Young Blood Capítulo 10
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Capítulo 10

Thomas Wood siempre había sido un espíritu aventurero. En sus días de juventud, convenció a Bobby muchas veces de irse de pinta durante su época escolar, de entrar a casas abandonadas para hacer exploración urbana, y de saltar algunas bardas de propiedades privadas.

La cicatriz horizontal en el costado derecho del torso de Robert había sido con un alambre de púas, saltando una barda para entrar a una casa abandonada.

El pelinegro había vivido con remordimiento mucho tiempo después del suceso por la herida de su amigo.

Hasta que Bobby lo sorprendió años después con un tatuaje sobre la zona: «Nevermind», en honor a ese álbum de Nirvana en los noventas.

—Siempre te dije que no importaba, Tom. Espero que con eso estés seguro —declaró el chico mientras Tom contemplaba embelesado el tatuaje y el torso sexi y firme, sonriéndole con cariño y tranquilizándolos a ambos con el detalle.

Pero esto era otro nivel; era allanamiento de morada, aunque, en teoría, podría seguir siendo la casa de Thomas.

Si eran atrapados, pasarían en la cárcel valiosas horas.

Aunque Bobby no podía negar que la adrenalina corriendo en su sistema y su corazón latiendo acelerado lo tenían en un nivel de excitación y euforia único… Se sentía vivo de nuevo.

—¿Vamos a saltar? —preguntó Bobby al llegar a la gran verja de hierro en la entrada de la propiedad.

—No hace falta, cariño —dijo Tom y puso el pulgar en el lector de huellas de la entrada, lo cual hizo que la reja se abriera al instante—.

Lector de huellas —afirmó a Bobby, que lo miraba con alegría ante la puerta que se abría—.

Estaba seguro de que Jerry no había actualizado el sistema de seguridad ni borrado mi huella.

Será fácil entrar a la casa —aseguró el pelinegro.

—Sí, pero, si nos atrapan adentro, sí nos pueden encarcelar, Tom —declaró Bobby caminando a su lado por el camino empedrado hacia la enorme mansión.

—Entraremos con mucha cautela por si están durmiendo. Pero estoy seguro de que no hay nadie. Jerry y Jayden llevan años asistiendo al casino cada viernes, sin falta. Es un vicio para ellos. Así que la casa está sola —dijo mientras giraba a verlo, le guiñaba el ojo y volvía a tomarlo de la mano.

Bobby había estado antes aquí en algunas fiestas o reuniones sociales que Tom había dado.

Algunas de ellas, con las esposas de ambos.

Tiempo después, con sus amigos o familiares.

Nunca solos, ya que Bobby jamás confió en su autocontrol al lado de su «amigo» y siempre estuvo temeroso de recaer ante el sexi pelinegro, así que tenía el doble de inquietud y ansiedad debido a ello.

Pero, esta vez, era una emoción positiva.

Llegaron a la elegante puerta de madera, donde Thomas hizo el mismo procedimiento en el lector de huellas y abrió la puerta principal para ellos. Entraron con cautela a la oscuridad del lugar. La mansión lucía callada y tranquila.

Sin perder el tiempo, subieron sigilosamente las escaleras frente a ellos.

—No estoy seguro de si Jerry esté ocupando mi recámara o alguna otra de las cinco que hay. Debemos buscar ropa y una mochila para llevarla —susurró el pelinegro mientras Bobby asentía en silencio.

Llegando a la recámara principal, que daba al frente de la propiedad, y, con mucho cuidado, Tom abrió la puerta echando un vistazo, notando que no había nadie y haciéndole señas a Bobby para entrar.

—Okey. Creo que sí es su recámara, pero, para estar seguros, revisemos el clóset —dijo alumbrando con la linterna del celular a uno de los burós junto a la cama, donde estaba una foto de Jerry y Jayden el día de su boda—.

De todas maneras, tienes la complexión de Jayden.

Tomaremos un poco de su ropa para ti —propuso riendo y empezaron a revisar los cajones.