
Asomándose con sigilo y rapidez en las otras habitaciones descubrieron que la segunda estaba siendo ocupada como bodega para guardar todas las cosas de Thomas.
Sobre la cama había algunas prendas de ropa, que no habían sido metidas al closet.
Entraron rápidamente, cerrando con cuidado detrás de ellos.
Bobby encontró una mochila, donde metió la ropa que llevaba.
Hurgando en los cajones halló ropa interior decente y agarró algunas prendas para ambos.
Tom tomó unas piezas de ropa que aún conservaban de él.
Cogió su Rolex, un poco de joyería y unos cuantos billetes que había por ahí.
Tal vez les servirían en algunas de esas tiendas de coleccionistas de antigüedades para conseguir dinero actual.
Echando todo en la mochila, Bobby se la colgó en la espalda mientras esperaban escondidos en la habitación a que Jeremy y Jayden subiesen para poder salir.
—Ya estoy viejo para la vida nocturna —afirmó Jeremy al entrar a la cocina por la puerta que daba al garaje, donde acababan de estacionar el auto—. La cerveza me da agruras y ya no puedo desvelarme tanto.
—Oh, no estás viejo, cariño, sólo estás cansado. Has trabajado muy duro esta semana —dijo Jayden a su lado, besándole la mejilla—. Deja te preparo un antiácido. Siéntate. —Se dirigió a la alacena a buscar un vaso y el medicamento.
Después de que Jeremy se lo tomara, subieron a su habitación sin notar las otras dos presencias en la casa.
Todo estaba normal y no había razón para sospechar que había intrusos en la habitación de enfrente.
Cerrando la puerta de su habitación, se dispusieron a descansar.
Fue entonces cuando Bobby y Tom, que habían estado escuchando pegados a la puerta de la habitación donde se escondían, aprovecharon para salir y bajar los escalones con suavidad.
—Creo que olvidé cerrar la llave del grifo del agua —dijo Jayden, sentado en la cama con gesto dudoso—. Enseguida vuelvo, cariño. —Se levantó para bajar al primer piso.
Faltaban tres escalones para llegar al primer nivel cuando Bobby y Tom escucharon la puerta de la habitación de la pareja abrirse. Congelándose momentáneamente, se miraron asustados antes de terminar de bajar aprisa y dirigirse a la cocina.
Thomas abrió la puerta de servicio, que daba hacia el garaje, rogando que no rechinara lo suficientemente alto para alertar a Jayden, que continuaba bajando las escaleras despreocupadamente.
A oscuras, buscó en la pared el depósito donde se guardaban las llaves de los diversos vehículos que había en el lugar, feliz de encontrar las llaves que buscaba: las de su motocicleta Aston Martin AMB 001.
El modelo estuvo limitado únicamente a cien unidades al tratarse de una moto de pista muy especial, ya que reunía el diseño icónico de Aston Martin, con toda la experiencia e ingeniería de la firma de motos.
Era de la primera edición. Thomas había tenido una de esas cien cuando habían salido, tratándose de su posesión más preciada, ya que había sido el primero de sus lujos como un hombre rico.
Jeremy sabía lo valiosa que era para su tío, así que la conservaba intacta en el garaje, como un artículo de colección, dándole mantenimiento constante.
—¿Crees que aún sirva? —susurró Bobby al lado de Tom, que contemplaba su motocicleta con nostalgia, acariciándola con cariño.
—Por supuesto que sirve, y esta bebé hará inolvidable el paseo —dijo guiñándole un ojo al rubio—.
Sólo debemos esperar a que Jayden suba. Nos dará el tiempo suficiente para salir antes de que puedan siquiera vernos el polvo.
—Se montó en la moto—. Vamos —apresuró a Bobby, quien se puso detrás de él.
El rubio se sujetó de su cintura mientras escuchaban atentos. Al parecer, Jayden ya había regresado al cuarto por el silencio que se percibía en la cocina.
—Prepárate, cariño, y sostente fuerte —le pidió Thomas antes de apretar el control del portón y que este comenzara a levantarse.
Sabían que la puerta haría ruido, pero, para cuando la pareja bajara a revisar, ya estarían huyendo. Sin embargo, fueron sorprendidos por Jayden, abriendo la puerta desde la cocina y mirando paralizado a los hombres sobre la moto, que giraron a verlo al mismo tiempo, con ojos sorprendidos.
—¡JEREMYYYYYY, NOS ESTÁN ROBANDO! —gritó Jayden con pánico antes que el par de ladrones salieran disparados del garaje, agachando las cabezas para no golpearse con la puerta, que aún no terminaba de subir, y escaparan, perdiéndose en la oscuridad de la noche…