Young Blood Capítulo 6
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Capítulo 6

Como si una descarga eléctrica lo atravesara, despertándolo, Robert White abrió los ojos bajo el agua.

Guiado por la necesidad de respirar y el reflejo de supervivencia, se incorporó hacia la superficie, sentándose y tosiendo mientras sus pulmones se expandían en busca de aire.

Salió de la tina tambaleándose y un poco desorientado.

Nari y Nicholas no estaban; habían salido del cuarto de baño treinta minutos después de que comenzara el proceso y esperaban pacientes en la habitación contigua.

—Señor White, señor Wood, ¿están bien? —Era la voz de la mujer al otro lado de la puerta.

—Sí, sí… estoy bien —dijo con ambas manos recargadas en la puerta, quedándose asombrado ante lo que veía: manos suaves y tersas, sin arrugas ni manchas de la edad.

Asombrado, las acercó al rostro, enfocándolas a detalle.

No había visión borrosa tampoco. Comenzó a tocar la piel de su cara, bajando a su pecho y brazos, deslizándolas por todo su cuerpo, asombrado ante el six de abdominales que había vuelto a aparecer en su vientre.

Bíceps fuertes, muslos duros y su virilidad semidespierta ante la irrigación acelerada de la sangre por el bombeo rápido del corazón. ¡Era joven de nuevo!

—¿El señor Wood está bien? —preguntó Nari del otro lado de la puerta.

—Sí, él aún sigue en la tina, pero… ¡Funcionó, Nari!… Realmente funcionó —respondió maravillado.

—¡Eso es grandioso! —exclamó Nicholas del otro lado—. Les dejamos ropa mía para que se pongan. Podrían tomar una ducha antes para quitarse cualquier residuo de células muertas.

—Sí, gracias —afirmó Robert de este lado justo cuando el sonido del agua removiéndose detrás de él llamó su atención, haciéndolo girar para mirar a Thomas, que había despertado y tosía sentado en la bañera—.

Tom despertó —enunció a la pareja del otro lado de la puerta—.

¡Oh, Dios, se ve tan joven! —Rio con alegría.

Nari abrazaba a su marido en la otra habitación, llorando emocionada ante los resultados exitosos.

—Muero de ganas de verlos, señor White. Dense prisa, por favor —apresuró la mujer—. Tenemos treinta minutos para salir de aquí.

—Okey —respondió Robert antes de acercarse al imponente hombre que salía de la tina, sacudiendo su cabello a un lado para quitarlo de su rostro.

La cabellera negra azabache le había vuelto a aparecer, tal como Robert la recordaba.

Los enormes y expresivos ojos negros parpadeaban asombrados ante la vista recuperada, suponía Robert.

El cuerpo le había crecido de nuevo, e igual que antes, era más alto que él, cubierto de músculos magros, pecho ancho, piernas firmes y pene grande y grueso, que descansaba entre sus piernas y que fue difícil para Robert no mirar.

—Bobby —susurró el pelinegro antes de cerrar distancia y abrazarlo con fuerza—.

¡Oh, por Dios, luces tan joven!… Y tan hermoso.

—Le contemplaba el rostro con adoración—.

Te ves como… como de veinticinco años. Y tu cabello…

¡Es rubio de nuevo! —expresó tocándolo mientras aún lo tenía envuelto por la cintura con un poderoso brazo y Robert comenzaba a sentir el miembro de Tom despertar ante la cercanía.

—Tú… Tú también luces como de veinticinco años, Tomy —dijo inquieto separando un poco sus cuerpos desnudos. Deseaba estar así pronto con él, pero con Nari y su marido del otro lado de la puerta y, con el tiempo reducido, no era muy buena idea comenzar algo en este momento.

Tocaron a la puerta, despertándolos de su ensoñación.

—Nos quedan veinte minutos para sacarlos de aquí y necesito tomarles unas muestras —habló Nicholas—. Por favor, démonos prisa. El tiempo es oro.

—Sí, ya vamos —respondió la voz gruesa y profunda de Thomas—.

Bueno, es hora de tomar un baño, cariño —propuso mirándolo a los ojos, con sus rostros demasiado cerca y dándole una sonrisa de infarto, haciendo que el calor subiera a las mejillas de Bobby, que, apenado, bajó la mirada, escondiendo el rostro del más alto.

Lo hacía lucir adorable ante la vista del pelinegro, que maravillado admiraba al chico de su vida, joven, hermoso y de nuevo frente a él.

Lo tomó de la mano y los guio a la regadera a una rápida ducha y a comenzar pronto su aventura.