Young Blood Capítulo 8
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Capítulo 8

Después de tomarle las muestras a Bobby y guardarlas en su maletín, Nicholas les dio un celular.

—Para mantenernos comunicados por cualquier duda. Si tienen algún síntoma extraño o si necesitan algo especial, mi número y el de Nari están registrados.

Tom lo tomó, haciéndolo girar en su mano para examinarlo.

—¿Siguen funcionando igual que los de antes? Tiene como veinte años que no ocupo uno.

—Sí, misma función: llamadas, videollamadas, marcación de voz, mensajes de texto, etcétera.

Sólo son más ligeros, con mayor capacidad de memoria y cientos de aplicaciones extras innecesarias —explicó Nicholas sonriendo—.

El teléfono está vinculado a una aplicación bancaria donde hay un poco de dinero para que puedan gastar durante el día; sólo tienen que abrirla —dijo mostrándole a Tom cuál era—, poner la cantidad que se va a pagar y pasar el código por el escáner.

Ahí les irá diciendo cuánto dinero les queda.

En caso de que necesiten más, nos avisan y enviaremos un depósito.

—Oh, no debieron hacerlo —dijo Bobby, a un lado de Nari—. Tal vez no tengamos oportunidad de pagarles —aclaró el hombre con pesar.

—Es dinero del laboratorio. Tómenlo como una remuneración por su aportación a la ciencia.

—Gracias —respondieron ambos hombres.

—¿Están listos para irnos? —dijo Nari comprobando que eran las doce con cinco de la madrugada del sábado y su turno había acabado.

—Listos —respondió cada uno, dándose una mirada de nerviosismo y ansiedad.

—Okey. Pónganse esto. —Nicholas les entregó gorras y cubrebocas para evitar ser reconocidos, aunque lo cierto era que nadie sospecharía que el par de hombres saliendo con ellos eran los mismos ancianos de la habitación número trece.

Nari salió a los vestidores para marcar su salida, mientras Nicholas y los hombres salían por los pasillos con herramientas en mano, como si fueran personal de fontanería.

Fueron hacia el estacionamiento trasero, donde el auto del hombre estaba estacionado, tal cual algún servicio para el asilo.

Era una ventaja que el lugar no tuviera sistema de vigilancia y seguridad, evitando registrar en video cualquier actividad sospechosa por parte de ellos.

Nari llegó diez minutos después. Se había cambiado el uniforme por ropa normal. Sentándose en el asiento del copiloto al lado de su marido, giró el rostro para ver a los hombres que estaban atrás y preguntó:

—¿Hay algún lugar en especial donde quieran que los dejemos…? ¿Un hotel o algo así? —dijo aclarándose la garganta, un poco apenada por su atrevimiento.

Bobby giró, interrogante, a mirar a Tom porque en realidad no habían planeado los detalles de su aventura.

Al principio no sabían si sobrevivirían a la transformación o si resultaría exitosa y, aunque hablaron de lo que querrían hacer juntos, no tenían un itinerario exacto.

Tom, sin embargo, con una gran sonrisa y totalmente seguro de sí mismo, dijo emocionado:

—¿Podrían llevarnos a los residenciales por la zona costera, por favor? Yo les iré dando las indicaciones de cómo llegar cuando estemos allá.

Le tomó la mano a Bobby, que le sonreía con comprensión.

—Por supuesto —afirmó Nicholas accionando el encendido de su automóvil eléctrico—. ¿A dónde vamos exactamente? —preguntó antes de salir del estacionamiento del lugar.

—A mi casa, a recoger unas cosas —propuso sonriente el pelinegro